El dedo en la llaga

El día a día de Javier Ortiz

Tres tristes tercios

28 abr 2009
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Desde hace meses, no pocos politólogos (de alguna manera habrá que llamarnos) venimos insistiendo en que las próximas elecciones europeas no van a decidir quién es capaz de gobernar mejor Europa, sino quién podría hacerlo de una manera que fuera menos mala para cada votante que la de sus adversarios.
Es como si cada cual sólo pensara en el modo en el que las cosas vayan a ir de la forma menos desastrosa posible: no de ninguna que pudiera ser calificada de aceptablemente buena. Son los dos tercios que piensan: “Cualquier cosa menos el PP”, o bien: “Cualquier cosa menos el PSOE”. El último tercio lo forman quienes no se dan por concernidos. Dentro de estos, unos se sienten superiores, otros inferiores y otros indiferentes.

En realidad van a ser las elecciones europeas más pueblerinas. No hay una verdadera visión continental de lo que las elecciones teóricamente pretenden. Hay, como puede verse, tres tercios, pero ninguno está a la altura de las circunstancias.
Oigo y leo a Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro y demás aspirantes a regresar a la Moncloa que, si los socialistas siguen decidiendo sobre la política económica europea, España se va a morir de inanición. Los de enfrente responden tres cuartos de lo mismo aportando la misma cantidad y el mismo peso en argumentación a la hora de apoyar sus palabras: ninguno.
Apuesto triple contra sencillo a que Mayor Oreja seguirá con sus monografías sobre ETA, a que Jáuregui entrará al trapo y a que a los demás no nos quedará sino aguantarlos a todos. A todos, salvo a nosotros mismos que, por supuesto, seguiremos teniendo razón.

¿Talibanes o talibán?

27 abr 2009
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A la hora de preparar la última edición de su Diccionario panhispánico de dudas, sus autores se tropezaron con una dificultad, entre muchas. La lógica de la lengua cervantina empuja a considerar que el plural de “talibán” ha de ser “talibanes”, pero lo cierto es que su plural real es “talibán”, a secas.
Puestos a elegir, prefirieron llevar la contraria a la realidad lingüística de la zona imponiéndonos un plural a la occidental: “talibanes”.
Ese modo de afrontar los problemas parece haber hecho fortuna a la hora de encarar otros muchos aspectos de los conflictos que se suceden entre el Pacífico y África. ¿Que tal o cual fenómeno, político, militar, religioso, económico o social ofrece dificultades para ser tratado con los recursos conceptuales propios del Primer Mundo? Prescinden de lo que tienen de singular esos fenómenos autóctonos y los tratan como si fueran meras variantes de los occidentales (nación, estado, unidad nacional, unidad étnica…).
¿En qué consiste la política internacional de los Estados Unidos para esas extensas áreas del mundo que tanto nos cuestan entender? En algo que deriva en que las fuerzas de los talibanes no están siendo frenadas, sino que se expanden por un área que Washington se empeña en considerar que abarca a varios estados diferentes, mientras que los insurgentes la ven como parte de una misma patria.
Ellos no luchan ni por Pakistán, ni por Afganistán, ni por la Ley coránica… Lo hacen por el conjunto de todos estos elementos y bastantes más. Y no les importa que su lucha no encaje en nuestros esquemas.

La nueva fantasmada

26 abr 2009
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Solía decir, con su habla formalmente cansina aunque muy burlona de trasfondo, que él en realidad no había cambiado gran cosa políticamente desde los años sesenta: “Te acuestas siendo un triste socialdemócrata y, por la mañana, cuando te levantas, resulta que te has convertido en un peligroso izquierdista. Como el tiempo trascurrido te ha pillado en la cama y durmiendo, deduces que la metamorfosis no puede ser cosa tuya, sino de los demás”.

