Trabajar cansa

Lo de Cataluña me pone malo

 

No sé ustedes, pero yo me estoy poniendo malo con las noticias que llegan de la sanidad catalana. Se me dispara la hipocondría cuando pienso en hospitales a medio gas, con quirófanos y plantas enteras cerradas, médicos sometidos a presión laboral y con los sueldos recortados, listas de espera disparadas y tijeretazos presupuestarios a discreción. Ya digo, me enfermo sólo de pensarlo.

Hace unos días los médicos pusieron números a la ofensiva de la Generalitat contra la sanidad pública. Un representante del hospital de Vall d’Hebron, por ejemplo, decía que este año el centro operará a 5.000 personas menos de lo habitual, que no es que hayan sanado de repente, sino que quedan en lista de espera. Lo mismo con los 1.200 pacientes que aguardan pruebas diagnósticas, en un hospital que ha cerrado 120 camas, y no por falta de uso.

Deberíamos ponernos todos malos con lo que está pasando, no sólo los catalanes. Porque lo que el gobierno de Mas está haciendo es un anticipo de lo que puede pasar en el resto de comunidades tras el 20-N. A diferencia de CiU, que no teme tanto el desgaste electoral (pues saque lo que saque no será muy decisiva en la próxima legislatura, con un PP con mayoría absoluta), en otras comunidades aguardan a que pasen las elecciones antes de meter mano a la sanidad, pero ya verán.

Porque además, lo de Cataluña puede ser visto por otros gobernantes como un ensayo general. Si hasta ahora creíamos que había líneas rojas que ni la crisis podía traspasar, en Cataluña se pisotean sin miramientos. Sí, con resistencia de trabajadores y ciudadanos, pero no tanta como para dar marcha atrás.

De paso que se deteriora la sanidad pública, nos machacan el mensaje de que el sistema es insostenible, que no puede financiarse, lo que abre la puerta a que luego nos cuelen el copago, una mayor participación privada y lo que haga falta, una vez todos convencidos de que esto no hay quien lo pague.

Sí, seguramente la sanidad tiene problemas de financiación. Pero es que la sanidad no es un negocio, no tiene que dar beneficios económicos ni vivir de sus propios recursos, sino dar beneficios sociales, sanitarios, que por supuesto cuestan dinero. ¿No rescatamos corriendo a bancos y grandes empresas cuando no se sostienen solos? Pues ya estamos tardando en rescatar a la sanidad pública. Y aquí lo dejo, que me sube la fiebre.