Los Borbones se sacan la tarjeta sanitaria

“La sanidad pública trata exactamente igual al Rey que a cualquier otro ciudadano; es algo de lo que debemos estar muy orgullosos.” -Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación en Defensa de la Sanidad Pública-

                  

No se sorprendan si mañana, al acudir al pediatra para la revisión de sus hijos, se encuentran en la sala de espera a Felipe de Borbón y señora con la prole, esperando turno. Sería lo lógico, después de que el Rey haya contado a su familia cómo fue su paso por el hospital en su reciente intervención: “Yo creía que lo de la sanidad pública era muy chungo, pero qué va, está de lujo: la habitación era de hotel, me operaron nada más llegar, y todo fueron atenciones.” 

Tal vez el Rey, que se ha destapado como defensor orgulloso de la sanidad pública –“tanto en Cataluña como en Madrid”, añadió para solaz de la presidenta madrileña-, convenza a los suyos para que den uso a la tarjeta sanitaria. Hasta ahora que se sepa todos los niños Borbones han nacido en clínicas privadas, y las intervenciones y reconocimientos médicos del Rey y familia han sido también en centros de pago. Cosa que siempre me ha parecido una muestra de ingratitud por parte de la Familia Real, después de que la sanidad pública haya bautizado decenas de hospitales por toda España con los nombres de príncipes e infantas. 

La defensa que el monarca hizo de la sanidad pública a la salida del hospital podría ser tomada como un chiste, una muestra más del humor borbónico, toda vez que estuvo ingresado en una zona del hospital, Barnaclinic, que funciona como clínica privada, con habitaciones de alto standing y a la que sólo se accede pagando; y además le cerraron una planta entera y reforzaron los servicios hospitalarios para él. 

Pero no descarten que su comentario sea sincero, y fruto de la ignorancia: que realmente piense que la sanidad pública es eso, que todos los hospitales son así. Total, se trata de una familia cuya visión del país es siempre la de calles recién barridas y edificios con la pintura fresca, pues todo se arregla antes de su visita. Igual hasta se animan a probar la educación pública para sus hijos, si sospechan que están haciendo el primo metiendo a los principitos en esos colegios pijos y carísimos.