La dependencia tecnológica como problema. La “Marcha por la Ciencia” como respuesta

Colectivos sociales, científicos e investigadores han convocado para el 22 de abril La marcha por la ciencia,un conjunto de movilizaciones en defensa del desarrollo científico y tecnológico de nuestro país y de los derechos laborales del sector.

Dicha movilización pone en el centro del debate social, un aspecto clave en la España contemporánea. Y es que en un mundo que afronta para las próximas décadas formidables retos por el agotamiento de los recursos naturales y la crisis ecológica y social, la única forma de mantener un nivel de vida digno para la población será conseguir hacer más con menos, y esto solo pasará en las organizaciones productivas que lo logren. Algo imposible en la España actual, consecuencia del grave problema de dependencia tecnológica que padecemos.

Sorprende la poca o nula atención con el que diferentes sectores políticos afrontan este grave problema. Es difícil encontrar un aspecto más negativo y que más se haya mantenido a lo largo del tiempo, que la persistencia de un alto grado de dependencia tecnológica y de menor desarrollo del sistema científico y tecnológico nacional en relación a los países de nuestro entorno. 

Este problema es consecuencia directa del escaso esfuerzo investigador e innovador propio, que junto al recurso generalizado a la importación de tecnología extrajera,constituyen los elementos centrales del cambio tecnológico dentro de la economía española, realidad que hace de España un país tecnológicamente dependiente.

La dependencia tecnológica de la economía española permite explicar el papel central que juega la tecnología extranjera en España. Al carecer de un sistema científico nacional desarrollado, España no es capaz de producir los bienes y servicios adecuados a nuestras necesidades sociales y medioambientales, sobre todo la producción de bienes de alto contenido tecnológico, lo que nos obliga a suplirlos mediante importaciones, lo que sitúa a las empresas transnacionales extranjeras como las verdaderas protagonistas del cambio tecnológico nacional. 

Sin una reducción sustancial de la fuerte dependencia de la tecnología extrajera que sufre España, la capacidad de la industria o de un hipotético cambio de modelo productivo como catalizador de un nuevo modelo de desarrollo es más reducida que en otros países. 

Cualquier pretensión de un tránsito de una economía de enclave turístico hacia una economía verde, una economía del conocimiento o una economía de los cuidados, es imposible. 

La tecnología necesaria para impulsar la transición energética, el conjunto de proyectos relativos a los transportes ecológicos, la sanidad y la economía del ser vivo y los nuevos sistemas digitales como las nanotecnologías, la nanoelectrónica o la nanofabricación, queda bloqueada por nuestra dependencia de la tecnología proveniente de las empresas transnacionales de países como Alemania, Francia o EEUU, países interesados en controlar dichos sectores e impedir en términos geopolíticos y geoeconómicos, que países como el nuestro, superen su actual configuración de economías importadoras, endeudadas y precarias. 

La necesaria tarea de la transformación productiva de la economía española choca con los límites impuestos por la dependencia tecnológica descrita, que para su superación, requiere de un proceso de reindustrialización sustentado en una base científico-tecnológica propia.

En este contexto económico de apuesta por una base tecnológica nacional se hace fundamental la recuperación, tanto en el ámbito académico como en el debate social, de lo que se podría denominar la “cuestión industrial”, a la que va unida la reivindicación decidida por la defensa de la soberanía tecnológica de nuestro país.

Aspectos tratados en profundidad en mi último libro, Empresas transnacionales, capitalismo español y periferia europea. Causas y consecuencias de la dependencia tecnológica española, Los Libros de la Catarata, 2016.