La colza, el espinazo, el girasol y ahora esto

Los ministros de Sanidad, a diferencia de los de Interior, no suelen ser recibidos con gritos de euforia en los mítines de sus partidos. La mayoría de ellos resultan desconocidos para los ciudadanos, que apenas los mencionan en las encuestas. Son pocos los que recuerdan quién ocupa una cartera que tiene mucho de callada coordinación autonómica y muy poco de lucimiento personal.

Una crisis sanitaria mundial es una situación alarmante para la mayoría de la sociedad, pero para el ministro del ramo es objetivamente una oportunidad de demostrar si merece el cargo. Trinidad Jiménez se ha estrenado con la aparición de un nuevo virus (el H1N1) que ha llegado a España en chárter procedente de México.

Antes que Jiménez, otros en su cargo afrontaron otras graves crisis que los colocaron en el ojo del huracán informativo. El más desafortunado fue aquel Jesús Sancho Rof, que describió como “un bichito tan pequeño que si cae se mata” la toxina presente en el aceite de colza que mató a 346 personas y afectó a otras 18.500, según datos oficiales. Le sigue cronológicamente y en grado de estupidez Celia Villalobos, que se transmutó en cocinera para explicar a los españoles cómo hacer un cocido sin usar el “espinazo” de vaca loca… y hundió el vacuno. Bernat Soria, más recientemente, casi arruina el negocio del girasol con su alarmista gestión para retirar una partida contaminada procedente de Ucrania.

Jiménez no ha parado de dar explicaciones desde que tomó posesión y hasta ahora ningún sector económico está condenado por una frase suya. La población está informada; los hospitales y la medicación, preparados; las autonomías, coordinadas; y la conexión con Europa, al día. Que siga así.