Opinion · Postdatas

Estupor en el socialismo andaluz

Las últimas andanadas del PSOE andaluz contra Pedro Sánchez han causado estupor entre gran parte de la militancia y muchos exdirigentes.

La descalificación sin contemplaciones del intento el secretario general del PSOE de hallar una solución al bloqueo político que vive España ha sido tachada por algunos ex dirigentes socialista andaluces de “gamberrismo político contra el propio partido”.

En concreto, han generado rechazo las manifestaciones del secretario de Organización, Juan Cornejo, y el portavoz del Grupo Socialista en el Parlamento andaluz, Mario Jiménez, que han realizado una crítica “más propia de un dirigente del PP”.

Especial repudio ha cosechado Mario Jiménez, que se atrevió en la misma línea que Cornejo a anticipar el fracaso de las gestiones de Pedro Sánchez.

El diputado onubense ya se significó contra el secretario general del PSOE cuando en un Comité Federal le acusó de faltar al respecto a la memoria de los socialistas muertos a manos de ETA. Ni que decir tiene que cosechó uno de los pocos abucheos que se recuerdan en la historia del principal órgano socialista entre congresos.

La verdad es que muchos ex dirigentes andaluces no comparten ni el fondo ni las formas que están empleando Susana Díaz y su Ejecutiva contra el secretario general de los socialistas.

Tachan de “desleal” y “caprichosa” una posición que va en contra de la historia del partido en Andalucía y contra el sentir “mayoritario” de la militancia.

La mayoría de estos ex dirigentes prefieren guardar el anonimato, pero otros, como Enrique Linde, santo y seña del socialismo malagueño durante décadas, ejercen su derecho a la crítica sin temor a través de un tuit: “Susana Díaz en la ambigüedad de Rajoy. No, pero gobierno alternativo tampoco. Mejor un milagro”.

Pero no solo preocupa la irracionalidad de esa estrategia de ‘perro del hortelano” sino sobre todo la pérdida del sentido de la autocrítica de los órganos del dirección, que en el Comité Director tras el 26-J se manifestó con cero intervenciones tras la toma de la palabra de la lideresa.

Y también preocupa la situación de stand by –a la espera de que Susana Díaz se decida- en la que se encuentra “desde hace tiempo” el Gobierno andaluz.

Según fuentes sindicales, la última movilización de maestros puede ser la punta del iceberg del creciente malestar existente contra el Gobierno andaluz, y el principio de una gran movilización por falta de inversiones y proyecto político de futuro.

Mientras tanto, Susana Díaz sigue enfrascada en sus cosas, recabando apoyos mediáticos entre los editores –entre la clase media y la infantería no tiene mucho predicamento- para llevar a cabo su próxima intentona.

Parece ser que este ‘que-viene-el-lobo’ ya está en marcha y será tras las elecciones vascas y gallegas del próximo 25 de septiembre.

Para ello, anticipan un nuevo fracaso de Pedro Sánchez.

A partir de ahí, una vez lograda la cabeza del secretario general a través de un golpe de Estado en la Ejecutiva o en el Comité Federal, una gestora se cargará las primarias y le preparará la alfombra roja para que entre triunfante en Ferraz.

Por supuesto, sin la más mínima intención de dejar la presidencia de la Junta de Andalucía, que para eso también es suya y de nadie más.

Según los expertos en este tipo de operaciones subterráneas, mientras todo encaja, Susana Díaz y los suyos sólo tienen que fingir que el 25-S juegan en el mismo equipo que los socialistas vascos y gallegos.