Las lágrimas incendiarias de Piqué

Lo de Piqué, Gerard Piqué. Hay que escribir sobre Gerard Piqué, el furbolista. Se pasa uno la vida intentando parecer un gourmet de la columna, un delicado cicerone en vuestros laberintos intelectuales, un afamado destructor de endecasílabos, un poeta tabernícola, un jilguero desacademizante, un alfabético clítoris del gozo semántico, y acaba uno escribiendo sobre Piqué: el furbolista. Fútbol es fútbol. No hay rival pequeño. A por ellos. Que ruede el balón.

Creo que fue en la Ser donde dieron ayer una encuesta espontánea con más de mil personas (no creáis que Demoscopia o las nuestras manejan muchas más, pero vendemos cocina) y el 54% de los españoles opina que Gerard Piqué debería abandonar la selección española de fútbol por haber votado el 1-O, por haber defendido públicamente el derecho a decidir, por haber criticado la violencia policial y por haberse echado a llorar al comentar el Domingo Negro delante de las cámaras: “Es un día muy duro. Las imágenes de la Guardia Civil y de la Policia Nacional hablan por sí solas”. Considera bastante gente que las lágrimas de Gerard Piqué fueron incendiarias. Yo nunca había sabido de lágrimas incendiarias. Shakira debe sentirse encantada. Y el que interprete machista esta frase que aparte sus sucios labios de mi prosa, que diría Rufián.

El lunes, durante el entrenamiento a puertas abiertas de la selección española en Las Rozas, antes del difícil y byroniano partido contra los albaneses, el público madrileño abucheó al futbolista que ha ganado con la Roja una Eurocopa y un Mundial. Cuando salió al campo madrileño, los aficionados a España le gritaron maricón a Piqué, como si maricón fuese un insulto. Qué gente más iletrada. La exactitud en el arte de insultar es lo que mide la inteligencia de las personas y las multitudes. Le gritaron maricón porque rima con selección: “Piqué, maricón, fuera de la selección”. Hacía siglos que no veía exprimir con tanto rigor un diccionario de rimas. Por no hablar de la métrica. Piqué no se enfadó, pues no todos los días te insulta gente tan presocrática avant la lettre. Pero se le notaba cara triste.

Yo soy de los cobardes que consideran que el referéndum del domingo negro fue ilegal, inauditable, quimérico y tal, pero el referéndum de la Ser, y el de varios medios deportivos y generalistas sobre el asunto Piqué, me hace saber que estas encuestas radiofónicas y online tienen toda la validez sentimental, política y hasta legal que no entra en las urnas de Puigdemont. Es el referéndum espontáneo de una sociedad enferma. El verdadero. Al menos radiofónicamente hablando. Según estas encuestas más o menos coincidentes, más de la mitad de la gente de este país está abogando por expulsar de la selección española a uno de los mejores deportistas de la historia de este tauromaniaco edén, un tío que ha ganado con la selección española una eurocopa y un mundial.

No es baladí el hecho de que Piqué formara parte del equipo que acabó con la Furia Española, táctica fraquista de nuestro equipo nacional que consistía en correr más épicamente que ninguno hacia la comedia: mi infancia son recuerdos de perder con Yugoslavia en octavos. La furia española regresa ahora, pidiéndole a Piqué que se marche de la selección de España, con la que quiere jugar.

Para responder a unos catalanes que votan por irse, cogemos y expulsamos al primer catalán que defiende nuestro deporte, nuestra apolítica, nuestra rojita, coño. Cómo se nota que en España se lee mucho a Ortega. Y a no pocos otros clásicos. Es obvio que esta decisión de insultar y abuchear a Gerard Piqué por llorar es actitud nacional sobradamente meditada. Un movimiento social en toda regla, con fuerte aparato teórico y académico a sus espaldas. Y son el 54%. Yo creo que porcentaje suficiente para sentarnos apacibles y escuchar sus razones. Siempre con tu primo más hormonado y más macarra vigilando desde la habitación de al lado. Porsiaca, chulo. País, que diría Forges. Son muy brutos pero no son tan fuertes. Tienen miedo a las lágrimas.