Opinion · Palabra de artivista

Schäuble, el brutal verdugo de las alternativas

Un soberbio artículo publicado en The Guardian por el periodista y cineasta alemán Dirk Laabs, titulado ¿Por qué es Alemania tan dura con Grecia? Echa la vista atrás 25 años, ha desenmascarado a ese carnicero de las libertades y responsable de la ilógica (no)negociación con Grecia que es el cristianodemócrata Schäuble.

El subtitulo del artículo ya es bastante clarificador: Para comprender las exigencias de Wolfgang Schäuble en las negociaciones del rescate, mira lo que le infligió a su propio país cuando se reunificó. Pero es el revelador artículo el que detalla un pasado del implacable Ministro de Hacienda que explica su destructiva intransigencia.

Me voy a permitir traducir partes del texto porque creo que es de primordial importancia entender cómo operan los agentes contrarios al cambio y a las alternativas al capitalismo atroz que nos está ahogando.

Si en un primer párrafo ya nos explica que la parte del acuerdo de rescate impuesto a Grecia que ha escandalizado más a los europeos ha sido la propuesta de crear un fondo fiduciario designado para escoger 50.000 millones de euros en activos públicos griegos que se privatizarán para pagar las deudas del país, en ese mismo párrafo nos avisa de que esta estrategia no es ninguna novedad para Schäuble. Enseguida nos recuerda un episodio del pasado del ministro que aclara todo.

Fue hace 25 años, durante el verano de 1990, cuando Schäuble lideró la delegación de Alemania Occidental para negociar los términos de la unificación con la anteriormente comunista Alemania Oriental. Doctor en Derecho, era el Ministro de Interior de Alemania Occidental y uno de los consejeros más cercanos al canciller Helmut Kohl, la persona a la que acudir cuando las cosas se ponían complicadas.

La situación de la antigua República Democrática Alemana no era muy distinta a la de Grecia cuando Syriza llegó al poder: los alemanes del este acababan de tener las primeras elecciones libres de su historia, sólo unos meses tras la caída del muro de Berlín, y algunos de los delegados de Berlín Este soñaban con un nuevo sistema político, una «tercera vía» entre la economía de mercado de Occidente y el sistema socialista del Este… aunque sin tener idea de cómo pagar las facturas.

Los alemanes occidentales, por otro lado, tenían el momento, el dinero y un plan: todo lo que el estado de Alemania Oriental poseía iba a ser absorbido por el sistema de Alemania Ocidental y rápidamente vendido a inversores privados para recuperar algo del dinero que Alemania del Este necesitaría en los  años venideros. En otras palabra: Schäuble y su equipo querían una fianza.

Y en otras palabras: el neoliberalismo salvaje que Reagan-Thatcher, inspirados por Milton Friedman y sus Chicago Boys, habían empezado a implantar en el planeta tras caer el único disidente con su capitalismo, la Unión Soviética, era implementado por Schäuble. El cuento de generar beneficios para el estado a través de las privatizaciones ya lo conocemos de sobras aquí con el PP: los amiguetes y corruptos peperos roban a manos llenas las arcas del estado y se genera un estado de puertas giratorias que no se detendrá hasta la bancarrota… del estado, porque los corruptos peperos y sus amiguetes y familiares para entonces tendrán todo nuestro dinero en cuentas en Suiza, las Islas Caimán, Gibraltar o cualquier otro paraíso fiscal. Pero lo peor de esta pesadilla neoliberal no había hecho más que empezar para la propia Alemania del Este.

En ese momento casi toda compañía, tienda o gasolinera anteriormente comunista era propiedad de la Treuhand, o agencia fiduciaria —una institución originalmente ideada por un puñado de disidentes de Alemania del Este para evitar que firmas estatales fuesen vendidas a bancos y a compañías de Alemania Occidental por delegados comunistas corruptos. La misión de la Treuhand: convertir todos los grandes conglomerados, compañías y pequeñas tiendas en firmas privadas, para que así pudiesen formar parte de la economía de mercado.

A Schäuble y su equipo les daba igual que los disidentes hubiesen planeado darle acciones de las compañías a los alemanes del este, emitidas por la Treuhand (un concepto que, por cierto, llevó al ascenso de los oligarcas en Rusia). Pero les gustó la idea de un fondo fiduciario porque operaba fuera del gobierno: aunque técnicamente estaba supervisado por el Ministro de Hacienda, públicamente era percibido como una agencia independiente. Incluso antes de que Alemania se fusionase en un solo estado en octubre de 1990, la Treuhand estaba en manos de Alemania Occidental.

