Opinion · Punto de Fisión

Alerta Cospedal o el cibercontrataque a martillazos

Ayer jueves, mientras millones de mujeres españolas se cruzaban de brazos y otras cientos de miles salían a la calle a ejecutar la danza de la lluvia, dos féminas de alto rango, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal trabajaban codo con codo para intentar defender el mundo libre. Es posible que se me haya ido la mano con la ironía de esta primera frase; lo digo porque lo que va a continuación tiene un tono parecido y no me lo he inventado yo. O por lo menos, no del todo. Con las Hermanas Hurtado del PP -como, por otra parte, con el resto del aparato masculino y femenino del partido- es difícil saber dónde termina la realidad y dónde empieza el finiquito en diferido y en forma de simulación.

El caso es que Soraya y Cospedal han alertado a la Unión Europea sobre el peligro de los ciberataques que podrían desequilibrar la estabilidad política del continente. Cualquier cosa es posible después de que Donald Trump consiguiera la presidencia de los Estados Unidos gracias a un pelotazo informático y de que se descubriera que Puigdemont, en realidad, oculta a un espía ruso tuneado con crecepelo e infiltrado desde Venezuela a base de likes y retuiteos.

En Valencia, Soraya hablaba de “organizaciones criminales superorganizadas que operan a nivel internacional y que tienen una motivación ideológica”, una aguda caracterización que descarta completamente al PP, que sólo actúa a nivel nacional y autonómico, ideología tiene poca y la organización la llevan en una libreta. Inmediatamente, al oír “organizaciones criminales superorganizadas”, uno piensa en Spectra, en el Imperio Galáctico o en la Conjura Judeomasónica Internacional; piensa en villanos peligrosísimos, en Pablo Iglesias apretando el botón del apocalipsis mientras se carcajea con acento venezolano o en Echenique en su silla de ruedas con un gato de angora en el regazo.

Aparte de catalanes, comunistas, titiriteros y chistosos en general, entre la multitud de supervillanos financiados con rublos se encuentran: Luis Bárcenas, que tiene una pinta del KGB que tira de espaldas; Francisco Granados, importador de ética al por mayor; Álvaro Pérez, el Bigotes, que fue cosaco antes que bolchevique; o Francisco Correa, vendedor de fincas en Chernobyl. Todos ellos y algunos más lograron infiltrarse en la cúpula misma del PP al mejor estilo Kim Philby, intentando destruir la infraestructura gubernamental a base de sobres, áticos en Marbella, francachelas, escopetas de caza, trajes, relojes de kilo y medio, deportivos paranormales, fiestas de cumpleaños,  volquetes de putas, donaciones anónimas, bodas en El Escorial, empresarios generosos, banqueros prosoviéticos, tertulias en Intereconomía, apuntes fraudulentos y cuentas de la vieja.

Afortunadamente, el servicio de Contrainteligencia del PP no descansa. Como expertos en el tema, ellos manejan la informática a otro nivel, borrando los discos duros a martillazos o extraviando correos electrónicos en un abismo virtual de donde no los rescataría ni Steve Jobs desde el ciberespacio del camposanto. El Gran Mariano te vigila algoritmo al canto desde sus 42 pulgadas de plasma. La ciberdelincuencia está que no le llega la camisa al cuerpo.