Opinion · Otras miradas

Lo que Cristina Cifuentes oculta

María Espinosa

Diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid

María Espinosa
Diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid

El tiempo de los corruptos ha llegado a su fin. Estas fueron las palabras que Cristina Cifuentes pronunció durante el discurso del día de la Comunidad de Madrid, hace tan sólo unos meses. Un acto de “honestidad” y de ruptura, con el Partido Popular que ha escrito la mayoría de las páginas sobre corrupción que ocupan los tribunales españoles. Esta fe de pureza parecería creíble si la sombra de la duda no acechase sobre la Presidenta.

Las casualidades no existen o al menos no suelen darse. Cristina Cifuentes pertenecía al Patronato de Fundescam, la Fundación del PP, cuando recibió más de cien mil euros de donación por parte de Arturo Fernández.  Este mismo dinero, fue destinado a sufragar los gastos de campaña, cuando la misma Patrona de los Corruptos se encontraba en el Comité Regional de Campaña del Partido Popular de Madrid. Sin embargo, esta doble coincidencia no finaliza aquí, sino que llega hasta la concesión de la cafetería de la Asamblea de Madrid, donde participó tanto en la mesa de contratación, como en el comité de expertos. Resulta difícil creer que algo así pueda ser resultado de la casualidad y no de un pacto para devolver el favor a Arturo Fernández, como señala la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

Pese a todo ello, Cristina Cifuentes se presenta como la novedad del Partido Popular, algo difícil de creer con una larga lista de imputados a su espalda, a los que en algunos casos ha concedido un gran retiro en el Senado, como es el de su número tres y mano derecha, Fernández Taboada, por el que puso la mano en el fuego hasta casi quemarse, cuando le salpicó el Caso Púnica. Por si no fuera poco, quien pronunció que la corrupción era incompatible con la democracia, ha decidido abandonar la comisión que investiga la misma, y el PP ha abandonado la comisión de investigación en la Asamblea de Madrid. Desconocemos los verdaderos motivos de la huida… quizás porque la palabra democracia les queda muy grande o porque la corrupción no les supone en realidad un problema que se deba investigar, sino un modo de hacer política más, como demuestra el habernos ocultado las actas del Canal de Isabel II; y es que a Cifuentes le ha debido de crecer la nariz, porque ni el personaje de Pinocho mentía tanto.

Quien dice ser la “renovación”, ha preferido proteger a sus corruptos antes que permitirnos averiguar más sobre lo que ha sucedido en nuestra región en estos últimos veintidós años y donde ha ido a parar el dinero público. Parece que quien abandera el blanco como signo de pureza, resulta ocultar un negro pasado o las vergüenzas de quienes se encuentran a su alrededor. De los cuatros presidentes del Partido Popular que la Comunidad de Madrid ha tenido, todos han estado imputados, encarcelados o han sido investigados.

¿Qué puede ofrecer entonces un partido político cuyos máximos responsables en la región se han visto envueltos en casos de corrupción? Resulta ridículo que pese a ser representantes de la corrupción en las instituciones, consideren estar en condiciones para promover un “pacto de regeneración democrática”.