Opinion · Rosas y espinas

La mentira es un arma cargada de futuro

Anda uno ya deseando que comience la campaña electoral para que termine la campaña electoral. La fiesta de la democracia, le llaman los horteras a las elecciones. Pero, como todo el mundo sabe, las fiestas salen mejor o peor en función de los invitados. Y, en esta fiesta, la única nueva sorpresa es Santiago Abascal. No sé yo si no se nos estará decolorando el confeti.

Todo envejece demasiado rápido en estos tiempos nuevos. Como si tuviéramos más prisa en morirnos que en matarnos. La nueva política es devoradora, con más dientes que ideas. Tiene tanta prisa que funde los relojes antes de que den la hora. Y en lugar de programas y proyectos solo nos está dejando mentiras e intrigas. Me causa tristeza cotidiana, como a César Vallejo la lluvia le quitaba las ganas de vivir.

Si uno pasea por tuiter, sorprende la cantidad de gente, más bien mayor, que está revelando su orfandad política. No saben a quién votar, se desnudan en menos de 140 caracteres. Cuantos más partidos se registran en la cosa, menos opciones observa la basca. Algo debemos estar haciendo mal. Y no me refiero a los políticos. Hablo de los ciudadanos. Lo que estamos viendo ahí fuera es nuestro propio reflejo. No le echemos la culpa a nadie más de lo feos que nos vemos.

Las descaradas mentiras, por ejemplo, de Pablo Casado, que ahora parece que él solo redactó en Harvardavaca la ley contra la violencia de género, son las mismas o parecidas que las que llevaron a Donald Trump a la presidencia en EEUU. Es paradójico. Cuanta más formación y cuanto más acceso a la información tenemos, nos convertimos voluntariamente en más manipulables. Como si quisiéramos regresar a una inocencia ignorante, antigua, australopiteca. Lanzamos piedras a las urnas en lugar de votos.

El cortejo electoral se ha devaluado tanto que ya nada nos seduce. Solo una inercia ideológica que nos viene de las cavernas nos inspira el voto. En Andalucía, por ejemplo, se votó más anticatalanismo que otra cosa. Daban igual los programas o cualquier proyección de futuro. El a por ellos ganó las elecciones. No nos hagamos pajas demoscópicas.

Yo no sé si alguna vez las cosas fueron diferentes, o es que al hacerse uno más viejo va perdiendo la capacidad de esperanzarse. Pasa como con las películas. Ya solo me emociona el bendito blanco y negro. Los efectos especiales me aburren. Tanta explosión me hace ver todo demasiado lento.

En la campaña electoral ganará la mejor puesta en escena. La rojigualda más rojigualda. La estelada más flameante. La mentira más procaz. El mundo paralelo de las fake ha invadido las realidades y parece que no va a detenerse nunca. La mentira es un arma cargada de futuro, como ya se demostró en EEUU.

Veo los informativos y, más que dar noticias, se van especializando en destruir falacias. Y ni siquiera lo consiguen. Hemos vuelto a la caverna platónica porque se vive más cómodo en la oscuridad, al parecer. Ahora a votar, chicas y chicos. Que ya está bien de tantas reflexiones.