Su objetivo era privatizar la mayor cantidad de compañías posibles, lo más rápidamente posible (y si hoy en día le preguntases a la mayoría de los alemanes sobre la Treuhand te dirían que consiguió ese objetivo). No lo hizo de un modo que fuese muy popular para la gente de Alemania del Este, donde la Treuhand rápidamente se hizo conocida como la cara fea del capitalismo. Hizo un trabajo horrible explicando las transformaciones  a los traumatizados alemanes de este que se sintieron abrumados por esta extraña nueva agencia. Para empeorar las cosas, la Treuhand se convirtió en sinónimo de corrupción.

Laabs recuerda que la agencia cargó con toda la culpa por la terrible situación que vivió Alemania del Este y el partido de Kohl y Schäuble, la conservadora Democracia Cristiana (siempre los cristofascistas robando, agrediendo, saqueando), fue reelegido en los siguientes años mientras otros pagaron las culpas. Y a continuación nos desenmascara esta farsa (y vuelve a recordarnos la mentira neoliberal de lo beneficioso que es privatizar).

Pero la realidad de lo que la Treuhand hizo es muy diferente a la creencia popular (y eso debería haber sido un aviso para Schäuble y el resto de Europa. Vender los activos de Alemania del Este con un máximo beneficio resultó ser más difícil de lo que imaginaban. casi todos los activos de verdadero valor —los bancos, el sector energético— ya habían sido pilladas por las compañías de Alemania Occidental. A los pocos días de presentar el marco de Alemania, la economía del este se hundió completamente. Al igual que Grecia, requirió un monumental programa de rescate organizado por el gobierno de Schäuble, pero en secreto: apartaron 100.000 millones de marcos (50.000 millones de euros) para mantener la economía de la antigua Alemania del Este a flote, una cifra que se hizo pública sólo años más tarde.

Con los precios para el trabajo y los suministros disparados, la ya estresada economía de Alemania del Este entró en caída libre y la Treuhand no tuvo ocasión de vender muchos de sus negocios. Tras un par de meses empezó a cerrar compañías enteras, despidiendo a miles de trabajadores. Al final la Treuhand no hizo dinero alguno para el gobierno alemán: consiguió unos escasos 34.000 millones de euros por todas las compañías del este combinadas, perdiendo 105.000 millones de euros.

En realidad, la Treuhand se convirtió no sólo en una herramienta para la privatización sino en un holding empresarial semi-socialista. Perdió miles de millones de marcos porque se dedicó a pagar los salarios de muchos trabajadores en el este y mantuvo algunas factorías inviables abiertas, un aspecto positivo habitualmente perdido entre los vilipendios de la agencia. Porque Kohl y, durante el verano de 1900, Schäuble no eran economistas de la escuela de Chicago amantes de los experimentos radicales sino políticos que querían ser reelegidos, bombearon millones a una economía zozobrante. Aquí es donde todos los paralelismos con Grecia acaban: había límites políticos a la austeridad que un gobierno le podía imponer a su propio pueblo.

Y aquí es dónde Laabs nos desvela la moraleja política de todo este triste episodio del pasado.

La lección que Schäuble aprendió (y que probablemente influya en su toma de decisiones ahora) es que si actúas como un neoliberal de corazón puedes salir del paso con decisiones que no tienen sentido en lo económico. Si Schäuble está siendo duro con Grecia ahora mismo, es porque su electorado quiere que actúe de ese modo; no es sólo que le de igual el pueblo griego, quiere que la gente crea que le da igual, porque ve las ventajas política en ello.

Pero Schäuble debería haber aprendido de la historia que el juego de la Treuhand tuvo consecuencias psicológicas catastróficas. Incluso aunque la agencia fue dirigida por alemanes, que hablaban alemán, siguió siendo vista por muchos en el este como una fuerza de ocupación.

La idea de Schäuble de países extranjeros controlando los activos griegos y traspasándolos al extranjero es una idea aún más humillante para cualquier país. Schäuble queda como un contable duro y severo. En realidad no es más que un vulgar político repitiendo viejos errores.

Lo más interesante de este brillante artículo, quizás sean las implicaciones que las salvajadas económicas que los neoliberales están haciendo y que hunden las economías de los países a los que han llegado. Aquí carroñas como Aznar, Esperanza Aguirre, Rajoy, Ana Mato, Gallardón y demás nos siguen vendiendo las bondades del liberalismo y las privatizaciones mientras destruyen estados y economías… y se hacen inmensamente ricos con su saqueo.

