Rosas y espinas

Todos a la cárcel

Observo en los últimos tiempos, entre nuestros poderes fácticos, una querencia muy arraigada por acabar en la cárcel. Los únicos que se siguen resistiendo a comulgar con esta nueva moda tan extendida y chic son los curas pederastas. Ya se sabe que la iglesia siempre ha sido muy reticente a adaptarse a cualquier tipo de modernidad. Por nuestros calabozos van pasando yernos de reyes, presidentes del FMI, elegantes invitados a las bodas de los Aznar, gerifaltes autonómicos, mandatarios varios del Barça, empresarios de postín e incluso algunos banqueros. Algo tiene que estar haciendo bien Instituciones Penitenciarias para que sus instalaciones sean tan demandadas. Impulsan una seria competencia a Paradores Nacionales. Esta moda española, además, está siendo también exportable a otras democracias plenas. En Francia, acaban de mandar al talego a Nicolas Sarkozy, que al parecer no pisará la trena finalmente, pero va a tener que pasar un año luciendo una pulserita que no se adapta a los refinados gustos de su esposa Carla Bruni. Y en EEUU, cuna de la democracia (la democracia estadounidense, racista y elitista, nunca salió de la cuna), trabajan en la posibilidad de que el golpista Donald Trump pueda acabar durmiendo en un jergón enrejado. La cárcel está cambiando de bando, y esa es buena señal.

Es cierto que estos mandamases no suelen pasar demasiado tiempo en prisión, pues, como todo el mundo sabe, es gente muy ocupada y no se puede permitir el lujo de disfrutar de tantas vacaciones. El país colapsaría sin ver, de vez en cuando, el bañador de Rodrigo Rato en su yate. O las cremitas que le aplican a la espalda de Alberto Núñez Feijoo convictos y no confesos narcotraficantes. Pero esos ratitos que nuestros poderosos pasan entrando y saliendo de los castillos de If desmienten a Pablo Iglesias, y nos hacen pensar, al pueblo llano e ignaro, que nos vamos acercando a una plena democracia. Valiente oxímoron.

Como uno es bastante malote, suele tener siempre un par o tres o cinco amigos presos con los que tratar el tema. Y no os creáis que estoy frivolizando con la situación de los convictos. Nada hay más deshumanizador, desanimalizador, desvegetador, desvida y destodo que cualquier sistema penitenciario. Pero no hemos sido capaces aun, como humanidad, de encontrar alternativas al encierro. Supongo que es porque no somos suficientemente inteligentes, ni humanos ni vegetales ni animales ni minerales. Las cárceles son ese espacio de la biblioteca donde escondemos los libros que no hemos sabido comprender. Solo hay que rastrear los datos sobre enfermos mentales encarcelados para darse cuenta de que esto no es demagogia.

Pero me estoy poniendo profundo, con todo el riesgo de ahogarse que eso conlleva, y lo que quería contar, sencillamente, es que poco a poco vamos integrando en nuestras prisiones a las clases altas de la sociedad. No solo es bueno para las clases altas, sino también para los pringados como el que escribe y la mayoría del atento lector.

Tengo un amigo que sufría en silencio en la cárcel de Soto del Real hasta que allí entró Gerardo Díaz Ferrán y se convirtió en su compañero de mus. Como recordaréis, Díaz Ferrán es un señor muy principal que presidió a los empresarios españoles entre 2007 y 2010. Fue condenado por alzamiento de bienes, blanqueo de dinero y fraude a Hacienda. Una joyita muy cercana, oh casualidades, al PP. Pero esto es anecdótico, pues los verdaderos talentos de Díaz Ferrán solo se descubrieron en Soto del Real, cuando se hizo compañero de mus de mi amigo camello. Eran una pareja invencible. Mi amigo llegó a presumir de estar en la cárcel con tan buen compañero de cartas. Según fantasmeaban, nunca perdieron una sola partida.

Por eso alabo esta moderna querencia de nuestros mandamases por acabar en la cárcel. Elevan la autoestima de nuestros presos comunes. Quizás, algún día, gocemos del honor de ofrecer tan distinguida residencia a alguno de nuestros jefes de Estado. Seremos mejores. Una democracia plena. Y jugaremos mejor al mus.