Opinion · Otras miradas

Confiamos en las mujeres

Beatriz Herranz Jiménez

Consejera Ciudadana de Podemos Madrid responsable de Feminismos

Carmen Barrios Corredera

Fotoperiodista

La huelga de hoy, antes de escuchar cualquier valoración gubernamental, ya es un éxito. Nadie lo duda. El movimiento feminista ha logrado colocar en el centro de la agenda política los problemas a los que nos enfrentamos las mujeres día a día, que nos violentan en todos los ámbitos de nuestra vida y que nos impiden desarrollarnos con plena libertad. Entre miles de mujeres diversas unidas por la confianza colectiva, hemos conseguido tejer este 8 de marzo con los hilos de una huelga que ha generado una expectación histórica.

Entre todas hemos conseguido que los cimientos del heteropatriarcado se tambaleen. El camino ha sido largo. Hemos recibido ataques diversos, los ya consabidos de  sectores retrógrados de La Iglesia, como es el caso del Obispo de San Sebastián, que nos acusó a las feministas de “llevar el demonio dentro”. Y es que, amigas, ya sabéis que no se es buena feminista si el demonio nos lo dejamos dormido en casa. Si en algo tiene razón José Ignacio Munilla es que las feministas diariamente nos dedicamos a meter el dedo en el ojo (o en medio de la llaga) al heteropatriarcado. Eso pone nerviosa a la Iglesia y a muchos otros.

Nuestro presidente, M. Rajoy, para quienes no le conozcan por su verdadero nombre, fue más ladino y decidió “no meterse en eso” cuando le preguntaron por la brecha salarial en una entrevista radiofónica. No porque no le importase o porque no supiera de qué le hablaban, por estar tan desconectado de la realidad de su país o porque fuera un machista de libro, sino porque a estas alturas ya sabe la fuerza que tiene el movimiento feminista. Sabe que hicimos dimitir a un ministro estrella como Gallardón, que se atrevió a querer hacernos retroceder legislativamente en el derecho al aborto y sabe de sobra que nosotras, las mujeres, estamos siendo capaces de organizar una movilización social y política, con una huelga amplia (que lleva gestándose dos años) en el trabajo, de consumo, de cuidados y en la educación, como nunca antes se había conseguido.

Que nadie se piense que ha caído del cielo, aunque monseñor Osoro insinúe que también la Virgen haría la huelga, sumándose ella al final tras ser trabajada entre las de abajo, las de siempre, las que sufrimos las desigualdades, comenzando por el propio uso del lenguaje, que no nos nombra, hasta impregnar todas las esferas de nuestra vida. No en vano, las mujeres feministas llevamos reclamando el derecho a la igualdad desde hace siglos. Nos enorgullecemos de nuestra historia compartida por los derechos sociales, políticos, civiles, el derecho al voto, ser dueñas de nuestro propio destino y de nuestro cuerpo y el derecho a la igualdad, en todas las esferas de la vida, que para eso somos el 50% de la población y reclamamos nuestra parte, que se tenga en cuenta nuestro valor.

Pero lo que más nos han sorprendido es la tozudez de algunos y algunas, que, pese a perder lo que en comunicación política se denomina “marco comunicativo”, que no es ni más ni menos que quién se lleva el gato al agua de la opinión pública, siguen erre que erre con discursos que se caen por su propio peso. Este es el caso de Cifuentes con su ridícula “huelga a la japonesa”, como si no hiciéramos las mujeres una huelga diaria a la japonesa por duplicado. ¿Es que acaso Cifuentes no lee los informes publicados? como el del INE o los Técnicos de Hacienda, de los que se deduce que el común de las mujeres trabajamos dos meses al año gratis respecto a los hombres; y que además destinamos a cuidados familiares 26,5 horas a la semana, mientras ellos dedican 14.

O el caso de Ciudadanos que pretendió descalificar la huelga feminista diciendo que es una huelga política, como si la política fuera un insulto. Las reclamaciones y exigencias que hacemos las mujeres son cuestiones de Derechos Humanos, que hombres y mujeres seamos iguales y tengamos las mismas oportunidades, derechos y deberes. Eso queremos, reclamamos el derecho a la igualdad. Porque mientras persista el patriarcado, no la tenemos.

Pero el último caso es el más llamativo. El día 6 por la tarde en España ya teníamos nuestro propio manifiesto “contra el puritanismo” si tomamos el referente francés, y el machismo más recalcitrante sacaba el texto No nacemos víctimas en el que dirigentes y exdirigentes de Cs, PP y UPyD impulsaban un manifiesto contra el feminismo en el que afirman que la mayoría de mujeres “somos libres para elegir carrera profesional, trabajo y tipo de vida”. Ojo, que el manifiesto de marras está firmado (que lo firman poco más de veinte personas, pero qué veinte) entre otras por Cayetana Álvarez de Toledo, Marquesa de Casa Fuerte y Grande España, una mujer libre, sin duda, para elegir aquello que más le convenga.

Poco importan las estadísticas cuando se trata de vender un relato. Poco importa que las mujeres cobremos, de media, un 30% menos que los hombres; que tengamos una tasa de desempleo 3 puntos más alta que la de ellos; que sólo un 17% ocupe puestos de dirección; que a nosotras nos afecte en mayor medida la parcialidad (un 73,8% frente al 26,2% de ellos) o la temporalidad, aunque sin embargo seamos nosotras las obtengamos mejores resultados en las pruebas universitarias y mejores expedientes. Los firmantes de este manifiesto nos quieren hacer creer que nosotras decidimos con libertad. ¿Somos acaso nosotras las que decidimos “libremente” ser invisibilizadas en el lenguaje, ninguneadas en el empleo, acosadas, maltratadas, violadas o asesinadas?

Las señoras y señores firmantes del citado manifiesto subrayan, sin sonrojarse, que España es uno de los países más seguros del mundo para las mujeres, con un índice de violencia de pareja comparativamente inferior a nuestro entorno”. Lo afirman sin contar con que la realidad es tan abrumadora, que la violencia machista es hoy una de las principales preocupaciones de la sociedad española. Más de 1000 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en los últimos 14 años. Así de cruel, así de duro. No señoras y señores, no somos uno de los países más seguros mientras se sigan perpetuando las variadas formas de violencias machistas que sufrimos diariamente las mujeres.

Los derechos conseguidos hasta ahora se han producido gracias a la lucha incansable y diaria de las miles de mujeres que nos reconocemos como feministas y que no hemos cejado en denunciar públicamente las violencias a las que nos enfrentamos.   Las feministas hemos logrado, también para las firmantes de ese manifiesto que reprueba el feminismo, derechos de los que ellas también se benefician. Las mujeres feministas labramos el camino de la historia para todas nosotras, y también para ellos.

Nosotras ya hemos ganado con esta huelga porque vamos a seguir incomodando a un sistema que el día 9 no podrá mirar para otro lado, como está haciendo hasta ahora y porque si las mujeres nos lo proponemos, paramos el mundo. Hoy celebraremos la vida, el trabajo conjunto y el orgullo de ser miles de mujeres dispuestas en la lucha. Y gritaremos orgullosas: confiamos en las mujeres.