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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

Ojalá algún día Obama merezca el Nobel

09 oct 2009
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Siempre he sostenido mi asombro ante las enormes coincidencias entre la trama de El Ala Oeste de la Casa Blanca y el fenómeno Obama. Como uno cree cada vez menos en la casualidad, sospecho desde hace tiempo que fueron los inteligentísimos asesores de Barack Obama quienes copiaron a los inteligentísimos guionistas de la mejor serie política de la historia de la televisión. Lo contrario no pudo ser, porque los episodios en los que el fabuloso presidente Bartlet daba paso al primer presidente hispano (en lugar de negro) de Estados Unidos se rodaron antes de que Obama iniciara su carrera por la presidencia.

Se diría que la Fundación Nobel ha querido completar la conexión entre la presunta “revolución Obama” y El Ala Oeste. Lo único que le faltaba a Obama era tener un Premio Nobel. Bartlet, el de la ficción, era ya Nobel de Economía antes de ocupar la Casa Blanca. Obama ya tiene el de la Paz, cuando ni siquiera ha cumplido un año de presidencia.

Decisión disparatada

Más allá de las casualidades y el marketing televisivo e internauta, la concesión de este premio a Obama es disparatada. Uno admira a este individuo, capaz de emocionar e ilusionar a un pueblo en los momentos más graves desde la Segunda Guerra Mundial. Uno admira a Obama aunque sólo fuera por ser capaz de escribir “Los sueños de mi padre” y “La audacia de la esperanza” (siempre confiando, claro, en que no tenga un ‘negro’ que los escriba). Uno admira a Obama por sus discursos, siendo consciente de que el mayor mérito es de su equipo de redacción de discursos (como le ocurre a Bartlet en El Ala Oeste).

Ahora bien, no hay precedente de un Nobel de la Paz adjudicado a nadie por sus discursos. Como mucho, se ha concedido algún Nobel de la Paz por ciertos gestos, a veces dignos de mejor causa (lo recibió Kissinger, uno de los individuos que más golpes de Estado ha sugerido en el mundo). Hasta el momento Obama ha anunciado intenciones que para cualquier progresista resultan fantásticas: desde el desarme nuclear a la salida de Irak, el fomento del multilateralismo, la defensa de los derechos humanos, etc. Pero son anuncios. De hecho, el prometido cierre de la cárcel de Guantánamo aún no se ha producido. Y la instalación de bases militares en Colombia no casa muy bien con los merecimientos de un Nobel de la Paz.

En resumen. Si los Nobel premiaran una labor ejecutada y probada, hay bastantes nombres que merecen el de la Paz muy por delante de Obama. De modo que el único deseo que ahora podemos tener es que Obama, algún día, merezca de verdad el premio que hoy le ha regalado sin mayor fundamento el Comité Nobel noruego.

Los vuelos de la tortura

12 dic 2008
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Una de las primeras órdenes dictadas por los hermanos Kennedy en 1961, recién llegados a la Casa Blanca, fue la de asesinar a Fidel Castro. Con un rifle de mira telescópica, por envenenamiento en el desayuno o apuñalado. Los planes aparecen detallados en documentos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desclasificados entre 2003 y 2005. Eisenhower había autorizado 170 grandes operaciones encubiertas en ocho años de mandato; los Kennedy pusieron en marcha 163 en dos años y medio. “Operación encubierta” quería decir entonces y ahora “operación ilegal”, ya consistiera en matar a un político, sobornar a otro o derribar un régimen. Punto y aparte. La primera reunión oficial mantenida por Barack Obama el pasado 5 de noviembre, a las pocas horas de ser elegido presidente de Estados Unidos, fue con los responsables de la Seguridad Nacional. Pasarán probablemente 50 años hasta que se desclasifique el acta o la grabación de esa cita en Chicago, donde quizás Obama fuera informado en detalle sobre las operaciones encubiertas ordenadas por George W. Bush.

Lo cierto es que los inquilinos de la Casa Blanca, ya fueran demócratas o republicanos, han mantenido desde finales de los años cuarenta la peligrosa costumbre de utilizar la CIA para controlar palacios y alcantarillas en medio mundo. El respeto a los derechos humanos es algo que no encaja en la filosofía fundacional de la CIA. Por eso tiene prohibido actuar dentro de las fronteras norteamericanas, al menos oficialmente.

