Ruido de fondo

Thermomix

La Ley D’Hont es maravillosa. Mucho más que la Thermomix. Tú metes en la Ley D’Hont una realidad compleja, llena de matices, de luces y de sombras, y difícil de manejar, como suele ser la realidad, le das al botón y en dos minutos tienes otra cosa: algo completamente diferente, mucho más fácil de entender y gestionar, que beneficia a los políticos, pero que no tiene nada que ver con el deseo expresado por los botantes. Sí, botantes, con be, unos seres insignificantes a los que periódicamente se les deja escribir su nombre con uve para que no se enfaden.Lo primero que tritura la Ley D’Hont son esos grumos molestos de la abstención. Ni en Galicia ni en el País Vasco ha sido significativa. Eso nos dicen aunque ninguna opción política, ni en Galicia ni en el País Vasco, ha obtenido el porcentaje (porcentaje sobre el censo, no sobre los votos emitidos) de la abstención: 29,54 en Galicia y 34,12 en el País Vasco.Pero la gran ventaja de la Ley D’Hont sobre la Thermomix es que añade ingredientes que tú no has puesto. Si trituras la realidad con la Thermomix te sale lo mismo, pero hecho papilla. La peculiaridad de la Ley D’Hont es que el resultado no tiene nada que ver con los ingredientes que tú has vertido en el vaso. La realidad es que somos, a 1 de enero de 2008, unos 33 millones de españoles en edad de voto. De los cuales 2 millones son gallegos y 1,7 vascos.  Más o menos. En la Thermomix, por mucho que le des al votón, sí con uve, el electorado vasco supondrá siempre un insignificante 5% del electorado total. Sin embargo, tú metes los mismos datos en la Ley D’Hont y te sale la grotesca situación presente en la que un puñado de españoles, el PNV, condiciona con sus amenazas la gobernabilidad de 46 millones de personas.