Obama II: Petraeus, Siria e Israel

“Un escándalo pequeño para tapar algo escandaloso”. El presidente Obama, fortalecido tras su reelección, se deshace del general neo-can David Petraeus, director de la CIA, el último que había heredado del gobierno de Bush. En 2011 ya apartó al secretario de Defensa, Robert Gates, “el señor de guerra” desde 2006.

La salida de Petraeus coincide con la detención de otros altos cargos militares en misión extranjera, con la caída en desgracia del general Allen, responsable de la OTAN en Afganistán, la marcha voluntaria de la secretaria de Estado, la halconesa H. Clinton (su rival en las primarias del 2008, a quien incluyó en su gabinete para neutralizarla) y también la de León Panetta, director del Pentágono. Que el cese del ministro ruso de defensa, Anatoly Serdyukov por Putin coincidiera con dichos cambios, pone la guinda a la intriga.

Sobre las razones de la renuncia de Petraeus, la versión oficial apunta a un affaire sexual y la extraoficial, al incidente en el consulado de EEUU en Libia que causó la muerte de su embajador. Aunque puede haber otra: el fracaso en la estrategia llevada a cabo en el Oriente próximo y el Norte de África por la CIA y el Pentágono.  Hasta hoy, lo habitual en acusar a un político de “actitudes inmorales” era que un periódico las revelaba, el avergonzado lo reconocía, pedía perdón y dimitía para evitar males mayores. En el “caso Petraeus”, y a pesar de que desde el verano era secreto a voces en la Casa Blanca, ha sido el propio general que confiesa su pecado y lo hace además dos días después de la reelección de Obama. ¿Por qué los republicanos no lo utilizaron como “sorpresa de octubre” contra el candidato demócrata?  Por otro lado, sorprende que el adulterio puede ser motivo del cese de un “héroe”, pero no lo sea el ser responsable de la tortura, secuestro y muerte de miles de personas, incluidos varios centenares de sus compatriotas en Afganistán.

En cuanto al asalto de los al-qaedistas al consulado (sede de operaciones de la CIA) en Bengasi, que sucedió -para el alucine de los cabalistas-, otro 11 de septiembre (2012), Petraeus lo relaciona con la película contra el profeta Mahoma. Otros informes le culpan por la detención ilegal de varios libios armados que provocó el ataque de este grupo al consulado para liberarlos. Se trataría de los mismos salafistas  a los que Obama y líderes europeos armaron para derrocar a Gadafi. ¿Estaban criando la serpiente en la propia manga?

Sin embargo, todo indica que el presidente remodela la cúpula militar-inteligencia de cara a la política exterior. El motivo no es sólo la rotunda pérdida de la influencia de EEUU en el mundo desde hace varios años, sino el aumento de la tensión y el clima anti-estadounidense en países supuestamente democratizados y liberados, a pesar de los informes redactados por la CIA y el Pentágono sobre los éxitos de su estrategia. Ahora resulta que Petraeus fue un héroe de papel. No consiguió que la milicia sunnita “Hijos de Irak” que creó desbancara a los chiitas del poder, ni encontró un recambio al impresentable afgano Hamid Karzai, que se acerca más y más a China e Irán. Hizo que Pakistán se escapara de la órbita americana, convirtiendo a Afganistán en una ratonera para la OTAN. Ambas instituciones también cometieron el mismo error que los “orientemediólogos” occidentales: vincular la solución de todos los conflictos de la zona con la paz entre palestinos e israelíes,  incluido el programa nuclear iraní. ¿Quiso la CIA sabotear las negociaciones de los enviados de Obama con Teherán, al anunciar el desmantelamiento de un imposible plan iraní para matar al embajador de Arabia Saudita,  y nada menos que en Washington y no en Bagdad o Beirut? Tuvieron que ocurrir hechos como la toma de la embajada en Al Cairo o en Bengasi para que Obama se diera cuenta de que el apoyo a los islamistas durante las mal llamadas “Primaveras árabes”, a cambio de que éstos se convirtieran en aliados, era la ilusión de un aficionado.  Con amargura confesó que “Egipto no es un amigo, pero tampoco es enemigo”, de momento.

No se puede descartar que la CIA tuviese algún plan contra Obama antes de las elecciones. En  1980 y en la víspera de las elecciones presidenciales, se unió con el Mossad y el republicano Ronald Reagan para impedir la liberación de sus compatriotas retenidos en la embajada de EEUU en Teherán y así tumbar a Jimmy Carter, quien alarmado por los crímenes que cometía “La Campaña” (la CIA) en Vietnam, Laos, Camboya, Filipinas, Congo… prejubiló a varios mandos y prohibió los asesinatos de los políticos extranjeros. ¿Se había convertido el General Petraeus en un poder autónomo fuera de cualquier control? Quizás por eso ni los republicanos le defendieron.

Pero la decadencia de EEUU no tiene un solo culpable. China y Rusia han cerrado el capítulo de los tristes años 1991-2011, marcados por el militarismo desbocado de EEUU en el mundo.

Cambios en el “caso Siria”

Una vez iniciada la limpieza en su entorno, Obama declaró el “Fin de la década de guerra” (directa y unilateral), y lanzó dos iniciativas para cumplirlo: el diálogo sincero con Irán y lavar la cara de la tutelada oposición siria apartando a los islamistas, -que asustaban tanto a la población siria como a los vecinos- y colocar a George Sabra, un ex comunista cristiano en su dirección, además de mantenerse en un segundo plano. EEUU no quiere ser la gendarmería del mundo atendiendo pequeñas peleas vecinales. Mientras el Presidente mira al Pacífico sur, deja que Francia arme esta “nueva” alternativa a Assad, y que sea Turquía quien coloque los misiles Patriot en la frontera con Siria para así crear una zona de exclusión aérea de facto, y que luego sean las tropas británicas que en invierno avancen hacia Damasco, para atender supuestamente a la población asediada, según el General Richards, jefe de las fuerzas armadas británicas. Qatar e Israel, por su parte, estudiarán cómo asesinar a Assad, y todos juntos se reirán del Derecho Internacional, antes de repartir el pastel.

Israel se ríe de Obama

La primera declaración de “guerra” del gobierno israelí a Obama fue su abierto apoyo a Romney durante las elecciones. ¡Fue el único del mundo! Y la segunda, agresión a Gaza con el fin de: colocarse en el centro de la atención mundial e incluso humillar a un Obama sin agallas que se verá obligado a apoyarle; impedir la formación del Estado palestino, y exportar al crisis interna, de cara a las elecciones de enero. Un Netanyahu frustrado por no haber podido atacar a un gigante como Irán se ensaña con los indefensos palestinos, sin caer en la cuenta de que éste no es el mundo del Plomo Fundido del 2008.

Tampoco de santos como Obama se pueden esperar milagros. Él no da más de sí.