Trabajar cansa

Costumbrismo electoral

 

Los estrategas electorales no deberían quedarse en sondeos y estudios, y deberían salir más a la calle para hacer un poco de costumbrismo electoral: pegar la oreja aquí y allí, sobre todo en las zonas más sensibles, y así hacer eso que llaman "tomarle el pulso a la realidad". Verían lo acelerado que late.

Les dejo unas cuantas escenas que, sin mucho buscar, he visto en los últimos días. La primera es en un hospital público, en la cola para pedir cita: una cola enorme y lenta, mientras en el mostrador los trabajadores no dan abasto. El mal rollo va en aumento, y sólo hace falta una chispa: de repente, un funcionario se gira hacia su compañera, comenta algo en voz baja y los dos ríen, apenas unos segundos. Pronto se oye desde la cola: "Menos risitas, que estamos esperando". Otro se une: "Con tal de no trabajar, cualquier cosa". Y un tercero: "A estos los ponía yo a trabajar pero de verdad". La mayoría asiente.

Minutos después, una joven se despista con el formato de una sola cola para varios puestos, y avanza por el lateral. "Oye, tú, a la cola como los demás", le gritan. La chica no atiende el reproche y la funcionaria intenta explicárselo, pero no logra hacerse entender. Nuevas voces: "Qué pasa, que en tu país no hacéis cola o qué", "Siempre igual, los españoles a esperar y ellos los primeros", "Vete ya a tu puto país".

Última escena: un conductor me cuenta que, tras la última vuelta de tuerca en su empresa, ahora trabaja hasta doce horas diarias. Y añade la coletilla: "Para que luego digan los profesores que ellos trabajan mucho".

Así está el ambiente de enrarecido: ciudadanos furiosos que, en vez de quejarse de la falta de recursos de un hospital desbordado o del deterioro de sus condiciones laborales, dirigen su furia hacia el primer chivo expiatorio que se pone a tiro. Luego no extrañe el éxito de una Esperanza Aguirre que dice que los funcionarios son unos privilegiados y que los profesores trabajan muy poco; o un García Albiol pidiendo mano dura contra los inmigrantes. O Rajoy, que por lo que hemos visto en un video, piensa como un taxista cabreado.