Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

A la boloñesa

19 Abr 2008
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Nunca un giro tan radical en una institución pública había sido silenciado hasta tal punto. ¿Cuántas personas saben que en 2010 desaparecen las licenciaturas y diplomaturas? ¿Cuántas personas saben que a partir de ahora quienes deseen ser profesores, en lugar de hacer el breve CAP, tendrán que costearse un máster? ¿Cuántas personas saben que se ha creado un organismo llamado ANECA, el cual, según un nuevo Decreto, tiene carácter preceptivo para la aprobación de cualquier plan de estudio? Es más, ¿cuántos me creerían si les dijera que la ANECA está compuesta en parte por empresarios y que el Consejo Social Universitario cuenta ahora también con participación empresarial? Realmente, ¿cuántos me creerían si les dijera que desde el año 2001 hasta el 2007 el número de becas concedidas en el Estado español se ha reducido a la mitad? ¿Cuántos pensarían que bromeo si les dijera que la nueva Ley de Financiación Universitaria establece que se financie más a aquellas facultades cuyos graduados monten empresas propias (y menos al resto)? Y sin embargo, todos estos datos son absolutamente verificables.

MANUEL MUÑOZ NAVARRETE
DELEGADO DE ALUMNOS DE FILOLOGÍA, UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Como contaba aquí Antonio Orejudo, yo también recuerdo muy bien la primera vez que tuve conciencia de que existía Rubalcaba, en los ochenta: era el tipo taimado, ensoberbecido y prepotente que comenzó a insultar a los estudiantes, pero sin darse cuenta; es decir, dijo lo que de verdad pensaba. Rubalcaba estaba entonces convencido que la universidad sólo tiene sentido si te permite ganar más dinero: el que estudia Humanidades, una de esas “carreras devaluadas”,  no es más que un idiota y, con toda probabilidad, un resentido. En aquella época, la ambición de Felipe González era que “en España, haya muchos Rockefeller” y el ministro de Economía socialista no paraba de presumir de que “España es el país donde más pronto se puede hacer uno millonario”.  Enseguida, hubo que crear una nueva unidad monetaria, el pellón, equivalente a mil millones de pesetas y que tomó su nombre de Jacinto Pellón.

Ya ni siquiera hay Ministerio de Educación y las ideas del PSOE siguen siendo las mismas (pocas y contundentes): la universidad es un lugar para formar dirigentes capaces de amasar fortunas sin remordimientos, esos Rockefeller que España necesita a toda costa. Para el PSOE, la función de la universidad debe de ser producir tipos como los impunes Albertos.

Así que, en mi opinión, pierda toda esperanza (como escribió, creo recordar, Botín a la entrada de su banco). La universidad se la van a entregar a la empresa privada para que la convierta en un sistema de selección y formación de cuadros ejecutivos. Y no será gratis, por supuesto: ¡ni que fueran una ONG!


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