Mil Cojos Manteca

16 Jun 2011
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Creen ser dueños del país y se han envalentonado, impidiendo entrar en los Parlamentos de la nación, además de insultar, vejar,  escupir, empujar, lanzar objetos y marcar espaldas con esprays.

Ha sido un verdadero tratado de sociología de cómo se puede perder en cuatro horas todo el crédito obtenido, sin posibilidad de recuperación.

Los demás españoles somos los que hemos pasado a creer que estos indignados no nos representan. Son la negación de la democracia y de cualquier sistema o antisistema que pretendan. Son meramente lemas y palabras vacías. Son, simplemente, unos incapaces para una mínima convivencia. Son lo rechazable. Son el anti-yo y el no-tú honestos. Son unos Cojos Mantecas revividos y de vía estrecha.

¿Qué dirían estos muchachitos y no tan muchachitos si unos nacionalistas vascos o unos chicos de la kaleborroka hicieran lo que ellos hicieron? No es lo mismo una pancarta que un espray o intentar quitar la correa del perro de un invidente. Ellos han lanzado gasolina sobre la concordia. Y sin que valgan las disculpas de que eran una minoría con la que no están conformes: a esas minorías que no aceptan hay que controlarlas y expulsarlas antes.

¿Cómo apoyarlos, cómo seguir apoyándolos cuando se constata y resulta que la verdad es que no han sido capaces de articular un proyecto que no desemboque en la nada y en las tópicas intenciones?

Mal llegados sean estos Cojos Mantecas resucitados al club de la violencia gratuita e innecesaria, que es la peor. Sus manos levantadas y agitadas ya no nos dicen nada, ya no representan a nadie más que a la estirpe de lo indeseable y el olvido. Desde hoy son ilegítimos e ilegales. Ya solo habrán legitimado la porra. Y encima le han dado la razón a los ultras y ultraconservadores que se niegan a cualquier movimiento de renovación. Han decepcionado a quienes luchan por ella. Pequeño pero triste el día de ayer para España y la democracia.