El turismo que consume a un país

Tras las acciones de protesta de Arran en Barcelona y Ernai en Donosti contra el turismo, se han encendido todas las alarmas. Es triste, pero cada vez más, uno tiene la sensación de que este tipo de actos son necesarios para, al menos, ser escuchado. Lo triste, es que se criminaliza a quienes quieren salvar las ciudades mientras quienes las destruyen se van de rositas.

Lo hemos hecho con las tierras, los bosques, lo mares… ¿por qué las ciudades iban a ser diferentes? El capitalismo depredador arrasa con todo y con tod@s. No tiene freno, parece imparable. De vez en cuando, surgen personas como Arran, Ernai o ‘Lavapiés ¿dónde vas?’ para hacer un llamamiento a la cordura, para reclamar sensatez.

La sobreexplotación del turismo está acabando con las grandes ciudades, convirtiéndolas en una suerte de parques temáticos en los que el único espacio que hay para l@s residentes es el de trabajador@s tan sobreexplotad@s como su ciudad. El año pasado vinieron a España más de 75 millones de turistas extranjeros y la pregunta, sin ni siquiera pensar en l@s vecin@s, es, ¿tenemos capacidad para absorber esa cantidad sin bajar en calidad? Y la pregunta, a las claras, es NO.

Las calles de ciudades como Madrid, Barcelona, Donosti, Málaga… se convierten en auténticos hormigueros por cuyas vías principales apenas se puede caminar… sencillamente, un@ se deja llevar por la corriente y camina y camina (porque el transporte público es un infierno) para llegar, finalmente, a una cola interminable en algún museo.

Entonces, ¿por qué sigue aumentado año a año el número de turistas que recibimos? ¿Acaso es porque el sector turístico ha innovado? No, en absoluto. Sencillamente, somos baratos. Ese es el modelo de competitividad de nuestro país. ¿Quiénes son l@s grandes damnificad@s? L@s trabajador@s.

¿Cómo se explican si no que en 2016, con esos cerca de 75 millones de turistas extranjeros y los más de 77.000 millones de euros que nos dejaron, el sector de hostelería sea el peor pagado de todos? No hace falta ser un fiera con las cuentas para deducir que alguien se está enriqueciendo mientras l@s trabajador@s cada día se hunden más en el lodazal de condiciones indignas.

Considerando este incremento tan exponencial de ingresos en la hostelería, ¿cómo es posible que los costes salariales de este sector continúen descendiendo cada año? Verán que este artículo está plagado de preguntas. Si las van respondiendo ustedes mism@s, a media que avanzan en la lectura, verán las ganas que les entran a sumarse a Arran y a movilizarse, porque como ellos mismo dicen, “quien no se mueve no siente las cadenas”.

Es cierto que hay representantes políticos, como Ada Colau, que sí son conscientes del grave problema que supone la gentrificación, pero es un caso aislado. Hoy más que nunca hacen falta polític@s valientes que aborden esta amenaza de un modo coherente, cortando el paso a la sobreexplotación que realizamos de nuestras ciudades, de nuestr@s trabajador@as. No se trata de acabar con el turismo, del que nuestra economía depende de un modo desproporcionado gracias a la ineptitud de los Gobiernos que han pasado por La Moncloa, sino de remodelarlo. De lo contrario, mataremos a la gallina de los huevos de oro para un@s, y de las migajas para otr@s.

Por eso, personalmente, aplaudo a todos esos colectivos que, asumiendo las consecuencias legales que pueda acarrearles, se echan a la calle y realizan, como indican, “acciones mediáticas para poner el debate sobre la mesa, porque el turismo explota y nada ha cambiado”. Los medios internacionales ya se han hecho eco de estas protestas y la patronal, con sus medios de comunicación asociados, las han criminalizado cuando las tropelías vienen, precisamente, de su flanco.

Lo único que puede hacer que no suceda esto, que no se criminalice a quienes, en realidad, velan por nuestro bienestar es que nos sumemos a su causa, veamos la amenaza que se cierne sobre nosotr@s. Esa amenaza ya es real, ya está aquí y ya impide alquilar una casa en el centro de una de estas ciudades sin pagar precios absolutamente desorbitado. No se dejen manipular cuando quienes se están enriqueciendo criminalizan a las víctimas; identifiquén quiénes son realmente los criminales.