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Multiplícate por cero

“En economía, la mayoría siempre se equivoca” (John Kenneth Galbraith)

El patio de vecinos de Merkel

30 oct 2010
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Nada hay más tedioso que una junta de vecinos.  Sólo se anima si hay pelea, como en “Aquí no hay quien viva”. En la comunidad de mi casa también tenemos vecinos que cubren todos los estereotipos: el que no saluda nunca, el amargao, el chismoso, el tipo de buena voluntad que intenta mediar en el lío y se lleva las bofetadas, el que nunca opina, el jeta moroso… Ahora estamos todos a la búsqueda del descerebrado que raya con una llave los coches aparcados en la cuesta del garaje…(por cierto, vecino, si me estás leyendo, que sepas que te hemos pillao…).

No sé cómo será Angela Merkel con los vecinos de su casa, pero desde luego en esta nuestra comunidad continental, la Unión Europea, cree que es la presidenta de todos, la que manda siempre y sin disimulos. Y la vecina Merkel lo hace porque su pisazo mide el doble y paga más gastos, lo cual le da derecho, por lo visto, a decir a todos los demás lo que tienen que hacer.

Ahora, quiere suspender el derecho de voto a los Estados miembros que “violen gravemente” los principios de la Unión Económica y Monetaria, a saber, que tengan un déficit excesivo. Así que, además de irte mal, te quedas sin voto y ya no pintas nada. Los gritos, afortunadamente, han llegado de muchas partes. Barroso –que cuenta en nuestro patio de vecindad, según Merkel, lo que Emilio, el portero de la serie de televisión– lo encuentra “inaceptable y surrealista”. La comisaria Reding ha criticado el ‘pacto de Deauville’ entre Merkel y Sarkozy: “Es suicida pensar en reformar el Tratado de Lisboa. Las reglas no las hacen dos sino 27”.

Retirar el derecho de voto tiene mucho, o todo, de antidemocrático, pero no es sólo la canciller Merkel la que lo aplica. De hecho, en muchos otros ámbitos ya se funciona así. Por ejemplo, en España, la nueva ley de propiedad horizontal retiró el voto en las decisiones de la comunidad al vecino moroso.

Otros países han desarrollado todo tipo de limitaciones al voto de sus ciudadanos. Bolivia quita el voto al traidor a la patria; en El Salvador se pierden los derechos de ciudadano por “conducta notoriamente viciada”; en Guatemala, los militares, de entrada, no tienen derecho de voto, igual se hartaron de generalotes… En Honduras, te lo quitan por “ayudar” (?) a un extranjero o a otro gobierno extranjero en pleitos diversos contra el Estado, o por “incitar, promover o apoyar el continuismo o la reelección del Presidente de la República”. En México, no votas si eres un vago o un borracho consuetudinario…  Y hay mucho otros ejemplos que no merecen más comentarios.

Y luego tenemos el caso de los votos que valen más que otros. En España, por aplicación de la Ley d’Hont y otras exigencias, socialistas y conservadores consiguen un escaño con 66.000 votos mientras a IU le cuesta siete veces más. En la UE, está claro que unos países pueden más que otros.

Merkel puede tener sus razones económicas para querer modificar el Tratado de Lisboa pero debería recordar las palabras de Charles Bukowski: “la diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes”.

Del oráculo de Delfos al FMI

20 oct 2010
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Hay días en que creo más en las profecías que en los pronósticos del FMI o de cualquier otro organismo. La historia de la humanidad me anima a ello. Y siempre es más poético que una estadística que reduce a prosaicos números nuestro incierto destino inmediato. Creso, el último rey de Lidia, ni con toda su opulencia consiguió evitar la muerte de su adorado hijo Atis, ya que cometió el error de no interpretar bien los presagios que le guiaban en sus decisiones. Por ejemplo, una noche soñó que Atis moría atravesado por una punta de hierro. Lo que hizo fue evitar que se acercara a cualquier objeto punzante, pero un día le permitió participar en la cacería de un jabalí, ya que los colmillos no son de hierro, y murió alcanzado por la jabalina de otro cazador. Para remate, le preguntó luego al oráculo de Delfos si debía ir a la guerra contra el rey persa Ciro II el Grande y el oráculo, enigmático como siempre, respondió: “Si cruzas el río Halys –que era la frontera entre Lidia y Persia– destruirás un gran imperio”. Así que fue a la guerra y la
profecía acertó de nuevo: Lidia fue destruida y Creso perdió su reino.

Hoy en día, que se sepa, los gobernantes no recurren a oráculos o profetisas para tomar decisiones, pero hay ocasiones en que las predicciones económicas recuerdan a Delfos, al menos en la ausencia de razonamiento. Incluso economistas que hacen esas previsiones reconocen en privado que en su mayoría andan perdidos. Aunque, con tantas revisiones como se hacen, al final casi todos aciertan.

En estos momentos, la predicción más controvertida en España es cuánto crecerá el Producto Interior Bruto el próximo año. Frente al 1,3% que prevé el Gobierno, el FMI lo rebaja al 0,7%. ¿Quién es más Delfos? En la primavera de 2008, con la crisis ya en marcha, el FMI daba el doble de crecimiento para España del que al final fue y el pronóstico del Gobierno superaba en 2,5 veces la realidad. Eso sí, para el otoño confluyeron las previsiones de ambos en apenas cinco días para acertar con el crecimiento final del 0,9%. El año pasado, el Gobierno fue más a remolque del FMI, tanto en reconocer el cambio de signo (de crecer a decrecer) como en la magnitud de la caída (acabó en -3,7%). Sin embargo, este año es el ministerio de Salgado el que marca la pauta y a sus previsiones (-0,3% ) están
confluyendo casi todos los demás.

Creso perdió un reino por no saber interpretar bien las señales, pero eso fue porque no repreguntó al oráculo una y otra vez. El Gobierno y el FMI revisaron seis veces su previsión de crecimiento del PIB español para 2009. La de este año ha sido cambiada cuatro veces por el Ejecutivo y cinco por el FMI. Y para el próximo año ya ha habido tres predicciones gubernamentales y cuatro del Fondo Monetario Internacional. Pero la discusión no es si son seis decimales más o menos de crecimiento del PIB un año sino cómo resolver las causas de la crisis a largo plazo. Y las recetas del FMI son tan discutibles como sus previsiones. Entretanto, el déficit corriente se ha reducido a la mitad, la venta de viviendas repunta aunque sea por motivos fiscales coyunturales y el déficit público baja, pero se incrementa la deuda y sube el paro.