Opinion · El desconcierto

Sánchez no es González, ni Rajoy Suárez

La moción de censura del PSOE, pasado mañana destinada al fracaso, nunca ha sido concebida para derrotar a Rajoy, como tampoco lo fue la presentada por González contra el presidente Suárez hace ahora  casi unos cuarenta años  Aquella UCD de ayer amenazada de implosión, acechada por la extrema derecha de Fraga, recuerda al PP de hoy, acosado por la corrupción, acechado por la derecha extrema de Rivera; antes y ahora, cercados por la involución democrática en curso. Se trataba en 1980 y se trata en 2018, de perder la moción parlamentaria para ganarla políticamente ante la opinión pública. Si González lo consiguió entonces, no parece que hoy Sánchez lo vaya a conseguir.

Pedro Sánchez es, por seguir la conocida expresión de Marx, la caricatura de Felipe González. Aunque quisiera negociar con los nacionalistas catalanes o vascos el apoyo a su moción, que nunca ha sido su intención, no podría puesto que más de una cuarta parte de los escaños socialistas se abstendrían o votarían en contra. No hace todavía un año que desde Sevilla la presidenta de la Junta le advertía, “no me des elegir entre el PSOE y Andalucía”. Pues eso, ni un solo socialista piensa ahora en la posibilidad de incurrir en la sospecha interesada que lanza el Partido Popular sobre negociaciones secretas de los de Ferraz con Torra o Urkullu. Cuando uno ha vivido, además, la desagradable experiencia de verse arrojado por la ventana, lo último que desea es volver a repetirla.

Quien quiera condicionar el cheque en blanco que exige Sánchez pierde el tiempo. O lo tomas o lo dejas, solo son lentejas socialistas. Es mucho más una precampaña electoral que una moción de censura. Wally Sánchez que estaba desaparecido, reaparece por la puerta de los leones del Congreso, y la manifiesta irrelevancia del PSOE da paso a la expectativa que suele casi siempre acompañar a una moción de censura. Del baúl de los mejores recuerdos familiares, cerrado desde hace una década, extraen el viejo juego del bipartidismo PPSOE con la pretensión de recuperar los años perdidos. No es sólo una moción de censura contra Rajoy sino que también lo es contra Rivera e Iglesias.

Justo porque vienen dos años de urnas sucesivas, puede ser una moción electoralmente rentable para el PSOE. Elecciones andaluzas en la primavera próxima, las municipales en toda España en mayo, autonómicas en la mayoría de las comunidades también en mayo, probablemente las catalanas, en noviembre o mayo, sin olvidar las legislativas que Rajoy acabará convocando antes o después. Un racimo de citas electorales que hubiesen cogido al PSOE de la mano del PP. Con la moción, los socialistas buscan aparecer de la noche a la mañana como la alternativa que nunca han sido desde que el propio Sánchez cambió el no es no por el sí es sí. Y lo que nadie puede negar es que en apenas dos días, ha logrado convertirse en el protagonista de la semana.

La recuperación de los millones de votos del PSOE trasvasados a Rivera e Iglesias son el eje de esta moción. Identificar a Cs con el PP, tras haber intentado formar el gobierno Rivera-Sánchez en febrero de 2016, puede ser una posibilidad, dada la muy preocupante orientación joseantoniana de Ciudadanos; apelar al voto útil de Podemos para echar a Rajoy también puede serlo, ya que la formación morada se ha visto afectada por una súbita burbuja inmobiliaria de alcance electoral previsible. El mantra es el mismo para unos como para otros: Rivera apoya a Rajoy como Iglesias lo sostuvo hace dos años. El problema, sin embargo, es que venden la piel de Rajoy antes de haberlo cazado.

Y es que Rajoy no es Suárez. La rápida convocatoria, para este jueves, del debate sobre la moción de censura, junto con el veto del presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, a la presencia del magistrado José Ricardo de Prada en la vistilla que deberá decidir sobre el ingreso en prisión provisional de la señora de  Luis Bárcenas, muestra la rapidez de reflejos de la Moncloa junto con la inquebrantable decisión de no rendirse en la guerra de trincheras que libran en los despachos del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional las brigadas judiciales de la derecha constitucional del PP y de la derecha preconstitucional del Cs. Porque el presente de Rajoy depende tanto de la derrota de Pedro Sánchez, que se producirá este viernes, como de la victoria de Lesmes.