Trabajar cansa

Los mercados nos desean feliz año nuevo

"El grado de austeridad necesaria para corregir los desequilibrios en Europa puede ser tan insostenible políticamente como en Argentina en 2001." -Informe de Perspectivas para 2011 de Moody’s-

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Tras las doce uvas me quedé con los ojos fijos en el televisor para ver cuál sería el primer anuncio del año. Esperaba que en cualquier momento aparecerían unos señores (a los que imaginaba gordos, con chistera y puro, según el tópico) que, levantando la copa de cava, dirían sonrientes: "Los mercados os deseamos feliz año nuevo a todos los españoles".

Puestos a buscar protagonistas del año pasado, ni la selección española, ni Julian Assange ni Rubalcaba han tenido tantas portadas, columnas, horas de tertulia y conversaciones de bar como los mercados, de los que ya hablamos en casa con la misma familiaridad con que nos referimos a Del Bosque o Belén Esteban. La famosa portada de Time eligiendo al hombre del año debería haber sido para los mercados, con más méritos que el fundador de Facebook.

Sin embargo, después de lo que hemos vivido juntos este año, no han tenido ni el detalle de mandarnos un christmas, y nos hemos quedado como el cazador del chiste, que se queja de que el gorila, después de haberlo sodomizado en la selva, ni le llama ni le escribe. No sabemos si es que los mercados no han llegado todavía a ese extremo de sadismo, o es que en el fondo, pese a no tener nombre ni rostro, sí tienen sentimientos, y ablandados por el espíritu navideño nos han dado una tregua. Lo cierto es que llevamos unas semanas sin noticias de ellos.

Nada extraño. Los mercados ni mandan postales ni felicitan las fiestas, y en realidad nunca les hemos oído decir una palabra. Lo hacen en su nombre sus portavoces oficiales y oficiosos, que también nos desean feliz año: el FMI, el BCE, la Comisión Europea, Angela Merkel, Moody’s, Standard & Poor’s, el Banco de España, los institutos de estudios, la patronal, la prensa económica…

Todos nos recuerdan que los mercados no se han olvidado de nosotros, y que tras las fiestas volverán, pues en la agenda tienen varias fechas inminentes marcadas en rojo: el Consejo Europeo de enero, la reforma de las pensiones, y los sucesivos vencimientos de deuda, cuando nos llamarán de nuevo, ya sin buen rollito navideño.