Operación Madrid Nuevo Norte, el retorno de la burbuja

28 Jul 2017
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Mario Espinoza Pino (@MarioEspinozaP) ,
Instituto DM

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Corría el año 2015 y Manuela Carmena acababa de estrenarse en el gobierno del municipio madrileño. Por aquel entonces, cuando se le preguntaba por la Operación Chamartín, hoy bautizada como Madrid Nuevo Norte, la flamante alcaldesa solía señalar que la contrucción masiva de vivienda y los macro proyectos eran cosa del pasado. La ciudad debía tomar un nuevo rumbo. Además, el peso de la vivienda vacía en Madrid era excesivo, de manera que lo más sensato era enfocar las políticas urbanas en la rehabilitación y mejora del parque existente antes que embarcarse en un nuevo delirio inmobiliario. La “nueva política” parecía tener otro modelo de ciudad, uno alejado del viejo urbanismo del pelotazo.

 

El discurso de Carmena no sólo era consecuente con el devastador paisaje legado por la burbuja, sino que se fundaba en uno de los compromisos fundamentales del programa político de Ahora Madrid: impulsar la paralización de la Operación Chamartín, la auditoría de los acuerdos firmados con entidades públicas o privadas y la apertura de un proceso que habría de contar con el tejido asociativo para buscar alternativas. Tan decidida parecía la posición de la alcaldesa, que en un año después, tras presentar una profunda revisión del proyecto -Madrid Puerta Norte-, el Ministerio de Fomento le exigió públicamente una “reflexión” sobre la situación de la operación, ya que su nueva propuesta se apartaba tanto del plan inicial que no satisfacía ni a Adif -propietaria del grueso de los terrenos- ni a DCN (Distrito Castellana Norte), es decir, a sus socios mayoritarios, el BBVA y el grupo San José. De hecho, el concejal del área de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, llegó a decir -con tono lapidario- que “La operación Chamartín, en los términos en que está planteada, ha muerto”. El urbanismo madrileño parecía decidido a pasar página.

 

Saliendo al paso de las críticas del establishment y respondiendo el requerimiento del Ministerio, la alcaldesa aclaró lo que pensaba sobre la Operación Chamartín en un artículo para el diario El País (Construyamos el futuro). Allí afirmaba que la vieja operación pertenecía a otra época: – “Estábamos en plena rampa de lanzamiento de la burbuja inmobiliaria. En aquel momento valía todo”. Por tanto, había que superar el axioma de “caballo grande, ande o no ande” e ir más allá de un plan que, a todas luces, siempre había sido un “mal plan para Madrid”. La revisión del proyecto presentada por el Ayuntamiento rebajaba el número de viviendas de 17.700 a 4.600, casi una cuarta parte del plan inicial de DCN. También reducía prácticamente a la mitad la edificabilidad de la Operación Chamartín. Aunque mejorable, el proyecto liquidaba de un golpe las ínfulas faraónicas de la vieja macro operación: el traslado de las cocheras de la EMT, el volcado de una ciclópea masa de hormigón sobre las vías (con unos 250 millones de euros de coste) o el traslado de los depósitos del Canal de Isabel II. Además se obtenía una sensible cantidad de suelo dotacional (259.350 m2) y el planeamiento de la operación volvía a manos públicas.

 

Sin embargo, ayer la realidad nos regalaba una singular un fotografía: Manuela Carmena, Íñigo de la Serna -Mnistro de Fomento del Partido Popular- y Antonio Béjar -presidente de DCN- firmando un acuerdo para “desbloquear” -por fin- la operación. Un acuerdo que poco tenía que ver con el proyecto presentado por el ayuntamiento, mucho menos con el programa político de Ahora Madrid. Más que un “caballo grande”, un verdadero elefante. Pero ¿qué ha podido suceder para que el Ayuntamiento haya dado luz verde a un nuevo pelotazo?.

 

El secreto está en los números

 

A finales de marzo, el sobrinísimo de Manuela Carmena –Luis Cueto– declaraba en una entrevista que el acuerdo para desbloquear la Operación Chamartín iba “en buenísima dirección”: “Todo el mundo sabe que el secreto de esta operación es que salgan los números”, señalaba. Pensando en el Brexit, el coordinador de alcaldía presentaba este proyecto como la “gran carta” que el ayuntamiento debía jugar para atraer a los inversores londinenses, se trataba de diseñar “la oferta inmobiliaria más atractiva de la Europa de los próximos años”. Tras echar un vistazo al acuerdo firmado por el consistorio, el Ministerio y DCN, Madrid Nuevo Norte, quizá convendría hacerse algunas preguntas. Sobre todo en relación con los dichosos números ¿A quién sonríen las cifras de este nuevo acuerdo? Por ahorrar incertidumbres: muy poco a la ciudadanía y muchísimo a Adif, BBVA y el grupo San José.

