Las cerezas de Luis Pastor

De vez en cuando, muy de vez en cuando, vuelvo a caer en los cantautores. Es solo un ratito, un par de horas a lo sumo, una o dos veces al año. Lo hago siempre solo, un poco a escondidas, un poco avergonzado por si desde la sombra me espía el yo de 15 años que escuchaba a los cantautores: Paco Ibáñez, Serrat, Lluis Llach, Silvio Rodríguez… A veces incluso, aprovechando que no me ve nadie, me los enciendo en vinilo, pues le debo a mis mentores un íntimo histrionismo carvalhesco.

A Luis Pastor (Berzocana, 1952) lo conocí más tarde, por la televisión. Interpretaba cantares de ciego en un programa de variedades. Salía vestido de ciego, con sus gafas de ciego y su guitarra de ciego, sentado en el suelo y pidiendo monedas, y cantaba unas coplas muy ácidas y vagabunderas sobre temas de actualidad. El cantar del ciego Luis Pastor era la contracrónica semanal de lo que sucedía en España, como si el ciego acabara de volver de todos los caminos terreros, y yo esperaba intranquilo al domingo para enterarme de las noticias por el ciego. El mester de juglaría es el mejor periodismo que ha tenido nunca España.

Ahora Luis Pastor se ha hecho también poeta. Acaba de publicar en Bartleby Editores el título De un tiempo de cerezas, su primera obra lírica sin andamio musical. Puro papel. “Yo nunca me he considerado poeta. Sencillamente, soy un músico que de joven empezó poniendo melodías a grandes poemas, y eso me ha exigido mucho con mis propias letras. Digo que no soy poeta porque no sé dónde está la línea invisible en la que se tiñen los dos conceptos: poesía y canción”.

De un tiempo de cerezas es la autobiografía en verso del niño crecido en el surco de un pueblo de Extremadura, después emigrante adolescente en los arrabales vallecanos de Madrid, donde le hacen responsable de Juventud Obrera Cristiana a los 18 años. Eran los tiempos de los curas rojos, nuestra teología de la liberación con guitarra, asambleas y conciertos en iglesias de barrio, desgarbadas homilías que asustaban un poco a los burgueses. “Aquellos curas tuvieron una importancia enorme para la formación de cuadros de la izquierda en este país. Han dejado un gran vacío. El Vaticano ha primado al Opus, a otro tipo de cura que, si le dejas, dice misa de espaldas al público y en latín”. Para sorpresa del interlocutor, Luis Pastor asegura que el cura rojo con guitarra sigue existiendo, que aun no es especie extinguida. “¡Qué va, hombre! Hace poco celebramos un concierto en una iglesia de Palomeras Altas [Vallecas] por el cincuenta aniversario de aquellas parroquias que tuvieron una manera diferente de entender el cristianismo. Allí estaban todos aquellos curas [empieza a recitar nombres]. Todos con ochenta años, claro”, se ríe.

Uno creció con los cantautores y ahora los escucha a escondidas, como avergonzado de aquel tiempo fracasado que compartió con ellos, la modélica Transición y tal.

–La palabra no era un arma cargada de futuro. No ha servido.

–No ha servido en una visión global. Pero en aquellos años ayudó a cambiar la mente de muchos jóvenes. Yo empecé a leer porque escuché a Paco Ibáñez. De ese viaje a las utopías que creímos emprender cuando éramos jóvenes, lo importante era el camino.

Al primer disco de Luis Pastor le censuraron en 1970 todas las canciones menos cuatro. El Régimen censuraba una canción basada en un soneto amoroso de Neruda mientras promocionaba apologías pop de la pedofilia como Quince años tiene mi amor. Se retiró temporalmente en el 79, cuando la bocina del cantautor se empezaba a hacer molesta, también, para la neoburguesía socialista: “Se nos decía que los cantautores políticos ya no teníamos razón de ser”. Y quizá era cierto… “En aquellos años, asumimos un papel que iba más allá del oficio de cantautor. En esta época cada persona tiene un altavoz. Entonces, la gente tenía la boca cerrada y el cantautor era el altavoz de muchos ciudadanos. Aquello no volverá, ni tiene razón de ser. El compromiso político ya no se circunscribe al cantautor: hay raperos, rockeros y hasta poperos que están en ello”.

–Eres hombre de izquierdas: el PSOE.

–Perdió sus referentes en su carrera liberal. Perdió la esencia, la memoria, el patrimonio cultural, el histórico, sus raíces.

–Podemos.

–Se han vuelto muy mayores de repente.


‘De un tiempo de cerezas’, Luis Pastor. Selección de poemas y prólogo de José Manuel Díez (Bartleby Editores, 2016)