La primera vez

No recuerdo tal sarta de insultos y descalificaciones contra los nuevos miembros de un Gobierno en toda la historia de la democracia. Con especial inquina se ha tratado a las mujeres, pero la que se ha llevado la peor parte ha sido Elena Salgado, sin duda, porque es la primera vez que una mujer ocupa el flamante cargo de vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda. Demasiado para su cuerpo. No se merece ni el beneficio de la duda. Incluso los comentarios más benevolentes advierten que no será ella, sino el presidente Zapatero, quien asuma personalmente la dirección de la política económica. Salgado se limitará a gestionar las órdenes presidenciales. ¿Y por qué no al contrario?

No pretendo sugerir el absurdo de que la ministra ordene y el presidente obedezca, sino que sea ella quien aporte las ideas. Se supone que para eso las tiene. ¿Acaso no se le reconoce la suficiente entidad como para asumir las altas responsabilidades que le han sido encomendadas? Licenciada en Ciencias Económicas, ingeniera industrial, con larga y probada trayectoria la empresa privada y en la Administración pública.

Dudo que hubiera muchos candidatos con su formación y experiencia. Quizá una mujer esté mejor capacitada para ocuparse de la economía en tiempos de crisis. No en vano el origen etimológico de la palabra alude al Gobierno de la casa y en eso no nos negarán conocimiento. Por otra parte, las mujeres, por lo general son más discretas, poco codiciosas y menos vanidosas. Somos muchos los que deseamos, por nuestro propio bien, que Salgado salga airosa de la prueba. Y, además, no sería la primera vez.