Trabajar cansa

¡Viajeros al tren!

"La vía por la que el tren del crecimiento debe discurrir ya está identificada, y no es otra que producir más y mejor" -José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno-

 

Atención, no se despisten, que el revisor ha gritado "¡Viajeros al tren!" La locomotora ya pita, y en breve echará otra vez a andar, tras un tiempo parada por avería. Ocupen sus asientos, que el tren no espera por nadie.

La economía gusta acompañarse de metáforas ferroviarias. Con la crisis incluso ha abusado: el tren del crecimiento, la luz al final del túnel, la máquina que empieza a andar... Hay países "locomotoras", y a quien se opone a las reformas se le acusa de poner palos en las ruedas u obstáculos en la vía.

Hasta ahí, nada raro. El tren alimenta nuestro imaginario desde los tiempos de las máquinas de vapor, y el habla cotidiana está llena de frases hechas: coger o perder el tren, el que no pasa dos veces, el de la historia, etc. Pero en el caso de la economía, su uso es mucho más que una imagen bonita, familiar, sentimental. Es una metáfora intencionada, que se ajusta al sistema económico para que lo veamos como único, invariable, natural.

Así, el tren de la economía no puede circular por donde quiera, sino por las vías: carriles ya trazados, cerrados, con destino fijo. Puedes ir en una vieja locomotora de carbón o en AVE, incluso en un tren solar, pero la vía es la que es. Los raíles te llevan, y fuera de ellos sólo cabe descarrilar.

Ya hablamos días atrás de la dificultad de cambiar de vía una vez que la máquina acelere de nuevo. Si no podemos hacerlo estando parada, cuando coja velocidad nos llevará donde quiera, hasta la próxima avería, accidente o vía muerta. Y mientras, ya saben: los de siempre a echar paladas a la caldera; los que se caigan o lo pierdan se quedarán fuera; y los que puedan, que disfruten del paisaje. Buen viaje.