Las que aún tienen que servir

“El ámbito de la prestación de servicios, el hogar familiar, determina la necesidad de que esta relación se base en la mutua confianza.” -Real Decreto 14/24 de 1985, sobre servicio doméstico-  

               

Tengo una oferta laboral para ustedes, a ver qué les parece. Eso sí, les aviso de las condiciones: trabajarán sin contrato, sólo con un compromiso verbal; verán reducidos sus derechos sociales, que quedarán a voluntad del empleador; todo a cambio de un sueldo escaso, una parte del cual recibirán en especie -cama y comida-, con una jornada laboral sin limite horario, y con disponibilidad total, a cualquier hora. Ya veo: no sólo no aceptan, sino que les parece una oferta disparatada, salida de alguna mente calenturienta de la patronal.

Pues no, no es un sueño de Díaz Ferrán. Hay miles de trabajadores en esa situación en España. Trabajadoras, para hablar con propiedad, pues aquí no vale el genérico. Me refiero a las empleadas de hogar, las trabajadoras del servicio doméstico.

Desde hace décadas sufren un régimen laboral especial que reduce sus derechos, deja sus condiciones a discreción del jefe, y facilita el empleo sumergido y la explotación. Si tienen suerte y dan con un buen empleador –que los hay, por supuesto-, su situación mejora. Pero si alguien quiere aprovecharse de ellas, lo pasarán mal, como les ocurre a muchas inmigrantes. Y ni siquiera podrán esperar la visita salvadora de la inspección laboral, pues el centro de trabajo es un domicilio, inviolable, que escapa así al control.

El de las trabajadoras del hogar ha sido siempre un colectivo maltratado. A su situación de servidumbre –agravada en el caso de las internas, a disposición del señor o la señora las 24 horas- se suma el menosprecio con que las hemos mirado durante años, sin considerarlas del todo trabajadoras, o con un paternalismo que tampoco dignifica.

Pero las trabajadoras están tomando conciencia, no son esas chachas salerosas e ingenuas de las teleseries. Hoy domingo saldrán a la calle en Madrid a mediodía, para exigir la equiparación de derechos laborales con el resto. Algunas, para ejercer su derecho a manifestación, dependen de que en casa les den el día libre. Razón de más para que nos unamos a su protesta.