23-F: yo también estuve allí

“Cuando Tejero llegó se puso aquí al lado, así que fui el diputado que más cerca tuve a aquel individuo cuando disparó.” -José Bono, presidente del Congreso-

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¿Qué dónde estaba yo el 23-F? Pues en el Congreso de los Diputados, claro, como todo el mundo. Bueno, también estuve un rato en el Palace cotilleando con periodistas y militares, y luego me fui a la redacción para sacar el periódico del día siguiente, sin quitarme el transistor de la oreja.

Año tras año, conmemoración tras conmemoración, el recuerdo del golpe de Estado va destilándose en una colección de anécdotas y batallitas, que al final se contagian a la memoria de cada uno para que todos hagamos nuestro el recuerdo emocionante que cada año vuelven a contar los mismos protagonistas, añadiendo nuevos detalles para completar ese relato vibrante, narrativamente perfecto, que es la perla de nuestra peliculera Transición.

Visto el peso que el 23-F ha tenido en la cultura democrática española, uno piensa que si no hubiera existido, habría que inventarlo. El golpe fracasó, sí; pero nunca un fracaso tuvo tantos frutos, y Tejero, jugando el papel de malo de la película, se convirtió sin quererlo en uno de los padres de la democracia.

Aparte de regalarle al rey sus quince minutos de gloria que le han permitido vivir hasta hoy de las rentas de aquel día, el 23-F funciona como nuestro hito fundacional. Ya que el dictador murió en la cama, necesitábamos un episodio heroico para completar el relato de la Transición, y ahí está el golpe, con sus disparos, tanques, intriga y noche de transistores. Por no hablar, claro, de cómo el susto sirvió para centrar la democracia y vacunarnos contra cualquier tentación de sacar los pies del tiesto.

El 23-F ha quedado reducido a dos relatos que son en realidad el mismo, y que nos distraen de querer saber toda la verdad: la versión heroica, emocionante; y la versión humorística, con abundante anecdotario y un golpista zarzuelero con tricornio y bigote.

Como los nacidos en democracia no tenemos batallitas de aquel día, para que no decaiga el fervor deberían montar un parque temático sobre el golpe: un Congreso de cartón piedra con actores de uniforme y tricornio, donde poder sentirnos por un día héroes de la democracia, y decir “yo estuve allí”.