Pietro Ingrao, el comunista que dudaba

“El Compañero Longo ha expresado en modo muy neto sus críticas y sus preocupaciones sobre la cuestión de la publicidad del debate. No sería sincero si os dijese que he sido persuadido”. Era el 27 de enero de 1966 y Pietro Ingrao pronunciaba esta frase durante los debates del XI Congreso del Partido Comunista Italiano (PCI). Un dirigente disentía públicamente  del secretario del Partido: Ingrao se convertía en símbolo del disenso pero sin romper la unidad de acción de una organización comunista.

El PCI afrontaba aquellos debates, dos años después de la muerte de Palmiro Togliatti, educados en su vía italiana al socialismo, intentaban conciliar la pertenencia nacional y el internacionalismo. El debate se daba en un momento en el que el socialista Pietro Nenni formaba parte del Ejecutivo del democristiano Aldo Moro y los comunistas discutían si aceptar formar parte de gobiernos de centro izquierda dentro de los postulados del “milagro económico italiano” de las década de los sesenta o si, en cambio, era necesario construir una alternativa con un nuevo modelo de desarrollo, el precedente de la “austeritá” berlingueniana. Giorgio Amendola defendió la primera posición, mientras que Pietro Ingrao, la segunda. Ninguno de los dos consiguió imponerse totalmente, aunque sí parcialmente, y el PCI de Longo y después el de Berlinguer, irá oscilando en estas posiciones, pero ambas coincidieron en la necesidad de diseñar la “construcción de un orden jurídico diferente”.

El PCI se encontraba en un momento complicado. Italia estaba cambiando socioeconómicamente, la Iglesia se encontraba inmersa en el Concilio y el centro izquierda oscilaba entre reformismo o inmovilismo. Mientras la Unión Soviética está perdiendo el impulso ganado en su loable sacrificio en el campo de batalla contra el nazifascismo.

Ingrao veía en el naciente centroizquierda solo un aspecto funcional del mismo neocapitalismo, incapaz de incidir realmente en los procesos de transformación, por lo que era necesario construir un frente democrático en el cual convergiesen sectores católicos y laicos críticos con el centroizquierda, pero también los nuevos sujetos emergentes en la sociedad.

En la elaboración política ingraina, un aspecto esencial fue la atención sobre lo que se movía fuera de los partidos, y algunas veces contra ellos mismos, como los movimientos sociales, con los que pensaba se podía avanzar en la “elaboración de una respuesta orgánica a las cuestiones fundamentales del país”.

Ingrao disintió en los debates pero nunca quiso formar corrientes internas que debilitarían al Partido. Derrotadas sus posiciones en el XI Congreso de 1966, otros dirigentes como Lucio Magri, Aldo Natoli, Luigi Pintor o Rossana Rossanda se fueron del PCI y crearon la publicación “Il Manifesto”, mientras Ingrao prefirió permanecer y criticó cualquier intento fraccionista del comunismo italiano.

Un aspecto nodal en la vida de Ingrao es el inicio de la guerra civil español. Hasta ese momento  era un joven estudiante de cinematografía cuando la rebelión militar significó un insoportable agravio, una brecha entre fascismo y antifascismo. Considera que no era una guerra local sino un conflicto que afectaba a la humanidad. Dudó que el arte por sí solo, y en ese momento específico, fuese absolutamente inadecuada para hacer un muro contra el fascismo. De la duda nació una accionar meditado, pero nunca una duda del porqué, sino del cómo.

Poeta reconocido con el premio Littoriali, uno de los mayores galardones literarios del fascismo, pasó a Partisano contra la ocupación alemana. Siempre unido a sus orígenes campesinos de la pequeña población romana de Lenola, en las primeras elecciones democráticas de 1948, Giulio Andreotti lo llamó para decirle que en su propio pueblo solo había conseguido 17 votos. La duda no significó la posibilidad de la hipótesis del abandono de la lucha, significó una lúcida toma de acción.

Diputado ininterrumpidamente desde 1948 hasta 1992, director del periódico L´Unitá de 1947 a 1957. Miembro del Comité Central. Primer comunista que presidió la Cámara de Diputados, de 1976 a 1979, durante el periodo de la solidaridad nacional y el secuestro de Aldo Moro. En su rol institucional se dedicó siempre al estudio de proyectos de reforma del Estado.

En la segunda parte de su vida política se opuso al declinar de los ideales comunistas. Entre 1989 y 1991 fue uno de los máximos opositores a los cambios surgidos en “La Bolognina” que llevó a la disolución del mayor Partido Comunista de la Europea Occidental. Contrario al liquidacionista Achille Ochetto, finalmente prefirió permanecer en el Partido Democrático de Izquierda (PDS), coordinando el área de “Comunistas Democráticos”, quedando como la voz crítica que reclamaba las raíces marxistas.

La travesía en el mismo barco con los Dalema y Veltroni, terminó siendo imposible. Aquellos dirigentes catapultados desde la juventud comunista,  empezaron rechazando a Marx y Lenin, para finalmente renegar realmente de Antonio Gramsci y Palmiro Togliatti, proclamando que la historia del comunismo italiano había sido una séquela de errores desde el punto de partida: el congreso de Livorno. Ingrao abandonaría el PDS, el disenso solo existe cuando existe el Partido.

Retirado de la primera línea política, se mantenía activo intelectualmente. En una de las últimas entrevistas que ofreció aseguró que “el  mundo ha cambiado, pero el tiempo de las revueltas no se apaciguó: renace cada día bajo nuevas formas”

Ante el auge de nuevos movimientos, pensaba que señalar con el dedo no es suficiente, lo que sirve es la acción política.  Ingrao defendía la dignidad de la Política y consideraba que no bastaba con indignarse, porque “con moralismos no se va a ningún sitio, lo que se necesita es volver a hacer política, la indignación, se casa muy bien con el individualismo imperante, con el gesto solitario de la firma de un manifiesto o con la participación en una manifestación que dura un día”, señalaba.

La batalla de Ingrao en el XI Congreso fue grandiosa y poco conocida hoy por los jóvenes regeneracionistas de la política. Su derrota heroica hizo que Ingrao permaneciese en la historia de la izquierda italiana: la duda como la clave del pensamiento político.

Pensar hoy en la trayectoria de Pietro Ingrao, nos ayuda a valorar como las luchas políticas dentro del PCI no tenían nada de clave personal, sino que eran pensadas en ampliar el campo de acción de un colectivo en el que todos se reconocían.

*Artículo escrito con Guillermo Nova, periodista e investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Twitter: @bitacoranova