Opinion · Rosas y espinas

Dividir familias

Lo he vuelto a oír. La mántrica cursilada de que el procés ha dividido a muchas familias. En una radio o en una tele. Al rato, una crónica sobre la situación en Venezuela ha repetido el mismo argumento. Lo enarbolan siempre los mismos. Los bienpensantes amantes del orden y de la ortografía recta. Los que sustituyen el razonamiento político por la sensiblería atapuérquica. Hay que ser poco cronopio para decir estas cosas. Recomiendo las Instrucciones para llorar del cronopio Cortázar para curarse de estas tonterías: “Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si eso le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un palo cubierto de hormigas”.

Nadie dice, por ejemplo, que el capitalismo ha dividido a las familias. Ni el Real Madrid. Ni la afición a los toros. Ni el asesinato de Kennedy dividen familias. Al parecer, las familias del orbe mundo tienen sus aficiones y caprichos a la hora de dividirse. No lo hacen por solamente infidelidades o herencias. Tampoco por celos o incompatibilidad de caracteres. Tiene que existir una razón muy gorda y veleidosa para dividir una familia, según nos relatan nuestros fiables y sesudos medios de comunicación.

Según colegimos de este profundo razonamiento, si la parte culpable de la familia pide de repente cadena perpetua en la silla eléctrica para los enjuiciados del procés o muerte binladeniana para Nicolás Maduro, estas familias se podrían volver a unir, con lo que podríamos acudir otra vez todos juntos a la misa dominical o a las urnas o a la puesta de largo de la niña. Consultados varios científicos reputados, sin embargo, no parece existir unanimidad a la hora de verificar este aserto. Al menos desde que Antena 3 cambió a Isabel Gemio por Susana Grisso.

Desde un punto de vista entomológico, varios estudios nos confirman algunas reglas de comportamiento para preservar la unidad familiar. Debe usted respetarlas rajatáblicamente si no desea encontrarse un día solo y desheredado en cualquier desierto bolivariano o sibérico.

–Ser franquista no divide a las familias / ser antifranquista, sí.
–Ser católico no divide a las familias / condenar la pederastia, sí.
–Ser de Vox no divide a las familias / que Pablo Iglesias goce permiso de paternidad, sí.
–Ver el fútbol no divide a las familias / ver películas subtituladas, sí.
–Rescatar bancos no divide a las familias / impedir desahucios, sí.
–Saquear las arcas públicas no divide a las familias / robar un bocata para comer, sí.
–Maltratar a una mujer no divide a las familias / ser feminazi, sí.
–Matar a un pueblo de hambre no divide a las familias / cuestionar el bloqueo económico que lo mata, sí.
–Ir de putas no divide a las familias / ser maricón, sí.

Siguiendo estas sencillas reglas, podrá el amable lector garantizarse un plácido futuro familiar, rodeado de nietos y nietas sin piercing ni cultura, y podrá soñar una jubilación en una playa llena de plásticos con una viserilla protegiéndole los ojos (la viserilla de plástico, por supuesto). Y no se me pongan respondones los rojelios, que lo he escuchado en la tele.