A partir del 11 de septiembre de 2001, el enemigo a batir ya no era un barbudo comunista ni un dictadorzuelo latino poco fiable, sino el terrorismo islamista y todo humano viviente mínimamente sospechoso de un parentesco lejano con los talibanes o con Al Qaeda. La Guerra contra el Terror declarada unilateralmente por Bush a raíz del 11-S consistía, entre otras muchas cosas, en aplicar el modelo de las operaciones encubiertas de la CIA al nuevo enemigo y a destajo. Disparar antes de preguntar. Detener primero y torturar hasta arrancar una confesión. Vuelos secretos. Guantánamo.

¡Señor, sí, señor!

El documento desvelado el pasado miércoles en el Congreso por el ministro Moratinos confirma el contenido de los papeles publicados por El País y demuestra lo que todo el mundo sabía: Aznar dio luz verde en enero de 2002 al aterrizaje en España de aviones norteamericanos que podían transportar a prisioneros detenidos ilegalmente en cualquier otro país. Añadió Moratinos que, a día de hoy, no hay pruebas de que las aeronaves del Pentágono o de la CIA que efectuaron escalas en aeropuertos españoles entre 2002 y 2006 llevaran dentro a secuestrados camino de Guantánamo. El ministro incluso justificó la autorización otorgada por Aznar bajo el paraguas de la OTAN y la ONU con motivo de la Operación Libertad Duradera contra los talibanes de Afganistán.

Ese último punto de la intervención de Moratinos dejó en el Congreso un aroma a pasteleo difícilmente justificable. A quien realmente perjudica el escándalo de los vuelos secretos es al Gobierno de Zapatero, que nunca autorizó las ilegalidades de Bush, pero que aparenta haber hecho la vista gorda a las escalas efectuadas durante su mandato. Por mucho que insista Moratinos, quizás con el objetivo único de no envenenar la relación con la Administración de Barack Obama, ni la ONU ni la OTAN arroparon nunca actuaciones contrarias al derecho internacional. Los documentos desaparecidos en Exteriores y hallados en el archivo del Comité Permanente Hispano-Norteamericano, ubicado en el Ministerio de Defensa, constatan los cabezazos de Aznar y de su ministro Piqué ante la petición concreta de Estados Unidos para que España colaborase en el objetivo ilegal de Guantánamo, cárcel repleta de individuos encerrados sin pruebas, sin asistencia legal, sin juicio previo y sometidos a torturas.

Aznar ya fue juzgado políticamente con la derrota electoral del PP y su apellido aparecerá en la ilustre compañía de Bush, Rumsfeld o Cheney cuando se desclasifiquen los documentos de la guerra sucia contra el terrorismo islamista. Si hubo o no responsabilidades penales lo decidirá la Audiencia Nacional. Entre tanto, los deseos de una gran amistad con Obama no deberían impedir que el Gobierno revise el Tratado Hispano-Norteamericano. Hoy no hay forma de controlar lo que la CIA transporta en sus aviones.

Entre Lennon y Serrat

14 nov 2008

Se llama Philip Falcone. Tiene 45 años, una lesión de rodilla de cuando jugaba al hockey profesional y un cerdo llamado Pickles con el que comparte apartamento en Manhattan. Es uno de los cinco “amos del universo” que han multiplicado en los últimos años sus ya imponentes fortunas a base de manejar hedge funds, fondos de alto riesgo que apuestan por la caída de valores bursátiles ligados a las subprime y a otros productos derivados, opacos y desregulados. Fan declarado de John Lennon, cree en el karma y en la energía positiva y lleva el corte de pelo y las gafas redondas del difunto beattle. Quizás hoy, sábado, 15 de noviembre, Falcone se afeite tarareando a Lennon con alguna pequeña variación: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras el G-20 se empeña en hacer planes para otra cosa”.

Advertencias o amenazas

Ni Falcone ni los otros cuatro jinetes del apocalipsis (Kenneth Griffin, James Simons, John Paulson y George Soros) parecen excesivamente preocupados por lo que pueda salir esta noche (hora española) del National Building Museum de Washington, donde se reúnen los líderes de las mayores potencias del mundo y de los países emergentes para analizar el origen de la crisis financiera global y establecer los principios comunes que permitan solucionarla y evitar nuevos colapsos en el futuro.

