Trabajar cansa

La vergüenza de los CIE

"Los policías aguantan vejaciones por parte de los internos, que buscan el enfrentamiento para no ser repatriados" -Comunicado de la Unión Federal de Policía-

             

De tantas veces que se ha anunciado el desmantelamiento de la cárcel de Guantánamo, ya me he despistado y no sé si siguen allí o los han repartido por el mundo. Recuerdo que España se comprometió a acoger unos cuantos, y nunca más se supo. Entiendo que el asunto se lleve con discreción, pues es un tema complejo. En primer lugar es difícil para los propios presos, que tras años de jaula y tortura deben adaptarse a la vida en libertad.

Pero en España lo tenemos todo previsto. Si los guantanameros que nos toquen en el reparto necesitan un período de aclimatación progresiva, contamos con nuestros acogedores Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), ocho en toda España. Allí los presos se sentirán como en casa, y no echarán nada de menos de su vida anterior.

Como se comprueba leyendo el informe que CEAR acaba de publicar, las condiciones de vida en estos centros son mejores que las de Guantánamo, pero no mucho mejores: hacinamiento, insalubridad, arbitrariedad, incomunicación, indefensión y ocasionales malos tratos por parte de los custodios. Y sin que los periodistas o las organizaciones humanitarias puedan entrar a incordiar. Como en casa, ya digo.

El ambiente humano también contribuirá a que los presos trasladados no añoren la compañía que disfrutaban en la base norteamericana. Como ellos, también los extranjeros internos en los CIE están encarcelados sin haber sido condenados, y la mayoría no ha cometido más delito que carecer de papeles. El caso de esa mujer ucraniana detenida cuando iba a recoger a su niña a la guardería, y que pasó nueve días encerrada sin noticias de su hija, da la medida de la peligrosidad de los internos. Qué vergüenza.