Que yo sepa, los terremotos no son radiactivos

“Es necesario un debate sobre seguridad, pero lo más calmado, serio y científico posible, porque son circunstancias muy extremas.” -Elena Salgado, vicepresidenta económica-

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Aunque perdían fuerza según llegaban noticias de Japón, todavía algunos insistían ayer en que la energía nuclear es segura, que las centrales han aguantado más de lo esperable, y que un megaterremoto es algo excepcional que no hay que tener en cuenta. No sé, no sé. Yo no soy técnico, pero digo yo que si una central se construye a pie de playa y en zona sísmica, debería contar con la previsión de un tsunami y tener sistemas alternativos, pero se ve que no.

Como el cuento de que el terremoto ha demostrado que la energía nuclear es supersegura va perdiendo fuerza según se libera radiactividad, pasamos al plan B: insistir en que no se puede hablar en caliente, y menos con circunstancias excepcionales que no son generalizables.

Digan lo que quieran, pero hay algo que sí ha quedado probado: que la presencia de la energía nuclear agrava las catástrofes. Porque ni el terremoto ni el tsunami son radiactivos que se sepa, y sin embargo en Japón, por si había poca destrucción, tenían un terremoto y ahora tienen una alerta nuclear, de la que no vale culpar a la madre naturaleza.

De hecho, los habitantes de Tokio apenas han sufrido el terremoto, pero están haciendo las maletas, pues la amenaza es otra. Cabe recordar lo que pasó con el tsunami de 2004, cuando las costas somalíes, alcanzadas por el lejano maremoto, quedaron contaminadas al reventar los barriles y contenedores de basura tóxica –incluido material radiactivo- que cientos de barcos habían tirado allí aprovechando el vacío de gobierno en el país. Los somalíes, que no han visto una central ni en pintura, descubrieron que la radiactividad agrava los desastres naturales.

Porque no hay que olvidar que el riesgo no está sólo en las centrales, sino más todavía en los residuos, que permanecen activos miles de años y su transporte y almacenaje está lleno de riesgos. Ya verán lo divertido que va a ser desmantelar los reactores de Fukushima.

Por mucho que les pese, es ahora el momento de abrir el debate. No dentro de tres meses, que es cuando cree Merkel que ya se nos habrá pasado el susto.