Multiplícate por cero

“En economía, la mayoría siempre se equivoca” (John Kenneth Galbraith)

Lo que dura el arrepentimiento

21 nov 2008
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Los propósitos de enmienda pueden ser muy sinceros y el tiempo que duran es proporcionalmente inferior a la satisfacción que produce lo que se quiere enmendar. Los fumadores que alguna vez han intentado dejar el vicio saben de lo que hablo. Y saben también que dejar de fumar es igual de fácil que tener firme propósito de enmienda: lo haces una y otra vez, una y otra vez…

Ahora se multiplican las declaraciones de arrepentimiento de reguladores, entidades financieras e incluso gobiernos, por no haber visto llegar la crisis y no haberla evitado. Muchos están escribiendo en sus cuadernos, cien veces, “no permitiré la prosperidad de los caraduras o sinvergüenzas”, “no permitiré la prosperidad de los…”

Entre la gente corriente, una de las cosas que más perplejidad provoca son las retribuciones astronómicas de altos directivos empresariales, que las cobran incluso por hacerlo mal. Hoy, esa sorpresa se ha transformado en indignación al poderse constatar que muchos de los culpables de los productos financieros basura que han puesto en vilo la prosperidad económica de la parte desarrollada del mundo se han embolsado personalmente cientos de millones de euros, cobrados a menudo después de llevar a la quiebra a sus empresas. Millones para él, un ERE para sus fieles empleados, y reuniones del G-20 para todos los demás.

Por ejemplo, Stanley O’Neal, ex presidente de Merrill Lynch, se llevó una compensación de 161 millones de dólares cuando tuvo que irse del banco de inversión dejando los peores resultados de sus 93 años de historia. Y aún dijo que las retribuciones se fijaban de forma “rigurosa e independiente”. En la Cámara de Representantes de Estados Unidos han estado, explicando las causas de la crisis, George Soros, Philip Falcone, Kenneth Griffin, James Simons y John
Paulson, los mayores financieros de fondos de alto riesgo. Cada uno ganó una media de 1.000 millones de dólares el año pasado. El senador demócrata Henry Waxman, presidente de la comisión de investigación, criticó que todos ellos pagaran menos impuestos que un profesor de escuela o un fontanero.

Soros, ya septuagenario, ha sido entrevistado desde hace décadas decenas de veces para que cuente sus estrategias de inversión, escribe best sellers empresariales… Y es conocido, entre otras delicadezas, por haberse enriquecido en la década de los noventa con el hundimiento de la libra esterlina.

Otro ejemplo de buenas prácticas inversoras: David Einhorn, gestor del fondo de inversión Greenligth Capital, llevaba meses apostando por una bajada en el precio de las acciones de Lehman Brothers antes de su quiebra. Llegó a realizar una gira por Estados Unidos, concediendo entrevistas en las que repetía que las cuentas de Lehman no cuadraban y que el valor debía desplomarse. Y se desplomó, haciéndole rico a él. Tras la quiebra de Lehman Brothers, en Estados Unidos y Europa se tomaron medidas para restringir o prohibir las apuestas a la baja.

Comprobadas las malas prácticas y sus efectos venenosos, el G-20 ha reconocido que algo hay que hacer. Los Gobiernos hablan de propósito de enmienda y de establecer algún tipo de límite a los bonus o primas. También las entidades financieras empiezan a mostrar, orgullosas, cómo toman medidas para limitar las retribuciones de sus altos directivos, muchos con avión privado. Por ejemplo, Barclays Bank, esta semana, ha anunciado que su cúpula directiva no va a cobrar las primas correspondientes a 2008. Sin embargo, teniendo en cuenta que la mayoría de los bonus y primas están ligados a la evolución de los beneficios, la austeridad va a venir dada por el efecto de la crisis. Y cuando vuelvan las vacas gordas dentro de unos años ¿alguien cree que no engordarán los pagos a los altos ejecutivos? Se ha demostrado que siempre hay una vía para cobrar más, se llamen opciones sobre acciones, indemnizaciones o bonus.
Al menos hoy hay propósito de enmienda, igual consiguen dejar de fumar otra vez.