 

Mientras que el plan Madrid Puerta Norte preveía un número máximo de 4.600 viviendas, Madrid Nuevo Norte aumentaría el volumen hasta 11.000, más del doble. Tal y como señalan Ecologistas en Acción en un reciente comunicado, la edificabilidad se triplica en el nuevo acuerdo: de 675.692 m2 construidos se pasaría a la escalofriante cifra de 2.830.000 m2. El negocio y el lucro especulativos están más que asegurados. Por otra parte, si uno de los puntos fuertes del antiguo plan del ayuntamiento era terminar con las obras millonarias y accesorias previstas en Operación Chamartín, la nueva hoja de ruta vuelve a asumirlas en bloque, rompiendo así con cualquier forma de urbanismo sostenible: no sólo se retoman el traslado de las cocheras de la EMT y el de los depósitos del Canal de Isabel II, sino que se insiste en cubrir de hormigón buena parte de las vías del tren.

 

De los casi 3 millones de m2 edificables 1.100.000 m² se destinarán a uso terciario, presumiblemente a las oficinas que darán vida al “proyecto estrella” de Madrid Nuevo Norte: una City financiera. ¿Qué significa de facto la construcción de este nuevo distrito dedicado a las finanzas y los negocios? Para empezar, la continuación del modelo urbano legado por el partido popular, un modelo neoliberal donde la ciudad y su corona metropolitana se encuentran nítidamente segregadas y dualizadas: en el norte los distritos y zonas de mayor renta, con mejores servicios, parques de oficinas y negocios de élite, en el sur y el sureste macrovertederos, incineradoras y acumulación de vivienda social. No está de más recordar –tal y como lo hace un informe encargado por el propio ayuntamiento– que Madrid es la capital más segregada de Europa, un cuestionable récord agudizado todavía más por su índice de desigualdad: después de Atenas sería el territorio más desigual dentro del entorno europo. Si a este cóctel le sumamos los problemas actuales derivados de la turistificación del centro y la subida del alquiler, el resultado de la operación Madrid Nuevo Norte será acrecentar las contradicciones de una ciudad polarizada y fracturada.

 

El viraje político de Ahora Madrid

 

Tras echar un vistazo a los números del acuerdo firmado por el consistorio de Manuela Carmena, el Ministerio de Fomento y DCN, no cabe duda de que el viraje de Ahora Madrid en materia urbanística ha sido radical: de promover la rehabilitación y atajar el impacto de la antigua Operación Chamartín a impulsar un pelotazo digno de Ana Botella. O no tanto, porque ni siquiera Botella se atrevió a aprobar el proyecto durante su legislatura. Está claro que lejos de apostar por un nuevo modelo de ciudad -cuyas directrices se encuentran en el programa de Ahora Madrid-, el ayuntamiento ha preferido insistir en el viejo modelo inmobiliario español: macro proyectos, aumento desmesurado de la edificabilidad de los terrenos, obras faraónicas y especulación. Una especialización económica saturada de externalidades negativas.

 

Pero ¿Cómo interpretar este giro político? ¿Estamos ante el síntoma definitivo del envejecimiento -esto es, normalización e integracion en el establishment- de la “nueva política”? ¿Ante su adaptación a las lógicas económicas y políticas tradicionales que gobiernan territorio? Si despegamos un poco la vista de Madrid, tomando perspectiva, y analizamos los últimos movimientos de Podemos -su nueva estrategia de pactos con el PSOE- bien podría parecer que es así. El ocaso de un ciclo que comienza a cerrarse a fuerza de pactos políticos y financieros.

 

No deja de sorprender el contraste entre los seis rascacielos proyectados en Chamartín -algo que Rogers y Smithson, arquitectos al frente del proyecto, no desmienten– y las necesidades habitacionales que sacuden el municipio madrileño. Una postal claramente termidoriana si pensamos en el ciclo de movilizaciones inaugurado por el 15M y sus demandas. La sorpresa se amplía cuando descubrimos que en la operación Madrid Nuevo Norte se está pactando con el presidente de Adif, Juan Bravo, todo un “mago de las finanzas” citado a declarar en la Comisión de investigación del ayuntamiento por los sobrecostes de la Calle 30. Lo que está claro es que dar el visto bueno a este proyecto supone un antes y un después para la política “del cambio”. Se cruza una verdadera línea roja. En lugar de llevar a cabo una política urbana centrada en la regeneración y la rehabilitación, impulsando el derecho a la ciudad de la mayoría, tal y como aparecía en los compromisos electorales de Ahora Madrid, lo que parece haberse rehabilitado en el ecuador de la legislatura es el modelo de la burbuja inmobiliaria. Cristina Cifuentes, que antes de fin de año aprobará su nueva Ley de Suelo, debe de estar respirando complacida.

 


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