Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Los tragasantos

06 Jun 2008
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El embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, ha pedido que se marque la casilla de la Iglesia en la declaración del IRPF, ya que supone “un beneficio para los creyentes y los no creyentes”. Yo me sumo a esta petición, porque supone reconocer todas las aportaciones que hace la Iglesia y un apoyo para que éstas puedan ser mantenidas económicamente. Y es que una Iglesia económicamente no independiente hace que se note con claridad que una sociedad, que no valora la libertad religiosa, es una sociedad enferma que camina hacia la destrucción de otros derechos fundamentales y de la democracia y eso, en España, no va a pasar.

JOSÉ MORALES MARTÍN PALAFRUGELL (GIRONA)

Un embajador de España, aunque lo nombre el Gobierno, debería representar al Estado, al conjunto de los españoles. A un Estado laico, además. Como es obvio, este tipo, Vázquez, sólo representa al Gobierno. En concreto, a este Gobierno, el más meapilas de la reciente historia española. Meapilas: persona muy beata, según doña María Moliner. En España sólo el 22% pone la disparatada cruz en la declaración de la renta. A esa pequeña parte representa el tal Vázquez. La cruz es un disparate escandaloso porque es una vergüenza que se pague a la Iglesia católica a cargo de los Presupuestos de un Estado (supuestamente) laico. Frente a esa realidad, ¿qué puede hacer el representante, no de España, sino de un Gobierno de chupacirios? Pues propaganda fide, ¡qué iba a hacer un embajador tan camandulero nombrado en la sacristía del Consejo de Ministros!

El laicismo en versión Zapatero y Fernández de la Vega es de risa: consiste en aumentar del 0,5% al 0,7% el dinero que se embolsa la Iglesia, en negarse a quitar el crucifijo de los actos oficiales, en arrodillarse en todas las procesiones, Pascuas militares y demás mojigangas, y en garantizar más “libertad religiosa” (es decir, más religión, en lugar de menos: ¡dos tazas!). Chiripitifláutico, ¿verdad? Por si fuera poco, nuestro ministro venatorio y vehemente, Bermejo, acaba de hablar de “continuidad” en asuntos religiosos, es decir: no piensan denunciar jamás ese Concordato franquista que tanto nos abochorna.

Así que lo que está enfermo, en mi opinión, es un Estado que se dice laico y no hace otra cosa que genuflexiones ante la Iglesia. Se preguntaba en este periódico Jordi Serrano i Blanquer si el Gobierno de Zapatero tiene miedo a la Iglesia. Qué va, miedo no: o bien le tiene pánico, o bien son una pandilla de catecúmenos mojigatos que se hacen pasar por socialistas; pero una de dos, no hay más tu tía. Usted tranquilo, don José, que la Iglesia seguirá apandando lo mismo y esa martingala del Estado laico es sólo de cara a la galería: no se la creen ni ellos.


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