Trabajar cansa

Los 'casi españoles' de El Aaiún

"Somos sensibles al sufrimiento saharaui, pero también tenemos compromisos muy importantes con Marruecos. Debemos ser un país prudente." -Ramón Jauregui, Ministro de la Presidencia-

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Vista la prudencia extrema y la diplomacia exquisita con que el gobierno español ha respondido a la brutalidad policial en El Aaiún, sólo se me ocurre una forma de que los saharauis consigan que España se implique en el conflicto y condene los abusos marroquíes: que se saquen pasaporte español, que tomen la nacionalidad, a ver si así el gobierno los defiende cuando son reprimidos. Aunque vista la tibieza con que respondió antes a las agresiones a activistas y periodistas españoles, tampoco es muy esperanzador.

Si me refiero a la posible solicitud de nacionalidad –que evidentemente no desean, pues quieren ser saharauis y reconocidos como tales- no es sólo para denunciar la postura del gobierno español (que sigue esperando a "conocer exactamente los hechos" antes de hacer ninguna valoración), sino para subrayar la responsabilidad que el Estado español tiene con los saharauis.

No nos obliga la solidaridad, ni lazos históricos o sentimentales. Más allá de eso, y más incluso que la legalidad internacional o el proceso de descolonización incompleto, lo que nos compromete es que los saharauis están a sólo un paso de ser tan españoles como nosotros: a la distancia de un paso hacia atrás, pues lo fueron hasta hace poco –y muchos de los hoy reprimidos nacieron españoles-; pero también un paso hacia delante, pues pueden volver a serlo en cualquier momento. De hecho, miles de ellos han conseguido la nacionalidad española –no sin dificultades, hay que decirlo- desde el abandono de la provincia africana. Para ser más exactos, no la han conseguido: la han recuperado.

Cuando la huelga de hambre de Aminatu Haidar, el ministro de Exteriores le ofreció la nacionalidad española, para así darle un pasaporte con que desbloquear la situación. Y aunque pareciera un gesto humanitario, en realidad es un derecho que muchos han ejercido.

Esa españolidad en potencia de los ‘casi españoles’ saharauis, el que puedan ser de los nuestros con sólo un trámite administrativo, el que muchos conserven el viejo DNI, hace más impresentable la manera en que el gobierno se agarra a la realpolitik norteafricana.