Por si a Zapatero, a Lula, a Gordon Brown o a cualquier otro socialdemócrata se le ocurriera llegar demasiado lejos en sus hipotéticas pretensiones de refundar el capitalismo, Falcone y sus cuatro colegas en el arte de la especulación lanzaron anteayer unas cuantas advertencias que sonaban a amenazas: primero, ellos no son culpables de nada; segundo, que nadie se pase de la raya en la regulación y vigilancia de los mercados financieros porque su negocio corre peligro; y tercero, si su negocio corre peligro, las cosas les irán muy mal a los millones de inversores de todo el mundo que han colocado la pasta en las mismas cestas.

Orgullosos del desastre

Aquí nadie se arrepiente de nada. Pero no ya los magos de las finanzas, sino tampoco los políticos que desde distintos rincones del mundo les facilitaron el suculento ejercicio. En vísperas de la cumbre que hoy se celebra, dos de los tres protagonistas de la vergonzante foto de las Azores, George W. Bush y José María Aznar, han lanzado mensajes dignos de un programa de humor negro. El casi ex presidente de Estados Unidos mostró una intensa emoción al desvelar que se equivocó al proclamar que quería a Bin Laden “vivo o muerto”. Se arrepiente de lo dicho, no de lo hecho. Ni de los miles de vidas que han costado sus decisiones de cowboy ni de su entrega absoluta a los principios del neoliberalismo ultraconservador. Bush sostiene que el capitalismo es poco menos que el paraíso y que ni se plantea “reinventarlo”. Menos mal que a partir del 20 de enero se dedicará a escribir un libro en el que, sin la menor duda, justificará todos los disparates de su presidencia. Sólo faltaba que las soluciones a la crisis dependieran de este genio.

Aznar, por su parte, ha debido de pensar que la autodefensa de Bush resultaba un poco endeble, así que envió ayer una carta a Le Figaro para defender la “herencia de libertad” que su amigo americano ha “regalado” al mundo.

No hacían falta tales advertencias, pronósticos y golpes de pecho para intuir lo que en realidad importa de la cumbre que hoy se celebra en Washington. Efectivamente, como dice Solbes, uno no se desayuna un café con churros y por la tarde refunda el capitalismo. Lo trascendente de la presencia de España radica exactamente en eso: formar parte del núcleo que a partir de hoy creará grupos de trabajo para concretar nuevas  medidas de regulación del sistema financiero. Las propuestas que Zapatero leerá durante ocho minutos recogen principios generales compartidos con la Unión Europea. No hay un discurso ideológico de defensa de la socialdemocracia frente al neoliberalismo. No considera que sea momento ni lugar. Quizás dentro de cien días, en la siguiente cumbre a la que ya asista Obama, del que también se espera más de lo que podrá dar.

Si hubiera que apostar por un resultado de la cumbre de Washington, sería lo más parecido a aquella canción de Serrat: “Un marco previo que garantice unas premisas mínimas que faciliten crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz, de este a oeste y de sur a norte…”

Hora de refundaciones

17 oct 2008

En la nómina de columnistas y tertulianos que atienden a la derecha se palpa un estado de ánimo intelectual que oscila entre la perplejidad y el cabreo. Uno de ellos (Ignacio Ruiz Quintano) arrancó hace cuatro días su colaboración en ABC con la siguiente sentencia: “El azar los trae y la lógica se los lleva. El azar del terrorismo nos trajo a Zapatero y el azar de la crisis nos trae a Obama (…) Muertos el comunismo y el capitalismo, viva la corrupción global”. No escarmientan. Pasarán más de mil años antes de que reconozcan la falsedad de esa miserable ecuación. Hasta Paul Krugman, flamante Premio Nobel de Economía, se lo ha explicado: “Los españoles no se intimidaron con las bombas terroristas; se rebelaron contra un Gobierno en el que no confiaban porque culpó a la gente equivocada y utilizó la televisión y la radio públicas para impulsar sus falsas acusaciones”. Han decidido Quintano y los federicos que, también “por azar”, un negro llegará a la Casa Blanca para solucionar la crisis económica. No porque McCain propusiera interrumpir la campaña electoral para dedicarse a analizar el hundimiento del sistema financiero; ni porque tenga pinta de vendedor de seguros jubilado o porque muchos votantes le consideren simple continuador de Bush, el presidente más impopular de la historia desde Truman. No. Obama ganará, si gana, por el puro azar de la más aguda crisis financiera.

