Opinión · Rosas y espinas

Ridiculizando a Puigdemont

Mucho se ha reído España desde que Carles Puigdemont se dio el piro en plan Dioni, pero a Waterloo. Que si su pelo, que si su cobardía de fugado, que si sus mejillones belgas, que si sus poligloteos públicos, que si sus mantenedores millonarios… Se mezclaba en el imaginario colectivo una dosis de inquina con dos porciones de desprecio, a los que había que añadir antes de la cocción la salpimienta de la risa superior, descollante y casi abascaleña (si Abascal demostrara estar capacitado para el humor). He escuchado a preeminentes pensadores, progresistas presuntos, llamarle payaso en más de una ocasión, con lo bella que es la palabra, el concepto payaso, la algarabía circense de sus tres sílabas. “El circo de Puigdemont” es expresión que también se repite mucho, y da un poco de tristeza pensar que nuestro pensamiento, capacidad de análisis y aptitud metafórica no nos da para mucho más a los españoles en este asunto.

Cuando Puigdemont se fugó raptando a la Helena de la honra carpetovetónica, la España recta y de bien, que es casi toda España, se regocijaba ante su inminente detención por la justicia belga o alemana o la que fuera, que en Europa son rubios y civilizados y no nos iban a privar del espectáculo de ver al reo regresar esposado y humillado cruzando a pie los Pirineos, escoltado por dos gendarmes adustos y dos jueces serenos y complacidos. Cuando no fue así, cuando los tribunales europeos le dieron parcialmente la razón a Puigdemont, la España unánime de los trigolimpio montó en cólera, y de repente los tribunales alemanes y belgas se trasmudaron en tribunalillos de provincias poblados de letrados que se pasan el día con el dedo metido en la nariz, como un Azarías sin milana. La hidra del supremacismo español, ese que tan bien convive con nuestros ancestrales y justificados complejos de inferioridad, despertó de su letargo, y Pablo Casado hasta propuso sacar a España del espacio Schengen, de la Europa sin fronteras, calificando de “humillación” la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein: “Si soy presidente del PP –tuiteó el masterizado de Harvardaravaca en pleno proceso de primarias– no voy a tolerar este tipo de humillaciones. Con estas decisiones como la del tribunal alemán los independentistas se sienten refrendados por un entorno internacional. El espacio Schengen se podrá suprimir si no hay garantías de que a España se le respete” (el leísmo es de Casado).

El eurodiputado Esteban González Pons se vino arriba también y llegó a asegurar que “Schengen es un riesgo para los países que están en la Unión”, y descalificó a los jueces germanos por sus “prejuicios” y por “no confiar” en España. Abanderó la “dignidad y orgullo” españoles para reafirmarse, no sus conocimientos en derecho, y se quedó tan ancho exigiendo a Pedro Sánchez que nos sacara de Europa por nuestros cojones, que es como se dirimen los asuntos de política internacional en nuestra geografía.

Ahora Puigdemont da otra vuelta de tuerca presentándose a las elecciones europeas de mayo. De obtener el acta de eurodiputado, alcanzaría inmunidad en todo el territorio europeo, aunque antes habrá de pasar el trámite de entrar en España y recoger sus papeles ante la Junta Electoral. La intriga está en saber si esa inmunidad será efectiva antes de este último trámite, pues, de no serlo, podría ser detenido nada más traspasar la muga con su pasamontañas estelado. Los mismos pensadores progresistas citados arriba han coincidido en señalar que no lo hará, aduciendo, tras meditada reflexión senequiana, que “Puigdemont es un cobarde”. Nivelazo.

Lo cual que la risa española sobre este personaje se va enrabietando, pues en el circo de Puigdemont el payaso se ha fugado con la bella bailarina dejando al domador en ridículo ante sus leones. Una y otra vez. Y en Europa y en el resto del orbe mundo se nos observa con curiosidad entomológica, recuperando las dudas sobre si somos aun franquistas o no somos ya franquistas. Yo creo que no. Ya nos decía el abuelillo Franco que Europa y Norteamérica están plagadas de judeomasones. Riámonos, también, de ellos. Payasos.