Opinion · Rosas y espinas

El tacticismo de la izquierda

Ya que ellas lo son con nosotros, conviene ser un poco perverso con la interpretación de las encuestas. Estamos en vísperas de elecciones porque Pedro Sánchez había calculado para sí una mayoría más holgada, el Ibex matematizaba un hundimiento de Podemos que lo alejara definitivamente de la gobernabilidad y España se iba a convertir en la Arcadia feliz de los recortes con Albert Rivera de palmero socialista. Con Rivera, parece ser que Sánchez dormiría mejor. Como si Rivera fuera una ovejita que contar.

Al final, de hacer caso a las encuestas, el único beneficiado del trile electoral de Sánchez va a ser Vox, pues la resurrección del PP se daba por descontada. A Sánchez le sucedió lo mismo que hace unos años a Artur Mas. Quiso el poder a la carta y se dio cuenta tarde de que los electores no éramos camareros.

Como aglutinador de voto, a Sánchez ya no le queda ni la baza del miedo a Vox, pues Vox ya no mete miedo. Un país que en el siglo XXI va a subir a un dictador en autogiro por los cielos de Madrid no puede temerle a la ultraderecha. A los perros viejos no les asustan los collares. Ya se dijo aquí que Vox había venido para quedarse, porque ya estaba aquí, en el ambiente, en la memoria, en ciertos sectores del hemiciclo y en la tortilla de patatas.

Con Vox pasó como con Torrente (el de Santiago Segura, no Ballester). Al principio, nos daba algo de asquito su escatología existencial, pero enseguida se convirtió en el icono más taquillero del país. En uno de los nuestros. Uno más en esta armoniosa familia que es España. Somos más de Torrente que de Unamuno. A ver si los del cine por fin se enteran.

Es el voto del miedo lo que va a mantener más o menos igual al PSOE. El miedo a todo lo que no sea el PSOE. La barba borbónica que se ha dejado Pablo Casado no inspira aun la suficiente confianza. A Albert Rivera, de tanto hacerse la veleta, se lo ha llevado el viento al infinito. Íñigo Errejón ha pasado de ser el mayordomo de Pablo Iglesias a serlo de Sánchez, y aquí no se vota a los mayordomos. Quedan Podemos y Vox como únicos contendientes de esta batalla electoral. Podemos tiene un techo mucho más bajo que el cielo que soñaba. A Vox, sin embargo, se le pasea en helicóptero la campaña electoral gratis, pagada con el dinero de los contribuyentes.

Lo cual que a Pedro Sánchez se le está agotando la baraka antes de entrar en el casino. Es lo que tiene hacerle más caso a los asesores que a la puta base, que tras las pasadas elecciones le gritaba con Rivera, no. Después de tanta tinta periodística gastada en loar las inteligencias de Iván Redondo, resulta que de su maquiavélica listeza lo que va a quedar es un crecimiento de Vox para la historia. Viva el tacticismo de la izquierda. Y disculpad la nostalgia de seguir calificando al PSOE como de izquierdas: es para no liarnos.