Verdad Justicia Reparación

Fernando Mora, un retratista de la clase obrera madrileña, asesinado por los franquistas

Por José Luis López Sangüesa, presidente del Centro de Estudios Históricos Fernando Mora

Fernando Mora (1878-1936) fue un escritor vallecano muy célebre antes de la Guerra Civil y el genocidio franquista. Su figura, interesadamente sepultada y olvidada por los vencedores de la contienda en Madrid y Vallecas, ha sido rescatada recientemente por el historiador literario Miguel Ángel Buil Pueyo. Aunque, ya varias décadas antes, fue reivindicado por Federico Carlos Sainz de Robles (en su libro Raros y olvidados), y por Enrique Avilés Arroyo (en un artículo en el diario El País, un volumen de antología de relatos del escritor publicado por el Ayuntamiento de Madrid en 1987, y un artículo en la revista humanística Torre de los Lujanes de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País en 2003).


Literato republicano y masón, antitaurino y antimilitarista, Mora plasmó la cotidianeidad y las condiciones de vida del proletariado madrileño, principalmente vallecano, cuyo hablar desgarrado y castizo quedó reflejado en sus obras con gran realismo, crudeza, sinceridad y gracia.

Tomemos como ejemplo paradigmático de su obra El patio de Monipodio (1912), cuyo título parafrasea el Rinconete y Cortadillo de Cervantes. Se trata de un retrato coral de la vida de los vecinos del vallecano Barrio de Numancia, y describe algunas de sus calles y lugares públicos (como las tabernas, el Círculo Republicano de entonces, etc), de los que hoy es valioso testimonio documental. Un obrero republicano en paro, despedido de su empleo y rechazado por todos, se une a una banda de contrabandistas, que pretenden introducir alimentos en Madrid de forma clandestina para eludir el impuesto municipal de consumos, que gravaba mercancías de primera necesidad. Poco antes, la novia del protagonista, obrera en una fábrica de bombillas regentada por un tiránico patrono francés, ha engrosado una protesta de trabajadoras que será reprimida por la Guardia Civil. Los sentimientos amorosos ingenuos (típicos de la novela popular de entonces), tratados con una retórica lacrimoso-folletinesca y rosácea muy de la usanza de aquellos tiempos, se aúnan al testimonio realista-costumbrista de la vida de las gentes sencillas de la clase obrera vallecana de la época de Alfonso XIII, incluyendo una fuerte autocrítica de la izquierda: el "agitador" protagonista es marginado por todos, incluidos los miembros del apático Círculo Republicano, todavía herederos del trasnochado republicanismo conspirativo de Ruiz Zorrilla y el Doctor Esquerdo.

La estructura de la novela es arquetípica de la novelística popular de la época alfonsina: une folletín (las peripecias de los contrabandistas) y novela rosa (triángulo amoroso y "mujer fatal") a la denuncia social y la tradición realista dominante en la literatura española.

Por sobre la (irrelevante o accesoria) trama de esta novela, descuellan los veraces diálogos castizos y vallecanos, dentro de la tradición sainetesco-popular del siglo XIX-primer tercio del XX, y que muestran tanto el gran oído literario de su autor, como su real procedencia humilde y proletaria. Así, se amalgaman varias corrientes y géneros literarios muy queridos por el público popular de entonces: folletín, novela rosa, sainete, novela de costumbres, y novela social.

Pero fue en la novela breve donde más brilló el numen literario de nuestro autor. Así, en La bella de Cabestreros retrataba el Lavapiés obrero de la época a través de la vida de las cigarreras, trabajadoras de la Fábrica de Tabacos (hoy Centro Social Autogestionado Tabacalera de la calle de Embajadores). En ¡Viva el cieno! describía con implacable crudeza y extrema sordidez la corrupción generalizada de la sociedad española durante la Monarquía alfonsina, a través de la peripecia de un probo e ingenuo pequeño funcionario municipal recién jubilado.

Fernando Mora fue el novelista del pueblo madrileño, y muy especialmente, del pueblo obrero de Vallecas. Perteneció a una generación literaria (la de los Eduardo Zamacois, Joaquín Belda, Diego San José, Antonio de Hoyos y Vinent, Carmen de Burgos "Colombine", Manuel Ciges Aparicio…) que ha sido olvidada tras el exterminio franquista. Tuvo la desdicha de encontrarse en julio de 1936 en la Zaragoza sublevada. Acusado de masón, fue asesinado en noviembre del mismo año. Es nuestro deber reivindicar su memoria.

Varios activistas de la memoria histórica e historiadores hemos decidido fundar en Vallecas el Centro de Estudios Históricos Fernando Mora. A tal propósito, hemos lanzado recientemente un Manifiesto-llamamiento dirigido a los miembros de los movimientos asociativos, vecinales, el movimiento obrero, y las organizaciones del espectro político antifascista, republicano y popular, para que se integren en este proyecto común, sin ánimo partidista ni sectario alguno. La vocación de este Centro es la divulgación, investigación y activismo en torno a la historia y la memoria de las clases populares, de Vallecas, Madrid y el Estado español. Nuestro objetivo fundamental es contribuir a la preservación, reivindicación y reconstrucción de la cultura del pueblo, y asimismo a generar conciencia política y unidad obrera y popular en tiempos caracterizados por la destrucción cultural y el atentado abierto y desembozado contra los derechos sociales y servicios públicos.

De algún modo, el personaje de Fernando Mora es paradigma del olvido, la represalia sanguinaria y el vilipendio deliberado de la desmemoria vertido sobre los que lucharon por una sociedad mejor. También es representante de la tradición cultural y política popular de la España roja, esa misma España durante luengos decenios sepultada por el exterminio y la brutal dictadura de clase. Y, por lo tanto, representa los principios y objetivos que desde este Centro de Estudios defendemos. Desde nuestro Centro de Estudios Históricos Fernando Mora, bautizado en recuerdo de este escritor popular vallecano, hoy olvidado, invitamos a todos los que se sientan comprometidos con la causa de la Historia y de la memoria que pertenecen al pueblo, a participar en nuestras actividades: conferencias, coloquios, exposiciones, grupos de investigación y de defensa del patrimonio, y todo aquello que pueda confluir en un mayor vigor y vitalidad de nuestra propia cultura, identidad y conciencia en tiempos oscuros e inciertos.

Fotografía de Fernando Mora realizada por "Alfonso", y publicada en Mundo Gráfico en 1919, cedida por Miguel Ángel Buil Pueyo