Opinión · Rosas y espinas

Me cago en el dios Willy

Los defensores de decenas de miles de pederastas con sotana, y los que llevaban y llevan bajo palio a Franco, Mussolini y Hitler, han conseguido que un juez procese al actor Willy Toledo por cagarse en dios por facebook. Son gente tan piadosa, estos curitas y monjas follaniños a quien nadie jamás juzga ni encarcela, que dan ganas de darle la razón a Ana Pastor, e impedir que en los diarios de sesiones de nuestro Congreso de los diputados se plasme la palabra fascista. El fascismo no existe en España. Ya nos lo dicen todos los politólogos de la tele. Existe el ultracentro. Y son minoría. En eso estamos de acuerdo: los jueces también son minoría. Nos libre belcebú de que haya más jueces. Últimamente nuestros jueces se han echado a la calle para pedir más personal. Espero que fracasen en sus demandas. Con más jueces en la calle, este país podría convertirse en un lugar muy inseguro.

Este juez Juan Javier Pérez, paradigma del cuñao togao, acusa al actor incluso en contra del criterio de la fiscalía, que pedía archivar el caso. En un estado aconfesional. En el que el derecho a sentirse ofendido no existe. Existe el delito de injuria, que no contempla la defecación. Y el de difamación. A mí me han acusado de un montón de delitos, pero jamás me han sentado ante un  juez por ninguna diarrea. Cagarse en nadie, a no ser que se obre muy explícitamente sobre el cráneo del ofendido, con choricillos y todo, jamás podrá considerarse delito.

El fascismo, eso que no existe, es esto. Es el juez Juan Javier Pérez y sus razonamientos misacantanos y estúpidos.

Voy a transcribiros una deliciosa noticia eclesiástica que da El País, sobre primeras comuniones, otras santidades y tal: “El obispo de Salamanca mantuvo tres años, entre 2011 y 2014, a Isidro López Santos, un cura denunciado canónicamente por abuso de menores en 2011, que ya había confesado su culpabilidad y contra el que el Vaticano había ordenado dos veces actuar de forma cautelar hasta la sentencia del proceso eclesiástico. Pero el obispo Carlos López no hizo nada, tan solo le jubiló al cabo de un año y medio, para colocarle en otra parroquia como ayudante de un cura amigo suyo donde continuó con su labor y en contacto con menores. Era la parroquia de La Anunciación-San Mateo, y el blog de esta iglesia demuestra que durante esos dos años, hasta que fue condenado, ejerció como sacerdote a todos los efectos. Es más, en mayo de 2013 aparece en una fotografía concelebrando una confirmación con el propio obispo de Salamanca, que por tanto no podía ignorar que seguía con su actividad. Se ve al cura en celebraciones, comuniones, bautizos, unciones de enfermos, y hasta recibiendo a los Reyes Magos con los niños del barrio”.

A este señor, el juez Juan Javier Pérez no lo ha llamado a declarar jamás. Ni lo hará. Ni él, ni ningún juez. La sacrosanta pollita ridícula del padre Isidro abusando de niños no ofende tanto como el facebook de Willy Toledo. Al padre Isidro lo “apartan” sin juicio ni cárcel. A Willy Toledo quieren enchironarlo. Con esto no quiero ofender a vuestro dios, Asociación Española de Abogados Cristianos. A vuestro dios quiero condenarlo a cadena eléctrica en la silla perpetua. Y a vosotros también. Y a los jueces progresistas que no huelguean contra esto. Y que os permiten seguir sembrando vuestra hijoputez fascista sobre nuestra libertad de expresión y la inocencia de los niños.

Ya no valen las buenas palabras. Willy Toledo no ha metido su polla dentro de la boca de ningún niño o niña. El padre Isidro, sí. Y muchos otros sacerdotes, confesos como este. Pero nunca son juzgados. Nunca van a la cárcel. Solo sufren  juicio eclesiástico. Que le hagan también juicio eclesiástico a Willy Toledo. Y amén.

No voy a pedir disculpas, esta vez, por mi brutalidad. Porque estoy siendo suave. A este juez y a ese sacerdote, y otros tantos miles de curas pederastas y encubridores, los metería en la misma celda. No esperaría a que dios, ese en el que yo también me cago, les diera su merecido. No sé odiar, por eso esta columna está tan mal escrita muy a propósito. Por esto último sí que os pido perdón. Me cago en la prosa, tan insuficiente.