Por accidente

Andan cabreados o perplejos quienes sostenían que Zapatero era un “presidente por accidente”, un perfecto inútil de sonrisa hueca que además soltó una patada en los testículos del emperador con la retirada de tropas de Irak. Ahora, por “el azar” de que el neoliberalismo se enfrenta a un espejo hecho añicos, resulta que Zapatero habla en francés con el primer ministro inglés y que tanto Gordon Brown como Sarkozy reclaman su presencia en la cumbre mundial que pretende refundar el capitalismo.

En la política del corto plazo, el PP y sus gurús intelectuales se ven obligados a “refundar” su estrategia. Después de perder un tiempo precioso negando que llovía cuando diluviaba, el Gobierno ha conseguido recuperar la iniciativa anulando además la sensación de que sólo había ocurrencias en lugar de medidas de calado. Ahora, esas medidas tienen el paraguas de foros internacionales en los que figuran los referentes máximos de la derecha española: Merkel y Sarkozy. Hasta el punto de que asistimos a una especie de mundo al revés en el que también la izquierda se siente un poco perpleja: Zapatero defiende con uñas, dientes y deuda pública a los insignes banqueros mientras Rajoy enarbola la pancarta de los derechos de las familias, los parados y las pequeñas empresas. Hay un problema de credibilidad que, en principio, desgasta más al líder de la oposición que al presidente del Gobierno: nadie se cree que Zapatero se dedique a favorecer a “sus amiguetes de la banca”, ni tampoco Rajoy da el perfil de máximo protector de los parados.

Pero al PP no le queda otra que agarrarse al paro. Ya no sirve decir que el Gobierno niega la crisis, que el presidente no pinta nada en la escena internacional o que no toma medidas. Esteban González Pons, alterado al saber que Zapatero puede acudir a una cumbre entre los máximos líderes del mundo, ha disimulado mal: “Zapatero debería asistir a una cumbre sobre el desempleo”. Pues qué bien.

Lo que importa

En la política del largo plazo, asistimos a uno de esos procesos que marcan un siglo entero (la revolución bolchevique, Munich, Yalta, Breton Woods, la caída del Muro…) con la diferencia de que ahora todo es global y se retransmite en directo. Para bien y para mal.

Sarkozy ha anunciado solemnemente una próxima cumbre de los líderes del mundo para la “refundación” del capitalismo. Dan ganas de responder como aquel personaje de Chesterton: “Yo me voy a dormir, avísenme cuando acaben”. Refundar viene a ser “dar nueva estructura, nuevos principios a una institución u organización”, según María Moliner. Trabajo no les va a faltar en esa cumbre. Y en otras diez si de verdad pretendieran no sólo revisar las funciones del Banco Mundial o del Fondo Monetario sino abordar un nuevo modelo capaz de poner coto a la pura especulación, a los paraísos fiscales o a la ingeniería financiera. Sería mucho más que “azar” que este crash lo consiguiera.

Haciendo el tonto

26 sep 2008

Ha dicho Mariano Rajoy en TV3 que Zapatero está “haciendo el tonto”. Para llegar a tal conclusión, el presidente del PP argumenta lo siguiente: “La situación económica es mala (…) Un presidente del Gobierno tiene que hablar bien de su país (…) pero a la gente hay que decirle la verdad: que hay una crisis muy importante que nosotros sufrimos en situación de más vulnerabilidad [que los demás países]. No decir la verdad es hacer el tonto, y supone engañarse y engañar a la gente”. Ni la Real Academia, ni María Moliner ni Manuel Seco, ni siquiera el Inventario general de insultos del sabio Pancracio Celdrán recoge una acepción de “tonto” que responda claramente a la que propone Rajoy, pero tampoco es cuestión de discutir su autoridad en la materia. Si no decir la verdad es hacer el tonto, el PP desarrolló la definición durante la última legislatura casi a tiempo completo, ya fuera a cuenta del 11-M, del Estatut o del proceso de paz.

En este caso, Rajoy critica a Zapatero por haberse paseado por Nueva York presumiendo ante empresarios y banqueros norteamericanos de que el sistema financiero español es uno de los más sólidos del mundo, y lanzando el mensaje de que nuestra economía está mejor preparada que otras para salir de la crisis provocada por el terremoto financiero en Estados Unidos y por el estallido de la burbuja inmobiliaria en España, siempre que los precios del petróleo no incordien excesivamente.

