Marea verde: ejemplo en Baleares de las nuevas luchas

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Decenas de miles en la calle. Juntas y juntos. La iniciativa la han tenido los que han entendido que toman las riendas de su suerte o están fregados. Que los que ayer tenían esa responsabilidad ya no cumplen. Les puede el miedo y la barriga. Luego, cuando la marea creció como la mar con la luna, vinieron esos que decían que “hay que pensarse mucho otra huelga” y los de “es imposible convocar una huelga indefinida” y también los de “es que hay mucho cansancio” a sumarse y colgar en la nueva pelea sus viejas responsabilidades. En cualquier caso, bienvenidos.

Todos los mecanismos con los que el poder se hacía eco de las demandas ciudadanas han sido desconvocados. Les dan lo mismo ya las huelgas de un día, las manifestaciones, las comparecencias parlamentarias, las entrevistas en los medios, las reconvenciones judiciales.  Han descontado ya todos estos mecanismos. Sólo van a volver a escuchar cuando tengan miedo y crean que van a perder más si no ceden. Y para lograr que el miedo cambie de bando, hace falta que seamos muchas y muchos. Sobran los agoreros del no se puede, los aguafiestas del vamos a empeorarlo, los paniaguados del hay que esperar. Sólo el pueblo salva al pueblo

Sabemos entonces cinco cosas: que es mejor una huelga de un mes que 30 huelgas de un día; que nadie va a organizar a los ciudadanos si no es que se organizan ellas y ellos mismos; que hay que encontrar luchas que reflejen la lógica criminal del sistema y unirnos en torno a ellas; que caben todos menos los infiltrados del pesimismo y los violentos que trabajan, sabiéndolo o sin saberlo, para el sistema (sean mercenarios policiales o de la extrema derecha o encapuchados que no tienen la madurez política para diferenciar la lucha política y su rabia infantil).