Sin mezquindad, con explicación de oficio

24 Ago 2017
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Si sigo leyendo El País pese al descoque de los últimos tiempos, en los que el rigor periodístico se ha fugado de sus páginas en legítima defensa, es gracias al incombustible y prolífico Juan Cruz.

Su último artículo, Celtiberia show después del estupor, es sencillamente magnífico. Después de leerlo puede uno hincarle el diente a El holocausto español, de Paul Preston. O quizás al revés. En fin, el orden de los factores no altera unas reflexiones tan certeras sobre atentado yihadista de Barcelona.

Efectivamente, somos un país aún guerracivilista, en el que una vez que “se dispersan las lágrimas, empezamos a mirar de reojo al prójimo”. Somos así de plañideras y de canallas.

Especialmente sangrante es la polémica suscitada por las Fuerzas de Seguridad del Estado –la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos-, que se han metido en el fango de los reproches alimentadas por lo peor de la caverna patria.

Pero una vez eliminado el ruido del sermón del cura echándole la culpa a la alcaldesa Colau por los bolardos, una vez agotados los desbarres de islamofobia, una vez enterrados los brotes de mezquindad, es necesario que los responsables de esos cuerpos policiales, ya sean catalanes, españoles o comanches, nos expliquen por qué no se pudo evitar el atentado, por qué no se le hizo un seguimiento a un imán que por sí solo era una bomba de relojería, por qué la advertencia de la policía belga sobre el imán cayó en saco roto (me da igual que la recibieran los Mossos o la Policía Local de Lepe), por qué no se procesó adecuadamente la explosión en Alcanar (Tarragona) hasta vincularla con un posterior acto terrorista, por qué las tres policías no se coordinan mejor, por qué sus respectivos servicios de inteligencia no comparten de forma sistemática información, sobre todo en materia terrorista.

Cuando toque, son explicaciones que están obligados a dar, que forman parte del propio protocolo democrático y que, dicho sea de paso, pagamos los ciudadanos por adelantado. Vamos, una explicación de oficio en toda regla.

Por cierto, y no es por tocar las pelotas innecesariamente, estoy totalmente de acuerdo con la carta que remitió días atrás el Departamento de Trabajo de la Generalitat pidiéndole a la Casa Real que retire de las redes sociales y de su web las fotografías en las que aparecen niños y adolescentes heridos en los atentados de Barcelona y Cambrils.

Por mucho que tuvieran permiso de sus familias, del hospital, de la propia Generalitat o de los Reyes Magos de Oriente, siempre hay que preservar la imagen de los menores. Siempre y más tras circunstancias tan traumáticas como las vividas por los pequeños.

Esto pone de manifiesto lo que pienso desde hace tiempo: al entorno de los Reyes le hace falta una manita de calle y un barniz de sentido común.

Y si quieren retratarse con menores, que sea con su familia, ¿no?


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