El diagnóstico

Después de haber perdido un tiempo precioso en marear la perdiz con el uso y significado de la palabra crisis, la verdad es que hace ya meses que el Gobierno admite que la situación económica es muy mala. Sería tonto y necio negar una evidencia que cantan, día tras día, los datos macro y micro de la economía. Esto nadie lo discute. Lo que se discute es el origen de los problemas y las posibles soluciones. El PP hace oposición, y por tanto se empeña en trasladar el mensaje de que Zapatero es el gran culpable de la crisis, por no haber abordado en los últimos cuatro años reformas estructurales, liberalizaciones, reformas laborales, privatizaciones, etcétera. Es decir, por no haber aplicado una política económica neoliberal. Claro, eso sí que podría considerarse “hacer el tonto” desde cualquier punto de vista: un Gobierno de izquierdas que aplica una política de derechas.

Pero resulta que los propios neoconservadores, norteamericanos o españoles, premios Nobel y analistas más o menos expertos reconocen que el origen esencial de la actual crisis financiera global está en Estados Unidos, en la macroestafa piramidal de las hipotecas subprime y en la clamorosa ausencia de un control estatal que pusiera freno a la codicia de los tiburones de Wall Street.

Andan ahora llorando para que el Estado, con el dinero de todos los contribuyentes, acuda en socorro de multimillonarios arruinados. Y lo van a conseguir, porque republicanos y demócratas coinciden en que será la única forma de evitar que se venga abajo todo el tinglado y el terremoto no arrase también con las cuentas corrientes y los sueldos corrientes de los ciudadanos corrientes. Siguiendo la argumentación de Rajoy, negar este origen de la crisis o pretender que la burbuja inmobiliaria española se la inventó Zapatero desde 2004 es sencillamente falso. Es “engañarse y engañar a los demás. O sea: “Hacer el tonto”.

Se pueden discutir las palabras exactas o si sobraban o no las irónicas alusiones de Zapatero a Sarkozy o Berlusconi en Nueva York, cuando se puso a sacar pecho por las fortalezas de España en comparación con Francia o Italia. Pero alguien que aspira a la presidencia del Gobierno no discutirá que un presidente tiene la obligación de recorrer el mundo intentando atraer inversores a su país.

Genios asesores

Mariano Rajoy debería encargar a sus asesores que escuchen los discursos que pronuncian Emilio Botín (Banco Santander) o Francisco González (BBVA) en Londres, en Nueva York o en Pekín, y buscar las diferencias con los mensajes de Zapatero. A ver qué encuentran. Los bancos y las grandes empresas españolas necesitan financiación exterior, y no tendría la menor gracia que lo que propagaran por el mundo fuera algo así como “no inviertan ustedes en España, porque aquello es un desastre absoluto, con un Gobierno que se dedica a hacer el tonto. Esperen ustedes cuatro añitos a ver si ganan los conservadores y ya hablamos”. Un mensaje, por cierto, que con escasas variaciones repite por ahí machaconamente José María Aznar, con un sentido del Estado perfectamente descriptible.

Por supuesto que aquí afrontamos también una mala situación financiera, pero es evidente que el modelo de banca comercial en España, con un negocio basado fundamentalmente en la captación y el préstamo de fondos, sin más ingenierías extrañas, nos aleja de los riesgos que han puesto en jaque a la economía más fuerte del mundo.
Si se trata de no “hacer el tonto”, el Partido Popular debería examinar también a fondo a los asesores de su candidato preferido para la Casa Blanca, con el objetivo prioritario de no repetir sus genialidades. La propuesta de John McCain de suspender la campaña y los debates para centrarse en la crisis económica pasará a la historia de la estrategia política como una de las más grandes tonterías escuchadas en una carrera presidencial. Barack Obama ha respondido con habilidad y cierto cachondeo: “Creo que un presidente debe ser capaz de hacer más de una cosa a la vez”. Pensar y comer chicle al menos, como dice el chiste. Alguien que aspira a dirigir un país, sea Estados Unidos o España, debe plantear soluciones a los problemas y convencer a la gente de que sus soluciones son precisamente las más acertadas. Todo lo demás es engañar a los demás o engañarse a uno mismo. O sea: “Hacer el tonto”.

