Trabajar cansa

Los espacios electorales me ponen

"Quienes concurran a elecciones tienen derecho a espacios gratuitos de propaganda en las emisoras de titularidad pública" -Artículo 60.2 de la Ley del Régimen Electoral General-

 

Por fin llegó la campaña electoral, y vuelve uno de mis géneros televisivos favoritos: los espacios electorales gratuitos. Es la oportunidad de conocer a todos esos pequeños partidos que estos días tienen su minuto de gloria.

No sé si alguien mide la audiencia de estos anuncios, pero estoy seguro de que tienen su público, como la teletienda. De hecho, ocupan los mismos horarios marginales que ésta. De noche, la teletienda electoral compite con los anuncios de sexo telefónico de otras cadenas. Si zapeas a esas horas, llega un momento en que ya no sabes si estás viendo propaganda política o un reclamo de línea caliente, y el "vota" se confunde con el "llama ahora". Y es que en la oferta electoral, como en el telesexo, también abundan las parafilias y perversiones para todos los gustos.

Algunos ofrecen sólo amistad, sin guarrerías: partidos humanistas, verdes y animalistas. Hay también propuestas atrevidas, por si te va la marcha: revolucionarios de todo tipo, cuyas siglas intercambiables recuerdan a los frentes de liberación popular de La vida de Brian. Luego están los aficionados, el sexo casero: los partidos locales y los temáticos que se especializan en una causa.

Hay también, claro, sexo duro, incluso durísimo, en el límite entre el polvo y la violación: ahí está la abundante ultraderecha, desde fachas de toda la vida –falanges varias- hasta fascistas modernos, que dan más miedo.

La oferta electoral es amplia, sí, pero al final, aunque todos fantaseamos con cosas raritas y nos calentamos con su propaganda, ante la urna somos muy clásicos, y acabamos votando en la postura de misionero a nuestra pareja política de siempre. Puro masoquismo.