Salud mental en tiempos difíciles

Por Joseba Achotegui

¿Por qué educación rima con salud?

30 Dic 2016
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

El nivel educativo de una persona es uno de los mejores indicadores de su nivel de salud, porque un buen nivel educativo se asocia a un mejor conocimiento del funcionamiento del cuerpo, sus limitaciones, cómo hay que comportarse saludablemente….Como es sabido, salvo algunas excepciones,  la salud depende mucho más del medio, de los hábitos de las persona que de los genes. Así, por ejemplo, en el cáncer los factores genéticos pesan apenas entre un 5 y un 10%. Algo similar ocurre con los trastornos cardiovasculares.

De todos modos es obvio que, lamentablemente -porque es injusto –  el nivel educativo se halla ligado al nivel social, por lo que las oportunidades de conocer los hábitos saludables  y desarrollarlos se hallan condicionadas por el nivel social. Como es sabido,  marca más el código postal, que el código genético. Pero entre dos personas con el mismo nivel social, aquel que tenga mejor nivel educativo tenderá a tener mejor salud.

Este valor del  nivel educativo se acrecienta aún más en la sociedad actual en la que todos nos hallamos sometidos a una enorme presión publicitaria, en muchos casos no solo engañosa, sino dañina, y somos víctimas de informaciones falsas, lo que ha llegado a su cénit con las redes sociales. Además, estamos desprotegidos del control de las instituciones sanitarias que deberían velar porque la información sobre los temas de salud fuera verídica.

Para acabarlo de arreglar, muchas veces cuando se habla de educación sanitaria o de prevención, lo que se hace es más bien hipocondrizar a la gente, con frecuencia al servicio del negocio sanitario. Y es ahí donde la educación crítica, el desarrollo de la capacidad de razonar y analizar de la persona, el nivel de formación, es fundamental para identificar los engaños. Y como he señalado otras veces, se nos manipula exaltando el valor de la emoción y la intuición (fundamentalmente metiendo miedo) ,  y desvalorizando la razón.

Por ejemplo, como señala Gervás, ¿por qué casi nadie se preocupa de hacer campañas para la prevención del cáncer oral, un cáncer relevante en un país como el nuestro con un consumo desaforado de alcohol? . Porque su exploración consiste en algo tan sencillo como: abra usted la boca. ¿Dónde está el negocio? Obviamente, resultan mucho más rentables otras costosísimas exploraciones preventivas para enfermedades de las que se nos habla continuamente.

Y si nos referimos ya al área de la salud mental,  como  he señalado muchas veces en este mismo blog, la situación es el acabose. Gran parte de la información  que se nos transmite es pura ideología al servicio de la negación de los factores  relacionales, interpersonales, sociales, a pesar de las innumerables pruebas en contra,  considerando que los trastornos mentales son puras alteraciones biológicas, “averías” sin más del cerebro.   Sin embargo, si como he señalado más arriba, en los trastornos cardiovasculares o en el cáncer, el 90-95% de los factores  causantes son ambientales, relacionales, sociales,   ¿por qué en los trastornos mentales debería justamente ser al revés? ¿Se me dirá que es la excepción que confirma la regla? Por favor!


comments powered by Disqus