También es importante la denuncia que hace de supuestos «economistas» que no son más que políticos vendiendo la opresión como modo de seducir a un electorado capitalista que quiere ver cada vez más división (ricos/pobres) y más represión a los que ellos creen que ponen en peligro el espejismo de la dulce vida capitalista. Sin darse cuenta de que cada vez son menos los que están del lado de las ventajas y más en el lado de las desventajas y agresiones. Antes de que se den cuenta, ese electorado que apoya la represión y la xenofobia acabará siendo víctima de los monstruos que han creado.

Schäuble es un ser corrupto (ocasionó la caída del CDU y Helmut Kohl con un escándalo por cobrar dinero de traficantes de armas) profundamente amargado desde el atentado que le dejó en silla de ruedas de por vida. Y lleva aferrado a la poltrona desde hace décadas. Siempre ha estado en el carro de los más salvajes represores, y con el paso del tiempo, al igual que nuestros peperos del ala dura, sólo ve la represión, explotación y humillación de los más débiles o los ajenos a la oligarquía como su único billete de permanencia en el círculo de los opresores. Ni el alcohol que consume desmesuradamente según cuentan los alemanes que le conocen, ni los frecuentes arrebatos de ira, le sirven ya. Ahora estos verdugos quieren sangre, humillación y poder. Por eso se ha atrevido hasta a generar este titular: Schäuble coquetea con renunciar si Merkel cuestiona su actitud con Grecia.

Por otro lado, lo que subyace en el fondo de esta historia es, como siempre, un feroz anticomunismo y la represión y boicot de cualquier alternativa al decadente capitalismo. Todo el trato de Grecia responde a esa salvaje e inhumana respuesta (que aquí ya vimos en Andalucía cuando el aliado neoliberal PSOE mintió y agredió a IU y la ejemplar y lúcida Elena Cortés cuando estos encontraron una alternativa al estado de desahucios y corrupción). En el caso de Grecia, lamentablemente, Tsipras ha sido tan culpable de este nuevo fracaso como el propio Schäuble. Con estos líderes blandos que aprovechan las retóricas revolucionarias comunistas para quedarse en la desactivadora socialdemocracia no vamos a ningún sitio más que a garantizarles una poltrona (un saludo Pablo Iglesias).

Seguimos esperando una alternativa a este insostenible capitalismo. La última —y quizás única— alternativa fue el comunismo. Una alternativa acosada por todas partes (y desde dentro) a la que no se dejó crecer o evolucionar, sólo las facetas más duras y reactivas pudieron mantenerse. Hoy en día el capitalismo mundial se encarga muy bien de amplificar los fallos y errores de ese sistema y esconder los aciertos. No se dice que de no ser por la amenaza que supuso al capitalismo no gozaríamos de los avances del estado de bienestar (seguridad social, paga mínima, trabajo digno, sanidad…) ya que el capitalismo no habría tenido que esforzarse en presentar una cara amable y competir con el comunismo para convencer a las masas de que los capitalistas eran más amables. De hecho, en cuanto cayó el muro de Berlín (y el comunismo soviético  al que se contrapuso el maoísmo que la Operación Gladio filtró para desactivar el comunismo desde dentro… por no hablar del traidor «eurocomunismo») el capitalismo dejó de esforzarse y empezó la deriva neoliberal que ya no disimula su explotación del planeta por los corruptos o la plutocracia, como vemos en este revelador recuerdo de cómo Schäuble fue uno de los muchos brazos armados del neoliberalismo.

Por mucho que lo oculten, manipulen y distorsionen, el comunismo sigue siendo una opción y una amenaza. El capitalismo se hunde y nos arrastra a todos en su agonía. Y las alternativas que quieren salvarnos de esta caída libre son perseguidas como herejes de la Edad Medieval. Pero debemos seguir luchando y apoyar a los Varoufakis de este mundo.

Para terminar os recomiendo que escuchéis la conferencia del profesor Costas Lapavitsas, parte de la plataforma de izquierdas de Syriza, dada este fin de semana en Atenas, en la que llama a la salida del euro como la única estrategia posible para el pueblo griego y llama el acuerdo con la UE neocolonial (con aplausos del público) y explica la inviabilidad del acuerdo al que se opone radicalmente al igual que los miembros de Syriza a los que Tsipras ha echado.