El cobarde Puigdemont

-Como las gentes estáis medio tontas, he venido yo para arreglar el asunto catalán. El conflicto territorial, si lo queréis llamar así. Aunque a mí lo del conflicto territorial siempre me ha sonado a discrepancias entre un arado y un terrón. Me diréis los fronteróbofos, que sois lo contrario a los xenófobos, que es un conflicto identitario. Y los ombliguistas proclamaréis que es una disputa entre dos cordones umbilico-culturales alejados por la madre mitología, como Cástor y Pólux, por poner un ejemplo que conocen todos los niños y adultos españoles gracias a nuestra afamada educación pública y católica. Ya nadie estudia filosofía ni mitología ni historia de España (contemporánea) ni nada, solo contabilidad, pero todos los niños españoles y europeos tienen un karaoke para gritar en las comidas familiares el Despacito. Ya lo he oído en español, en gallego, en francés, en alemán y en andorrano, que ahora recuerde. Hay gente con infinita capacidad para decir tonterías en multitud de idomas, y le regalan estas cosas a sus niños. Como hay gente que piensa que peripatético significa ser muy patético. Y, coño, me voy a poner serio: es una cuestión de educación.

Si algo me está enseñando esta rebelión catalana, es que se puede tomar la Bastilla muy educadamente. Y en varios idiomas, como no deja de demostrarnos el denostado Puigdemont, que no da también las ruedas de prensa en esperanto porque se le acaba el prime-time.

A Puigdemont le anda llamando cobarde hasta Antonio García Ferreras por irse a Bruselas. A mí me parece bien que Puigdemont se vaya hacia el fresquito belga, con tanto cambio climático. ¿No vivimos en una muy unida y solidaria Europa? ¿Qué más da ser prófugo europeo aquí o acullá? Además, no he conocido a nadie que se quede dentro de su casa cuando hay que acometer una interminable reforma. Te tiran los techos, te derrumban los muros, te rompen los cristales y hasta te aplican el artículo 155. Que es un artículo constitucional que no existe, que no está redactado, que permite todo. Te dan el número de artículo constitucional como un vale de supermercado, y el resto te lo puedes inventar tú solo. Sin consultarlo con otros juristas que no sean los tuyos. Y olvidando que en las elecciones catalanas legales –no las del 1-O, las otras– ganó un programa electoral que prometía una declaración de independencia. ¿Por qué una propuesta electoral es legal y su aplicación no? A veces me pregunto democracias que en mi país solo sabe responder la policía. Soy un poco raro. O quizá cobarde. Como Puigdemont.

Dice la unanimidad mediática que Puigdemont es un cobarde por refugiarse en Bruselas. Si te persigue un perro dentellado en un camino, te escapas. No creo que eso signifique que seas un perrófobo.

Una parte del gobierno legítimo de la Generalitat se ha quedado en Catalunya para entrar en la cárcel y el otro medio gobierno se ha ido fuera. Es una táctica perfecta. No cobardía. Si los meten a todos en la cárcel, como a los titiriteros, solo tendrán la voz de estos pequeños vates que desde los pequeños periódicos decimos que esta gente que nos gobierna son unos fascistas ladrones… Perdón. 155. Retiro lo de fascistas, pero lo de ladrones está judicializado perfectamente. A veces me da miedo llamar a esta gente por lo que es. No por miedo a represalias. Sino, porque aun considerándome pedantemente un gran escritor, no encontraré nunca la forma de adjetivarlos. No sé escribir en gore.

Por cierto: soy antindependentista. Muy antindependentista. Mucho antindependentista. Tenemos un Govern irracional en el exilio y un Gobierno irracional en su castillo. Por suerte gozamos de las autoridades europeas, que cuando dejen de reflotar cadáveres negros de las aguas del Mediterráneo seguramente tendrán tiempo para arreglar todo esto de los mierdas de catalufos, españotoros y tal. Me quedo absolutamente tranquilo. No floto mirando con mis ojos abiertos un cielo que no veo, como los muertos del mar.