Con esta breve e irónica digresión, Vázquez-Montalbán ponía en solfa la creciente derechización de la intelectualidad y de las clases cultas europeas, para quienes lo que ayer era sensato ha acabado por convertirse en intolerable izquierdismo.
Es un fenómeno que vemos ya a todas horas y en todas partes. Para estar en sintonía con las nuevas definiciones, la una tiene que olvidarse de que aún lleva el carné de comunista en el bolso; el liberal debe rechazar las actitudes realmente liberales en política para adoptar métodos cada vez más autoritarios y semi-fascistas (el caso más espectacular, el del Gobierno francés y el propio Nicolas Sarkozy) y para ser un laborista con proyección tiene que disponer de una Policía dispuesta a matar a quien se mueva de la fila… Las etiquetas huyen a escape de los contenidos del ayer.
Todo el panorama político se ha desplazado de tal modo a la derecha que quien dice algo muy semejante a lo que decía la víspera parece un peligro para el funcionamiento actual de nuestras sociedades neoconservadoras.
Un fantasma recorre Europa: el del encastillamiento de los poderosos.

El liderazgo de Rosa Díez

25 abr 2009
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Todavía están estupefactos los periodistas y políticos que acompañaron a la ministra de Defensa en su reciente visita a la fragata Numancia, en el puerto de Mombasa (Kenia). No pocos de ellos debían de tener a Rosa Díez por una mujer sobria, entregada a su misión política, poco o nada preocupada por cuestiones presuntuosas y no daban crédito a lo que veían sus ojos: una especialista en el arte de empujar con los codos para mantenerse a la vera de Carme Chacón mientras la prensa estuviera sacando fotos.

Un punto de intriga: ¿para qué llevaba la presidenta de UPyD una bolsa de viaje de tan importantes dimensiones, cuando sólo iban a pasar un par de horas a bordo? Lo descubrieron según fueron viendo el desfile por la pasarela.
Díez ha despertado las simpatías de una fracción del electorado, pequeña pero significativa, que no ha dudado en atribuirle virtudes muy por encima de las demostradas.

Es gente que quería a alguien que defendiera un españolismo no necesariamente de extrema derecha y ha decidido que esa persona es Rosa Díez. Lo cual nos lleva a la conclusión de que un líder político puede ser una persona de gran valía, pero apenas recibir la atención del electorado, en tanto que otro lo mismo es un pequeño desastre con ínfulas dictatoriales y pasar por una lumbrera.
Conozco a bastante gente que ha tenido relación laboral y política con ella y no acaba de valorarla como aquellos que simpatizan con lo que dice pero no saben cómo lo hace.
¿Qué es mejor: aparentar y no ser, o ser y no aparentar? Yo, al menos, lo tengo clarísimo.

Rosa Aguilar se deja ir

24 abr 2009
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Ha sido como una de esas películas policíacas en las que director y guionista se han puesto de acuerdo en que el espectador esté perfectamente enterado de quién es el asesino desde el mismo comienzo del filme, convencidos de que eso no quita fuerza a la trama.
Supongo que para nadie era un secreto que la recién dimitida alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, se movía ya mucho más a gusto en las cercanías del PSOE que en las de Izquierda Unida.
La cuestión no era entonces saber cómo acabaría, sino qué clase de recorrido le valdría para llegar hasta Zapatero sin ser tildada por ello de tránsfuga. Para lo uno, le ha bastado con alegar que no hay puesto más glorioso que el de alcalde (o alcaldesa) de tu ciudad. Para lo otro, con cambiar la alcaldía por una consejería de primer rango. El resultado es el mismo, pero como más vistoso.

Lo que ha quedado con mucho más impresentable es haber establecido su nuevo rumbo político apoyando la formación de un Gobierno autonómico contra el que había votado poco antes su propio partido. Con separaciones así de amistosas, las bofetadas no hacen falta para nada.
Pero se veía venir. En la propia Córdoba, bastantes de los electores de IU venían hablando desde hace años con muy escasa consideración hacia su persona, hacia sus simpatías por Rosa Díez, el Foro de Ermua y hacia los políticos “de orden”.
Aunque con todo ello haya acabado por dilapidar por completo el legado que Anguita le dejó en herencia: un manual de cómo establecer una líneade izquierda local a la vez
combativa y factible.

