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85 días

23 feb 2009
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“A ver cuánto tardas en escribir una columna de listas”, me profetizó un amigo cuando le informé de que comenzaba a escribir esta columna. Hace de esto 85 días.

Según me comentó este caballero, todo columnista usa en alguna ocasión el recurso fácil de confeccionar una lista de filias y/o fobias. Algo así como si te contara que odio poner una radiofórmula y escuchar por enésima vez Every breath you take, Faith o I want to break free, porque me las han hecho aburrir. Porque creo que el uso de consultoras que les dictan lo que supuestamente el público quiere escuchar las ha convertido en una brasa repetitiva y adocenante. O que no me gusta darle mi nombre a los del Starbucks para que me avisen luego en voz alta al entregarme el café, y les doy nombres falsos. Es por eso que un día nos sirvieron a un amigo y a mí como “señor Ortega” y “señor Gasset”. Que me enfurece que me llame por teléfono una grabación para venderme algo. O que lo haga a horas intempestivas, porque la oficina que han subcontratado para realizar este trabajo está en la India. Que cuando alguien gira sin poner el intermitente delante mío pienso en un AK-47, un arma tremendamente efectiva y de fácil manejo. Que me da pena cuando alguien entra en un sitio sin saludar. O cuando no me devuelven el saludo cuando entro yo, especialmente si el sitio es una tienda. O que me molesta que un vendedor me trate como si fuera retrasado mental por no conocer tan bien sus productos como él. Que me indigna que el doctor del seguro no me trate como merezco porque se le acumulan las visitas y quiere sacarse faena rápido. Que opino que la frase “y lo bueno es que aparcas donde quieres” debería prescribir ya y no poder usarse en las conversaciones entre motoristas.

Nada, que he tardado 85 días.

‘Fairlengehender-Payments’

16 feb 2009
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Me cuenta un amigo que la empresa en la que trabaja ha anunciado beneficios. Sin embargo, hace unas semanas, me explicaba cómo la misma empresa había echado a la calle a unos cuantos de sus compañeros y reducido el sueldo de los que aún siguen allí.

Mi amigo se halla estupefacto e irritado, y se siente alterado, molesto, inquieto y nervioso. Presenta un curioso tic que le hace alzar el dedo corazón de una mano y es probable que también sufra algún tipo de prurito en la zona genital que le lleva a agarrarse simultáneamente los testículos con la otra mano. He intentado hacerle entrar en razón. No debe haberse informado bien. Quizá no se ha enterado de que vivimos una crisis global, que afecta a todos y cada uno de nosotros. Individuos físicos y jurídicos. No sólo a los currantes, sino también a las empresas y corporaciones que, sin duda, han renunciado a sus beneficios habituales. Es más, no sólo han renunciado a dichos beneficios, sino que la mayoría de sus directivos han dejado de cobrar bonificaciones, comisiones, incentivos, pluses, bonus o como le llamen (propongo un nombre inventado: Fairlengehender-Payments).

Han agotado todos los planes necesarios de reducción de gastos, eliminado todo lo superfluo, constreñido el margen de beneficio hasta el mínimo. Han aplicado en el engranaje preciso de la estructura empresarial los fondos de ayuda gubernamental, en caso de recibirlos. En definitiva, han hecho lo indecible hasta que la
inaguantable situación coyuntural les ha llevado a un callejón sin salida. Y la obligación les ha arrastrado amargamente a la decisión final de tener que llevar a cabo esos despidos que me comentabas. Infórmate correctamente, querido amigo. Porque NO puede ser de otra manera.