Justicia a saltos de rana

Día a día, el PP se va convirtiendo en un fenómeno cada vez más inverosímil. Algunos amigos desde el extranjero me preguntan si nuestro gobierno es real o se trata de un experimento. Un corresponsal italiano me contó el otro día que, para meterse en la mitad de charcos en los que se ha metido el gobierno de Mariano en los últimos años, la Democrazia Cristiana había necesitado la ayuda de la Mafia, de la Camorra, de la Cosa Nostra y de las Mamma Ciccio. Le expliqué que los charcos del PP llevan ranas incorporadas, toneladas de ellas. De hecho, algunos de los charcos ya no tienen ni agua.

El oportuno símil de los batracios lo inventó Esperanza Aguirre, el hada madrina de la formación, una mujer cuyo toque de varita convierte instantáneamente a todos sus colaboradores en sapos de cinco verrugas. El éxito de estas aguerridas metamorfosis culminó el lunes, cuando la lideresa, en un alarde de temeridad, se tocó su propia mano con la varita y por poco se pone a croar allí mismo. Otros magos hacen desaparecer a sus ayudantes o a voluntarios del público, pero Aguirre se ha metido en una caja y se ha desaparecido a sí misma. Es la tercera vez ya pero los madrileños temen que regrese a tamaño gigante entre las nubes de la capital, como la madre de Woody Allen en Edipo reprimido.

Hablando de ranas y de experimentos, lo que ha hecho el PP con la justicia en estos últimos tiempos se parece bastante al célebre síndrome de la rana hervida con el que Olivier Clerc ilustraba la escalada de violencia contra los judíos en la Alemania nazi. En efecto, si se arroja una rana a una olla de agua hirviendo, la rana pega un salto y se escapa viva; pero si se arroja la misma rana a una olla de agua fría y se va subiendo la temperatura gradualmente, entonces acabará cocida. Los judíos -y cualquiera con dos dedos de frente- hubieran salido pitando de Alemania si Hitler hubiera empezado la fiesta por los campos de exterminio. Pero fueron prudentes, empezaron con prohibiciones y con vetos, y cuando quisieron darse cuenta, ya estaban todos en la olla.

Aquí empezamos con unos mensajes de ánimo del presidente del gobierno a Bárcenas, continuamos con la reunión de un imputado llamado Rodrigo Rato en el despacho del ministro del Interior, seguimos con la reunión entre el hermano de González y el segundo de Interior, y terminamos con el descubrimiento de la amistad íntima entre el ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el conseguidor Ignacio González. “Ojalá se cierren pronto los líos” le escribió Catalá el pasado noviembre, en un pasado imperfecto donde él todavía no era ministro y su amigo todavía no usaba pijama a ranas. Digo, a rayas.

Los líos, decía Catalá. Como si fuese un hotel. La temperatura sube de cien grados cuando Ignacio González, en plan de broma, le pregunta a Enrique Cerezo: “Mira yo estoy hasta los cojones. O sea, decidme: ¿Aquí qué queda? ¿Pegarle dos tiros al juez? ¿Qué alternativas tengo? ¿Hablar con el fiscal?” Y el vapor ya sale a tiro de locomotora al leer los SMS entre González y el ínclito Eduardo Zaplana: “Vamos a ver, Eduardo, tenemos el gobierno, el ministerio de Justicia, no sé qué y tal, escucha: tenemos a un juez que está provisional. Tú lo asciendes… Yo le digo: A ver, venga usted para acá. ¿Cuál es la plaza que le toca? ¿Onteniente? A tomar por culo a Onteniente y aquí que venga el titular, que ya me las apañaré con el titular, coño”.

La respuesta de Zaplana es para grabarla en azulejos y ponérsela a Frank Underwood en la entrada del jardín: “Vamos a ver, yo creo que a ver si podemos colocar el tema del Fiscal Anticorrupción, ¿sabes? Y yo creo que va a ser él. Si sale es cojonudo. Se llama Moix, es un tío serio y bueno. Hombre, yo no soy quién, pero yo no me corto en decirle a Rafa: Oye Rafa, ¿sabes? El aparato del estado y los medios de comunicación van aparte: o los tienes controlados o estás muerto”. Probablemente le estaba dando consejos a Rafa Nadal, lo del aparato del estado suena a subida a la red. Lo otro suena más bien a “póngame kilo y cuarto de fiscal, de ése no, que es para un caldo gordo”. Seguro que se me olvidan un montón de saltos, pero con tanta rana, vete a saber.