Punto y seguido

Nazanín Armanian

Estado de sitio económico

12 Feb 2012
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Las sanciones económicas suelen ser aplicadas a un país desde el Concejo de Seguridad de la ONU, y en teoría con el objetivo de cambiar aquella política que amenaza la paz y la seguridad internacional.

Sin embargo, ha sido EEUU el impulsor de la mayoría de las sanciones y lo ha hecho contra decenas de países que no han cumplido sus deseos (aunque bajo pretextos como “pisoteo de los derechos humanos “el desarrollo de armas de destrucción masivas”, etc.); a demás, es el único país que impone las leyes internas a otros, multándoles si comercian con los condenados. Somete a los civiles a un duro castigo colectivo pensando que así se lanzarán contra sus gobiernos, ignorando que con esta medida, las autoridades militarizan el presupuesto, crean mercado negro y exprimen aun más a los sufridos ciudadanos….y que un pueblo moribundo no se sublevar contra nadie.

Siria e Irán son las últimas víctimas de esta caprichosa medida, aunque ha sido Iraq el caso más dramático, un verdadero crimen contra la humanidad.

Entre 1991 y 2003, y después de semanas de bombardeos sobre la infraestructura civil, hogares y escuelas, Washington le aplicó a Irak las sanciones más largas y severas jamás impuestas a un pueblo en toda la historia. Esperaba que el fin de la Guerra del Golfo Pérsico coincidiera con una rebelión del pueblo contra el dictador. No sucedió, por lo que decidió castigar su inmovilidad. Así insinuó Bill Clinton: «las sanciones se mantendrán mientras dure Saddam».

La larga lista de los artículos prohibidos por su posible uso para construir armas de destrucción masiva incluía, papel, lápices, leche en polvo, cloro y muchos medicamentos. Si el genocidio es un crimen intencional contra un pueblo, cerca de medio millón de niños y un millón de adultos iraquíes murieron a causa directa de la sanciones, cuando los Convenios de Ginebra prohíben cualquier traba a la libre circulación de alimentos y de medicinas, incluso durante las guerras. A los niños les negaron alimentos, salud, un hogar, una educación y el derecho a un futuro. En 1996, un periodista del programa “60 Minutes” de la CBS preguntó a Madelene Albright si merecía la pena seguir con el bloqueo cuando han muerto más niños que en Hiroshima. “Es el precio que creemos que merece la pena pagar” Contestó. ¡Claro! ¡No se trataba de sus hijos!

El objetivo perverso de prolongar las sanciones era impedir que la nación iraquí levantara cabeza en décadas, mientras saquean sus recursos naturales. Así, consolidaban el proyecto de empobrecer aquella sociedad, debilitarla sustancialmente y anclarla en el subdesarrollo para décadas. Un montón de escombros y una generación nacida entre bombas, terror y hambre, garantizarán el éxito del plan.

El PIB del país cayó a los niveles de 1949, llevando al 70% de la población en 1994, por debajo del umbral de la miseria. Un año antes de la guerra un dinar iraquí equivalía a tres dólares, cuatro años después, un dólar era 1.700 dinares, que significa el paro, la inflación, el hambre y la desesperación de los trabajadores…

Ante la cifra escandalosa de víctimas EEUU y la ONU aplicaron la política de “alimento por petróleo”: por el que permitían a Irak vender su fuel sin recibir el dinero, retenido por el Banco de Nueva York (¡), para ser dividía en tres partes: una para indemnizar a EEUU, Arabia Saudí y Kuwait, otra destinada a los sueldos multimillonarios de los inspectores de la ONU y la última a la compra de alimentos, cubriendo el 20 % de las necesidades primarias de un pueblo que agonizaba sobre un mar de Oro Negro.

Hoy en Siria, las sanciones ya han causado la devaluación de su moneda y disparar el precio de los alimentos, robando el pan de la mesa de los más pobres.

En Irán, el bloqueo al Banco Central y al petroleo por parte de EEUU y la Unión Europea ha creado una atmósfera prebélica. El “bazar” (la burguesía comercial), al igual que durante la guerra con Irak (1980-88) acapara los productos básicos para venderlos a precios de lujo en el mercado negro.  El comercio exterior ya es una cuestión de seguridad nacional, y bajo el dominio de militares y empresas que gestionan.

Más sanciones son igual a más corrupción, ocultamiento de datos reales del paro, de la inflación, culpar a los extranjeros de los males que padecen y aumentar la dependencia del país a los estados que esquivan el bloqueo.

Cuentan que Kennedy retrasó el embargo a Cuba hasta disponer de un millar de sus habanos, para luego imponer la multa de un millón de dólares y diez años de prisión a cualquier compatriota que, en cualquier parte del mundo, fumase los puros cubanos. Anécdota que desenmascara la hipocresía de pudientes, lo absurdo, irracional y surrealista de las infracciones, que oculta el drama de los  sancionados.

 


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