Secretos

Cuando el aparato financiero del partido sea condenado en firme, el PP seguirá sosteniendo su nueva teoría de la persecución. Lo hizo el PSOE, lo hacen ahora los populares y mañana volverá a hacerlo alguno de los dos ante la mirada resignada y dócil de la ciudadanía.Llámame lo que quieras, pero estoy harto de los partidos políticos. Urge una regeneración democrática que limite su papel. Hubo un tiempo en que fueron el único cauce de acción política. Hoy su implantación en la sociedad real es inexistente. Y como la Iglesia católica siguen aferrándose a sus privilegios económicos.  Convertidos en empresas, en lobbies financiados con dinero público, los partidos políticos son en buena parte responsables de la corrupción moral, de la porquería que nuestra joven democracia ha ido acumulando bajo la alfombra. Y lo peor de todo es que este perverso sistema, basado en el poder omnímodo de los partidos, está blindado. En sus manos, y sólo en sus manos, está la sanación de ese cáncer que se llama ‘financiación’.Echo en falta ese periodismo de investigación que ponga negro sobre blanco lo que es un secreto a voces: con los ingresos oficiales es imposible que un partido político pueda mantener tantos paniaguados y costear dos campañas electorales simultáneas más otra que viene en camino. Y, claro, ninguno de ellos reformará una ley que los beneficia para limitar sus ingresos, para que sus cuentas sean más claras o para reducir las campañas electorales a unas cuantas apariciones gratuitas en la televisión pública.Si los partidos son el corazón del sistema, la corrupción económica, que salpicó al PSOE, que ahora salpica al PP y que volverá a ser noticia en unos años, no es una excrecencia episódica: es la secreción natural de nuestra democracia.