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OPINIÓN

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La ciencia atacada

25 Sep 2010
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Desde la época de Giordano Bruno y Galileo, los ataques más furibundos a la ciencia han provenido de la Iglesia, en particular aunque no únicamente, de la católica. Sin embargo, últimamente los enemigos se están diversificando. Causa escalofríos que se esté organizando un congreso mundial de espiritología en Valencia; nos llena de estupor que en las farmacias se anuncie la venta de productos homeopáticos y nos inquieta que esta patraña, la homeopatía, se esté considerando introducirla en la Seguridad Social; sin embargo nada de lo anterior nos provoca sorpresa porque venían prosperando desde hace tiempo.

La novedad ha surgido del ataque mucho más violento y bien organizado que ha sufrido el Panel Internacional sobre el Cambio Climático. Una comunidad de miles de científicos que han trabajado intensamente sobre uno de los problemas globales más apasionantes de diagnosticar y tratar, se ha visto colocada en el punto de mira de un periódico tan serio como The New York Times. Se sospecha fundadamente que tal arma ha estado montada y cargada por corporaciones y grupos de intereses enormes y muy bien definidos. Consideran, con razón, que se verán fuertemente perjudicados por las medidas que habrá que tomar para paliar las consecuencias del calentamiento de la atmósfera. Periodistas, políticos, científicos, hackers informáticos y espías profesionales han sido convencidos o contratados para el asalto en toda regla que ha sufrido el panel de la ONU.

¿Qué ha de hacer la comunidad científica en estos casos? Defenderse como pueda, sin duda, pero teniendo en cuenta lo aprendido con los ataques eclesiásticos y de las pseudociencias: que esas batallas están perdidas de antemano, pero que la victoria en la guerra contra el oscurantismo es segura. O sea, que la ciencia ha de hacer su trabajo y poco más. De nada sirve demostrar que la homeopatía no puede ser más que efecto placebo, de nada sirve atacar el ocultismo y el poder de los espíritus, de nada sirve clamar que Dios no es necesario para explicar el universo. Lo que vale, por ejemplo, es manipular genéticamente unos embriones para que una madre sencilla de Huelva conciba un chaval que salvará a su hermano de una muerte segura terminando ambos saludables y unidos por vínculos seguramente más fuertes que los fraternales. Y, además, llevada a cabo la obra maestra de forma gratuita en la Seguridad Social. Esos padres están ganados para siempre en la guerra de la ciencia contra la ignorancia y los intereses bastardos. Ese es el camino.

Desafío a Frabetti

11 Sep 2010
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Las matemáticas en India, como en algunas otras culturas, se desarrollaron al socaire de la astronomía, y ésta y la astrología aún estaban tan imbricadas que se complementaban. Uno de los matemáticos más sobresalientes de la antigüedad fue Bhaskara II también conocido como el maestro y el sabio. Había nacido en 1114. Su obra está recogida en tres libros fascinantes: Lilavati, Bijaganita y Siddanta Siromani. Tan apreciado y famoso era Bhaskara que hasta Fyzi, el gran poeta de la corte del emperador Akhar, dejó poemas y escritos dedicados a él. En uno cuenta que Lilavati era la hija del matemático y la razón por la que tituló su obra principal con su nombre.

Cuando nació su hija, Bhaskara consultó sobre su futuro a sus amigos astrólogos. Todos vaticinaron que jamás se casaría. Sólo uno entrevió en su horóscopo una posibilidad. Siempre que viviera cerca del mar y no dejara pasar la época y el momento propicios, Lilavati matrimoniaría felizmente. Apenas la joven entró en edad de merecer, Bhaskara, ya viudo, se trasladó con ella a un lugar apropiado para favorecer el vaticinio. Todo marchó bien, porque un joven apuesto y de buena posición se enamoró de ella y pidió su mano. Las familias fijaron dotes, fecha y hora del casamiento.

Los relojes de la época eran de agua y el que Bhaskara tenía en su casa era del modelo más exacto. Un bien elaborado cilindro rematada su base en forma cónica y flotando en un recipiente de agua tenía como principal mecanismo un agujero en el fondo. Por él se inundaba lentamente hasta que se hundía tras un preciso intervalo de tiempo. El día de la boda, engalanada como su alta posición y alegría exigían, Lilavati miraba a menudo y ansiosamente el cilindro deseando que llegara la hora de partir con su padre hacia el templo donde se celebraría la boda. Una perla se desprendió de su vestido, cayó en el cilindro y obstruyó el orificio. El reloj se detuvo. Bhuskara, con gran pena, concluyó que la hora propicia había pasado porque era inútil luchar contra el destino. Aunque los familiares del novio insistieron en celebrar una nueva reunión para fijar otra fecha y hora, no hubo lugar porque el joven huyó presa de la vergüenza y el deshonor. Bhaskara, para consolar a su hija, le dijo que escribiría un libro de matemáticas tan bello y perdurable que las generaciones futuras la recordarían más que si hubiese tenido muchos hijos.

Esta columna, con benévola intención es una intromisión en el mundo de nuestro caro matemático y escritor Maestro Frabetti. Se ha hecho a modo de desafío, porque le reto con ella, para deleite propio y de los lectores, a que nos cuente un avatar en la historia de las matemáticas tan bello como el de la infortunada Lilavati.