La niña del exorcista aún tiene futuro

29 feb 2008

A los cuatro días de su nacimiento, la niña del alegato final de Mariano Rajoy en su primer debate con Zapatero ya reina en YouTube y en los teléfonos móviles. Recibe mil apodos, desde Rajoydi hasta Esperanza pasando por la niña del exorcista. No es seguro que el padre de la criatura haya sido Pedro Arriola, gurú demoscópico del PP, o Antonio Solá, asesor personal de Rajoy. O los dos juntos, porque la historia guarda muchas semejanzas con otras dos: la que incluyó el candidato demócrata norteamericano Barak Obama en su ya célebre discurso de New Hampshire, y un spot electoral de Cristina Fernández de Kirchner durante la campaña que la llevó el año pasado a la presidencia de Argentina. Obama hablaba de “las esperanzas de la niña que va a una escuela que se cae a pedazos en Dilon” y doña Cristina narraba el nacimiento y evolución de Dolores Argentina, una pequeña que llega al mundo durante la peor crisis económica de ese país, en 2001, y va observando cómo a lo largo de su niñez se van resolviendo todos los problemas gracias a la gestión de Néstor Kirchner, el marido de la susodicha.

Ya no sorprende que el PP haya bebido de diversas fuentes para alumbrar ese tragicómico relato en el que su candidato, mirando a la vez a los papeles, a la cámara y a un reloj colgado a su izquierda, dice que quiere que esa niña nacida en España “tenga una familia, una vivienda y unos padres con trabajo. Que se pueda pasear por todo el mundo sin complejos, porque sabrá idiomas…”. Y no extrañan las semejanzas porque también han copiado propuestas de Sarkozy y de Merkel y hasta vídeos mexicanos. Lo que se llama un talento natural para la originalidad en el marketing político.

De miedo

Sin embargo, en el contexto del primer cara a cara entre Zapatero y Rajoy, parece más adecuado el paralelismo con aquel terrorífico personaje interpretado por Linda Blair en El exorcista. De la película dirigida en 1973 por William Friedkin, nominada a diez Oscar y basada en hechos reales, todos tenemos grabada en nuestro disco duro de la memoria la escena en la que la niña Regan, presuntamente poseída por el diablo, hace girar su cabeza como una peonza al margen del resto del cuerpo, con los ojos inyectados en sangre, brazos y piernas temblando espasmódicamente… Vamos, un horror absoluto. Como absoluto era el suspiro de toda la sala cuando la niña se quedaba ya tranquila y cada miembro del cuerpo regresaba a su posición natural. Así de relajado se quedaría un espectador poco avisado después de ver a Rajoy acusando a Zapatero durante hora y media de todos los males que en España han sido, incluso de algunos otros en el extranjero. La historia de la afortunada niña permitía irse a la cama con la idea de que el demonio había sido por fin expulsado del plató.

En el PP, consideran que el debate fue un éxito, a pesar de que esos noventa minutos fulminaran los tímidos intentos de Rajoy en los primeros días de campaña por aparecer como un líder moderado y centrista. El lunes, Rajoy salió a ganar pertrechado con el mismo armamento que ha utilizado durante toda la legislatura. En el PSOE, reconocen que Zapatero debió mostrarse más contundente en las respuestas, pero también confían en los sondeos que auguran una alta participación y una tendencia al alza del voto útil en la izquierda.

Lo cierto es que los mítines han perdido interés y la campaña gira casi exclusivamente en torno a los debates. Nadie cree que hagan cambiar el voto, pero sirven para algo fundamental: reforzar o dilapidar la credibilidad de un candidato ante los indecisos o los perezosos. El próximo lunes, Rajoy está obligado a compensar los excesos del debate anterior y a comportarse como hombre de Estado, capaz de plantear propuestas de futuro. Esta vez, será Zapatero quien abra cada bloque de contenido, y por tanto puede marcar la iniciativa en el tono y los asuntos concretos. Rajoy cerrará el debate sin  variar el fondo de su mensaje: “Yo o el caos”.

Las películas basadas en hechos reales suelen fallar precisamente en la exageración absoluta de lo ficticio. Ese truco sólo da resultados en el género de terror. Y los ciudadanos, ante un aluvión de malos augurios, tienden a hacerse algunas preguntas sencillas: ¿pero yo vivo mejor o peor ahora que hace cuatro años? ¿Y este candidato me inspira confianza o no? Sus propias respuestas influyen mucho más en el voto que un mareo de cifras mejor o peor maquilladas. La mayoría de los ciudadanos vota, como proclama el PP, con cabeza y corazón, y en los momentos más trascendentales que hemos vivido en democracia la gente ha votado con todas sus fuerzas, como sostiene el PSOE, y con toneladas de sentido común. La niña del exorcista puede dormir tranquila. Aún tiene futuro.