La vena inspirada de Galileo

23 abr 2009
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No he tenido mucho trato personal con el escritor, periodista y dibujante uruguayo Eduardo Galeano, pero los escritos dan para bastante y un par de cenas con sobremesas afortunadas, una de ellas en grupo, acompañados de buenos amigos, otra más privada, animan a descartar o confirmar ideas previas.
Mi idea previa sobre Galeano me hablaba de un muy buen escritor, imaginativo, irónico, con ganas de meter “el dedo en la llaga” de cualquiera de los asuntos a los que se refiere, sea oralmente (¡qué voz, qué envidia!), sea por escrito, pero sin tomarse nunca demasiado en serio a sí mismo, que bastante serias son las cosas que andan sueltas por la vida.
He asistido divertido a la peripecia del regalo que Chávez hizo a Barack Obama de un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina.

La fotografía de Obama con el libro de Galeano en ristre ha dado la vuelta al mundo. Me imagino la sonrisa maliciosa de Eduardo al enterarse de que la versión inglesa de la obra pasó de puestos bajísimos en el ranking de ventas de
Amazon.com a ostentar uno de los primeros. Curioso, tratándose de un libro que fue publicado en 1971. “Pues tanto mejor. Contribuye a una enorme difusión del libro entre el público de habla inglesa, que sabe muy poco sobre esas verdades como puños”, habrá pensado. Y con razón.
No han faltado los que se han referido a Las venas… como un libro victimista. Es falso. No hay victimismo en reconocer quién es el depredador y quién el depredado. Galeano tampoco ha pretendido nunca convertir a los depredados en héroes.

Cómo juzgar a Obama

22 abr 2009
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Y, bueno, al final ¿qué opinión tienes de Barack Obama?”, me preguntan. “Aún me faltan datos”, insisto. “Ah, ya: lo de los 100 días”. “No, con algunos te basta y te sobra con la mitad de ese tiempo para emitir un juicio político sobre sus capacidades. Obama es diferente”.
Odio el mecanicismo vulgar según el cual tanto da este o el otro presidente de los Estados Unidos: se supone que todos obedecen con el mismo entusiasmo a los mismos señores. Pero el sentido común y la propia Historia indican lo
contrario. Hay determinadas opciones, ciertas posibilidades de imprimir a la acción política un sello personal.
En definitiva, que Obama no es Bush, ni abuelo, ni padre, ni hijo, ni hermano. ¿Qué es, en concreto? Tenemos datos parciales: es simpático, atractivo, accesible, con sentido del humor; ha decidido relajar algunos de los puntos de más alta tensión antiWashington, dentro de ciertos límites…

Además, sabe jugar a los puntos de equilibrio. ¿Que no consigue la firma de un papel ideado por él? Pues lo deja a medias, poniendo cara de perfecta felicidad. Claro que es también el presidente que va a boicotear la Conferencia Mundial contra el Racismo, el que se ha comprometido más a fondo
en la Guerra de Afganistán, el que apoya casi incondicionalmente a Israel…
Tiempo habrá para hacer cuentas. Algún presidente norteamericano ha llegado a ser asesinado por diferencias parciales en el seno de la clase dominante del gigante del norte.
Estábamos demasiado hechos a presidentes (tipo Reagan o Ford), de escasas luces y espíritu de marionetas.

De la OAS a ETA

21 abr 2009
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En general, puede decirse que entre la Organisation de l’Armée Secrète (OAS) y ETA no hay ningún parecido. La OAS nació en 1961 para rebelarse contra la independencia de Argelia; ETA, un poco después para buscar la independencia de Euskadi.
En la OAS había bastantes militares y elementos destacadamente fascistas; los militantes de ETA se consideraban (y siguen considerándose) radicales de izquierda.

Sólo hay algún punto en el que ambos fenómenos terroristas llegaron a alcanzar cierto parecido: los dos acabaron por estar tan infiltrados, tan identificados y tan marcados por las fuerzas especializadas de sus respectivos regímenes que, en la práctica, o bien los pillaban antes de efectuar sus acciones violentas o bien poco después de cometerlas.
El grado de desesperación de los dirigentes de la OAS llegó al punto de renunciar a utilizar los recursos de su propia organización, esconderse bajo siete llaves y contratar la realización de actos terroristas a profesionales del crimen.
Ignoro por dónde saldrá ETA, pero ya para estas alturas debe de ser consciente de que su propia estructura ofrece más agujeros que un colador, y no por imprudencia, ni por desconocimiento de las normas de clandestinidad, sino sencillamente porque los de enfrente lo tienen mejor montado y son capaces de seguirles la pista durante todo un año, si hace falta. Lo mejor que podrían hacer sería emprender otro rumbo.
Pero eso es algo para lo que ya tuvieron momentos más propicios y los boicotearon negándose a afrontar en serio –ellos también– las conversaciones de paz.

Peleas en el intestino

20 abr 2009
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El pasado jueves asistimos a dos aparatosas polémicas que parecían incluso personales. En ambas, uno de los participantes se desmelenó, pese a formar parte todos ellos, supuestamente, del mismo bando político.
Alguno se caracterizó incluso por su ponderación: fue el caso de Octavio Granado, secretario de Estado de Seguridad Social, quien, con discreción, puso en manifiesto, con calma y sentido didáctico, que la Seguridad Social española corre tan poco peligro de acabar este ejercicio en déficit que incluso puede permitirse asumir el pago de partidas presupuestarias que no le corresponden a ella, sino al Estado.

En cambio, el gobernador del Banco de España, en su característico catastrofismo, se lanzó con los pies por delante, creando una confusión totalmente innecesaria. ¿Por qué? ¿Para que se sepa que está ahí?
Aún más espectacular fue la salida de tono provocada por el fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido, quien procedió a atacar desaforadamente a la Policía, acusándola de no informar de sus investigaciones a la Fiscalía. Hasta su propio tono resultó chabacano y artificioso. Lo más chusco es que aquello que por la mañana parecía todo un crimen, pocas horas después se había convertido en un caso sin importancia, meramente anecdótico, según su propio promotor matinal.
Explicación dada sobre la marcha: una vez que ambas partes hubieran hablado con el ministro del Interior, las aguas volvieron a su cauce. ¿Y por qué no aclarar las cosas antes de montar la marimorena y no después? ¿Afán de notoriedad?

Losantos y sus abogados

19 abr 2009
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Federico Jiménez Losantos ha empezado su conflicto con la Conferencia Episcopal por el punto en el que arranca sus conflictos toda persona realmente importante: ya lo ha puesto en manos de sus abogados. Los demás mortales, cuando nos vemos en líos de leyes, nombramos a un solo abogado y a regañadientes. De lo que no corremos peligro con Jiménez es de que designe un portavoz: por nada del mundo se perdería la ocasión de cacarear sobre sí mismo.

Lo que no sé es qué van a hacer sus abogados. Porque él ha dejado muy claro con el paso de los años su concepción sobre las relaciones laborales. Contratar a alguien, dice, no equivale a desposarlo, y un despido no es un divorcio. Una cierta cantidad por año trabajado, una indemnización en el caso de que el despido sea declarado improcedente y poco más. Pero Losantos no está dispuesto a que su paso merezca el mismo trato que el de los demás mortales.
Él sabe la importancia política, social y hasta laboral que tendrá su lejanía de la Cope: “Los obispos no saben lo que quieren. Sin mí, la Cope se va a freír espárragos”, “si la propiedad quiere arriesgar el futuro de 900 familias, será su decisión”, etc.

Pocos dudan de que la salida de Losantos de la Cope supondría un buen bofetón para el chiringo de los obispos, pero tampoco de que entre Losantos y Pedro J. Ramírez tardarían bastante tiempo en consolidar una nueva red radiofónica. Una Cope, con las alas cortadas en la TDT en Madrid y Valencia, quedaría desinflada. Y una cadena con tan pocos puntos fuertes tampoco daría demasiado juego.